Existen diferentes patologías que afectan al movimiento de las personas, pero una de las más intensas es la adinamia.

Vamos a adentrarnos en todo lo relacionado con este trastorno para entender mejor cómo se desarrolla, cuáles son sus repercusiones y si existe algún tratamiento con el que los afectados puedan experimentar una mejoría.

¿Qué es la adinamia?

La adinamia es una sintomatología que puede sufrir el ser humano por la cual los músculos del cuerpo pierden prácticamente la totalidad de su fuerza, lo que provoca que la persona que la padece tenga muchas dificultades para realizar cualquier tipo de movimiento, e incluso sea incapaz de llegar a efectuarlos.

Esto incluye, por supuesto, la propia acción de ponerse de pie y caminar, por lo que el sujeto en cuestión pasará la mayor parte del tiempo sentado o tumbado, pues carece de la energía necesaria para adoptar otra postura que implique una bipedestación, es decir, de apoyarse sobre sus propias piernas.

Por lo tanto, la condición de la adinamia se presenta como síntoma en un gran conjunto de alteraciones cuyo origen puede provenir de un trastorno tanto físico como psicológico. Más adelante profundizaremos en algunas de ellas y veremos qué diferencias se presentan entre los diferentes tipos.

Lo importante, y que debemos tener en cuenta, es que la adinamia se puede presentar de múltiples formas, dependiendo de la patología que esconda detrás y de las características del individuo. Por lo tanto será vital que el profesional sanitario haga una correcta evaluación para emitir un diagnóstico apropiado, que permita aplicar un tratamiento adecuado cuanto antes y así lograr que los síntomas remitan en el menor tiempo posible.

Tipos de debilidad

El síntoma básico de la adinamia es la debilidad muscular, que es la que le está impididiendo al sujeto el realizar los movimientos de su cuerpo. La cuestión es que esta debilidad puede ser verdadera o percibida, según la causa que la esté provocando.

En ese sentido, la debilidad verdadera de la musculatura sería aquella en la que existe una causa orgánica que afecta directamente a los propios músculos, como puede ser una lesión o un defecto de las fibras, por ejemplo. Este sería un caso de adinamia.

El otro tipo de debilidad sería la percibida. En este caso la dolencia no viene generada por un problema en los músculos, que aparentemente están bien a nivel fisiológico, sino que el sujeto estaría sufriendo alguna alteración de su metabolismo basal y esto haría que tuviera la sensación de no poder mover los músculos (y, efectivamente, no podría moverlos mientras durase esta situación).

Es importante aquí tener en cuenta que, aunque la terminología de una de las debilidades se denomine verdadera no quiere decir que la otra no lo sea, en el sentido de que, aunque no haya una disfunción neuromuscular, sí que le está ocurriendo algo a la persona, ya sea a nivel orgánico o a nivel psicológico. Por lo que ambas son causas reales, aunque una se denomine verdadera y la otra percibida, ya que la nomenclatura atiende a otro criterio, como ya hemos visto.

Causas

Ya hemos anticipado que la adinamia se puede presentar en una gran variedad de enfermedades, y por lo tanto, en muchas ocasiones, es un síntoma más de un grupo de ellos que son los que le ayudan al médico a identificar el origen concreto de la patología, para poder preparar un plan de acción encaminado a curar a la persona, o al menos conseguir una mejoría.

1. Lesión

Una de las causas que pueden motivar la falta de fuerza en la musculatura es una lesión o un traumatismo. Lo que ocurre es que, generalmente, este tipo de eventos ocurren en zonas muy localizadas, por lo que los problemas de movilidad se reducirían a los músculos de la zona afectada, salvo que el traumatismo haya sido muy severo y esté implicando a una gran parte del cuerpo (en un accidente, por ejemplo). Por lo tanto, esta causa de la adinamia es relativamente fácil de identificar.

2. Problema hormonal

Determinados trastornos endocrinológicos pueden desestabilizar algunas hormonas de nuestro organismo y provocar múltiples efectos, algunos de ellos compatibles con la adinamia, puesto que percibiríamos una falta de fuerza a la hora de movernos, con las consecuentes dificultades que ello implicaría. Una de las enfermedades endocrinas más comunes y que podrían generar este problema es el hipotiroidismo.

3. Enfermedad autoinmune

Las enfermedades autoinmunes son otra de las principales causas de la adinamia, y es que muchas de estas patologías, entre sus síntomas, incluyen alteraciones en nuestra capacidad para utilizar los músculos, ya sea por inflamaciones, dolores u otras causas. Ejemplos muy claros de este tipo de enfermedades serían la celiaquía o el lupus, entre otras.

4. Cáncer

El cáncer es una enfermedad que abarca tantos supuestos y formas de atacar al organismo, que no es de extrañar que algunas de ellas afecten a la movilidad del sujeto por un agotamiento de los músculos, así que estaríamos ante otra posibilidad más de generar una adinamia en el sujeto.

5. Infección

Algunos tipos de infección en el organismo que tengan un efecto a nivel muscular también podrían provocar una alteración en la capacidad de moverse en la persona que la padece, así que podría concluirse que la adinamia está formando parte de la sintomatología de la enfermedad en cuestión.

6. Trastornos psicológicos

Aunque todos los casos que hemos visto hasta ahora se corresponden con enfermedades orgánicas, ya habíamos indicado anteriormente que estas no son las únicas posibilidades para padecer de adinamia, y es que la causa puede perfectamente no tener una base física, sino psicológica, y no por ello afectar menos al individuo, por lo que es importante siempre considerar también esta vía, pues la persona sufre igualmente los efectos de esta dolencia.

Trastornos psicológicos tan frecuentes en la población como puede ser la depresión, pueden incluir formas de adinamia en su sintomatología, puesto que muchos pacientes refieren sentirse incapaces de moverse, por una debilidad extrema (en este caso, sería de tipo percibida, al no existir una lesión específica de la musculatura que afecte a su capacidad de contracción).

No es la única, pues en trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia, también podría generarse una debilidad muscular en la persona afectada de dicha patología compatible con el diagnóstico de adinamia.

Volviendo a la cuestión de la problemática del diagnóstico, conviene resaltar que el profesional ha de valorar siempre todas las posibilidades, pues se han referido casos de personas con historial de problemas psicológicos (trastorno esquizoafectivo, en el caso concreto que nos ocupa) que, manifestando síntomas de adinamia, fueron remitidos a la unidad de salud mental, para más tarde descubrir que en realidad estaba sufriendo una anemia severa, además de problemas nutricionales y falta de vitaminas.

Este caso demuestra que, aunque a veces pueda haber un diagnóstico claro en un primer momento, conviene ser siempre cautos y no cerrar ninguna puerta, pues puede haber elementos que en el primer vistazo se nos hayan escapado y en realidad sean los auténticos causantes del mal que investigamos (la adinamia, en este caso). Para evitar estos problemas existen unos protocolos que los profesionales siguen al pie de la letra, para descartar cada alternativa sin obviar ninguna de ellas.

Adinamia episódica de Gamstorp

Hemos repasado las posibles enfermedades y trastornos que pueden conllevar la aparición de la adinamia, pero hemos dejado para el final un tipo de patología muy concreta, la llamada adinamia episódica de Gamstorp. Esta enfermedad también se conoce con el nombre de parálisis periódica hipercaliémica.

Es una enfermedad rara, provocada por mutaciones en determinados genes del individuo (concretamente en el cromosoma 17), cuya alteración provoca dificultades para la comunicación neuronal a través de los canales de sodio, y se relaciona con una alto nivel de potasio en el organismo del sujeto.

El motivo de haber dejado esta patología para el final es que, en este caso, la adinamia, y además en una forma muy extrema, conformaría prácticamente la totalidad de los síntomas de esta dolencia. Los pacientes que la padecen indican que sufren de una constante debilidad en sus músculos, llegando a la parálisis, y que esta puede aparecer por diversas causas, ya sea por cambios en la temperatura, por esfuerzos importantes, por experimentar momentos de estrés elevado o incluso al utilizar determinados medicamentos.

Según los estudios, las parálisis que sufren durante este tipo de adinamia se concentran en lapsos que van desde una hasta dos horas, y suelen ser más frecuentes a primera hora de la mañana o bien tras haber descansado después de haber realizado una actividad física.

La parte positiva es que la adinamia episódica de Gamstorp mejora a medida que aumenta la edad del paciente. También se puede contribuir a la mejoría a través de la dieta, reduciendo la ingesta de hidratos de carbono y de aquellos elementos que contengan demasiado potasio, como son los plátanos. Igualmente, se recomienda hacer ejercicios físicos moderados, que mantengan un buen estado de forma sin llegar a provocar las parálisis musculares.

Referencias bibliográficas:

  • Narberhaus, B., Cormand, B., Cuenca-León, E., Ribasés, M., Monells, J. (2008). Parálisis periódica hipercaliémica: presentación de una familia española con la mutación p. Thr704Met en el gen SCN4A. Neurología.
  • Rodríguez, G.M., Rosselli, D.A. (2017). Astenia y adinamia en un paciente con trastorno esquizoafectivo: no todo está en la mente. Universitas Médica.