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El coste psicológico de no practicar la Asertividad

Así es como te afecta negativamente el pasar por alto la importancia de la comunicación asertiva.

El coste psicológico de no practicar la Asertividad
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¿Cuántas veces has salido de una conversación sintiéndote un poco menos tú? Eso pasa, entre otras cosas, cuando no dices lo que realmente piensas o necesitas manteniendo un sano equilibrio entre tu derecho a expresarte y el respeto por los demás. Es decir, cuando no practicas la asertividad.

Lo cierto es que la asertividad tiene fama de ser una habilidad social que aporta beneficios a la vida social, como si fuese un "extra" opcional. Pero lo que pocas veces se explica bien es lo que ocurre psicológicamente cuando no se practica.

¿Qué es la asertividad y por qué es tan importante practicarla?

La asertividad es la capacidad de expresar opiniones, emociones, necesidades y límites de manera clara, respetuosa y honesta. Implica comunicar lo que piensas sin imponerlo a los demás, pero también sin dejar tus propios intereses en segundo plano.

Esta habilidad ocupa un punto de equilibrio entre dos extremos que suelen generar problemas: la pasividad y la agresividad. Mientras una actitud pasiva lleva a callar lo que se necesita, una actitud agresiva puede dañar las relaciones al intentar imponer criterios personales.

Practicar la asertividad favorece una comunicación más sana, fortalece la autoestima y ayuda a tomar decisiones más alineadas con los propios valores. Además, distintas investigaciones han observado que el desarrollo de estas habilidades puede asociarse con una reducción del estrés, la ansiedad y otros indicadores de malestar emocional.

El problema es que muchas personas nunca reciben ninguna orientación sobre esto, o crecen en entornos donde expresarse directamente se percibe como conflictivo o egoísta. Entonces aprenden a callar, a ceder, a acomodarse… hasta que ese patrón se convierte simplemente en su manera de estar en el mundo. Y ahí es donde empieza el coste.

Qué le pasa a tu mente cuando dejas de decir lo que piensas

Renunciar a la asertividad de forma continua no es solo una cuestión de estilo al hablar, ya que tiene efectos bastante concretos sobre cómo te sientes contigo mismo o contigo misma y sobre cómo funcionas en el día a día. Estos son algunos de los más frecuentes.

1. La imagen que das deja de parecerse a quien eres

Cuando alguien adapta constantemente lo que dice o hace para encajar con lo que otros esperan, termina proyectando una versión de sí misma que no es del todo real. Esa distancia entre lo que se siente y lo que se muestra genera un malestar particular: la sensación de estar representando un papel que nadie pidió.

Con el tiempo, eso se traduce en enfado, en insatisfacción y en una especie de extrañeza con uno mismo que es difícil de explicar pero muy fácil de notar.

2. La autoestima se va desgastando sin que te des cuenta

Cada vez que alguien calla algo importante o cede cuando no quería hacerlo, le manda un mensaje a su propio cerebro: que sus opiniones y necesidades no merecen demasiado espacio.

Repetido muchas veces, eso va afectando la autoestima de una forma gradual pero constante, porque la persona puede empezar a dudar de su propio criterio, a depender cada vez más de que otros la validen y a sentir que no tiene mucho peso en las decisiones que le afectan.

3. La ansiedad y la tristeza encuentran más terreno

Una investigación de 2024 publicada en Journal of Education and Health encontró que entrenar la comunicación asertiva redujo de forma significativa el estrés, la ansiedad y la depresión en universitarios, con efectos estadísticos claros en todas esas variables.

Lo que eso sugiere es que cuando alguien no puede expresar lo que piensa ni decir que no cuando lo necesita, esa tensión no desaparece sino que se acumula por dentro y acaba manifestándose de alguna manera.

4. Tomar decisiones propias se vuelve cada vez más difícil

Cuando el punto de referencia habitual es lo que otros quieren o esperan, orientarse hacia adentro puede complicarse. Pero eso no significa que la persona sea indecisa por naturaleza, sino que ha aprendido a buscar la guía afuera en lugar de adentro.

Esa dependencia del entorno puede hacer que las decisiones propias, tanto en el trabajo como en la vida personal, se vuelvan más inciertas y, con frecuencia, menos satisfactorias.

5. El rencor comienza a hacerse más presente en las relaciones

Evitar los conflictos puede parecer una buena idea en el momento, ya que baja la tensión inmediatamente y todo queda en calma. Pero cuando los malentendidos no se resuelven y las necesidades propias quedan sistemáticamente en segundo plano, el resentimiento se puede ir colando.

Esto no siempre ocurre de forma consciente, sino que a veces aparece como irritabilidad sin causa clara, como distancia emocional o como una sensación vaga de que ciertas relaciones agotan sin saber bien por qué.

6. Los vínculos se desequilibran

Sin comunicación directa, las relaciones se construyen sobre suposiciones y silencios, y eso puede llegar a generar confusiones.

Quien no expresa sus límites con claridad puede terminar siendo más vulnerable a dinámicas donde no se le tiene en cuenta, ya que la otra persona no sabe lo que necesita o simplemente asume que todo está bien.

La falta de asertividad no solo afecta a quien calla, sino que distorsiona la relación entera desde adentro.

7. Sientes que tu vida la manejan otros

Uno de los efectos más agotadores de no ser asertivo o asertiva es la percepción de que las cosas pasan y uno no tiene demasiado que hacer al respecto. Esa sensación de falta de control sobre lo que ocurre, de que las decisiones importantes las toman otros de manera indirecta, aparece relacionada con cuadros de ansiedad y depresión en distintas investigaciones clínicas.

No le ocurre igual a todo el mundo ni es un efecto automático, pero es un patrón lo suficientemente frecuente como para no ignorarlo.

Esther Tomás Ruiz

Esther Tomás Ruiz

Psicóloga, coach y terapeuta de familia y parejas

Profesional verificado
València
Terapia online

Cómo empezar a comunicarte de forma más asertiva

Cambiar una forma de comunicarse que lleva años contigo no ocurre de un día para otro, ya que necesita práctica, paciencia y bastante autoconocimiento. Dicho eso, hay cosas concretas que puedes ir incorporando poco a poco sin sentir que tienes que transformarte de golpe:

  • Habla desde el "yo": En lugar de "es que tú siempre…", prueba con "yo me siento así cuando pasa esto". Eso reduce el tono acusatorio y le da a la otra persona algo a lo que responder sin ponerse inmediatamente a la defensiva.
  • Practica el "no" como respuesta completa: Un "no" no necesita tres párrafos de justificación, ya que dar demasiadas explicaciones a veces transmite más inseguridad que cualquier otra cosa. "Disculpa, ahora no puedo" suele ser suficiente.
  • Prepara lo que vas a decir antes de decirlo: Cuando sabes que se viene una conversación difícil, escribirla antes o ensayarla con alguien de confianza puede reducir la carga emocional del momento, porque llegas con más claridad y menos adrenalina.
  • Cuida el lenguaje corporal: El tono de voz, la postura y el contacto visual comunican tanto como las palabras, pues un cuerpo erguido y una mirada directa refuerzan el mensaje sin necesidad de elevar la voz ni ponerse agresivo o agresiva.
  • Empieza por lo más fácil: No hace falta lanzarse directo a las conversaciones más complicadas. Practicar en contextos más seguros, con personas de confianza o en situaciones cotidianas, ayuda a ganar seguridad antes de llevarlo a terrenos más exigentes.
  • Date un momento antes de responder: Respirar despacio o tomarse unos segundos antes de contestar evita que la reacción emocional del momento ocupe el lugar que debería tener una respuesta más pensada. Si la dificultad para comunicarse asertivamente viene con mucho miedo, ansiedad intensa o bloqueos frecuentes, trabajarlo con un profesional de salud mental puede hacer el proceso más llevadero, ya que hay cosas que solos se hacen más cuesta arriba de lo necesario.
  • ElBarazi AS, Mohamed F, Mabrok M, Adel A, Abouelkheir A, Ayman R, Mustfa M, Elmosallamy M, Yasser R, Mohamed F. Efficiency of assertiveness training on the stress, anxiety, and depression levels of college students (Randomized control trial). J Educ Health Promot. 2024 Jul 5;13:203.

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Esther Tomás Ruiz. (2026, junio 12). El coste psicológico de no practicar la Asertividad. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/social/coste-psicologico-no-practicar-asertividad

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