Algunas personas tienden a dar explicaciones de cualquier acción que realicen, por pequeña que esta sea.

Esta justificación constante puede tener una base, que trataremos de explorar en este artículo. Igualmente, conoceremos cuáles son algunas de las consecuencias de una conducta marcada por la sobre explicación del porqué de cada decisión tomada por la persona.

¿Por qué me justifico en exceso?

Todos conocemos a alguien que tiene una cierta tendencia a explicar las razones por las que ha llevado a cabo una determinada acción, aunque esta carezca realmente de importancia. Estos individuos podrían llegar a preguntarse, “por qué me justifico en exceso”, una cuestión que puede tener más profundidad de la que algunos pueden creer.

La sobrejustificación de nuestras acciones puede estar generada por diversas razones. Para empezar, existe una diferencia importante entre una conducta que, por su propia naturaleza, ya sea por lo inusual que es, por sus características o por el contexto, requiere de una explicación de la misma ante otras personas para que comprendan su porqué, y otras acciones que pueden ser rutinarias y no requieren de dicho relato adicional.

En el caso de las primeras, sería poco probable que una persona llegara a pensar, “me justifico en exceso”. Sin embargo, si el individuo tiende a explicar cada conducta que realiza del segundo grupo, sí podríamos hablar de un exceso de justificación, que es el caso al que nos estamos refiriendo en este artículo.

Ese es el tipo de situaciones donde se puede observar que una persona da más explicaciones de las necesarias para justificar su conducta, incluso cuando nadie ha preguntado explícitamente la razón por la que ha actuado de esa forma en concreto y no de otra.

Será importante, además, establecer una diferenciación entre una dinámica que encaje en el pensamiento de “me justifico demasiado” y el hecho de simplemente dar excusas a causa de un comportamiento que por algún motivo no está aceptado o supone algún tipo de conflicto y por lo tanto da pie a que el artífice trate de excusarse para evadir su responsabilidad, parcial o totalmente.

Por lo tanto, hemos separado por un lado, la acción de explicar una situación que, por la circunstancia que sea, lo requiera, y por otro, el hecho de utilizar excusas como medio de evitar ser juzgado por una conducta polémica. Son precisamente el resto de acciones, las cotidianas, que no necesitan de una explicación, las que podrían englobarse bajo la condición de “me justifico demasiado”.

Sobrejustificación

Causas de la tendencia a justificarse demasiado

Una vez hemos podido identificar claramente el tipo de comportamientos que encajan en esta categoría, vamos a tratar de conocer algunas de las causas que podrían estar explicando esta forma de actuar.

1. Falta de autoconfianza

Una de las más evidentes podría ser la falta de seguridad en uno mismo. Cuando una persona carece de la suficiente confianza en sí misma, es probable que busque la validación de los demás de forma constante, a veces incluso exagerada. Ese es el caso de algunas personas que piensan, “me justifico en exceso”. El problema de la inseguridad en uno mismo es que puede llevar aparejada una serie de emociones negativas.

Estas pueden acabar traduciéndose en una sintomatología de tipo ansioso y depresiva. La búsqueda de aprobación de las demás personas, que llevarían a cabo mediante esa justificación reiterada, estarían actuando como una válvula de escape para esas emociones. El problema es que, por otro lado, podría desarrollarse una dependencia hacia esa validación.

En otras palabras, las personas que encajan en el cuadro de “me justifico en exceso”, podrían acabar entrando en el círculo vicioso de justificarse por una baja seguridad en sí mismos y, al obtener la aprobación del resto, justificarse aún más en lo sucesivo, lo cual dificultaría la eliminación de ese proceso.

Por el contrario, lo óptimo sería que la persona hiciera un trabajo adecuado para mejorar su autoconfianza contando con la ayuda de un psicólogo experto en esta cuestión. Gracias a dicho proceso, este individuo conseguiría validar sus propias acciones sin necesidad de una aceptación externa, lo que en consecuencia reduciría el número de justificaciones que realizaría para sus acciones.

2. Evitación del conflicto

Pero existen otras causas por las que una persona podría presentar explicaciones tantas veces que llegase a pensar, “me justifico demasiado”. Otra alternativa podría ser la de tratar de evitar cualquier tipo de conflicto. Aunque de alguna manera guarda relación con la falta de autoconfianza, se diferencia lo suficiente como para entrar en una categoría diferente.

Por lo tanto, esta segunda causa sería la evitación del conflicto. Una persona que, por las razones que, ya sea por su personalidad base, por su historia de aprendizaje o por algún evento traumático, tenga una aversión a los conflictos, va a tratar de actuar todo el tiempo de manera que estos se no aparezcan o se reduzcan en todo lo posible.

Una de esas herramientas podría ser la sobrejustificación, lo que daría lugar al fenómeno de “me justifico en exceso”. De esta manera, la persona que daría explicaciones de manera exagerada o reiterada, podría estar haciéndolo con el objetivo de que quedaran claras sus pacíficas intenciones y de esa forma no dar pie a la posible génesis de una discusión, un malentendido o cualquier otro tipo de conflicto.

Como pasaba en el primer caso, esta tendencia también podría generar una serie de emociones negativas en el individuo, que viviría constantemente con el miedo a ser el artífice de un incidente con otras personas y no ser capaz de gestionarlo adecuadamente o temer cualquier otra consecuencia.

La posible solución pasaría por un aprendizaje de diferentes estrategias de afrontamiento de estas situaciones, para no tener que estar todo el tiempo pendiente de justificar cada comportamiento y así evitar molestar a los demás. Este trabajo podría llevarse a cabo de la mano de un psicólogo especialista en habilidades sociales.

El terapeuta podría enseñar a este individuo diferentes herramientas de gestión de las emociones y de las conductas, con las que podría aprender a comportarse de otra manera, sintiéndose mejor consigo misma y obteniendo unos resultados satisfactorios, que reducirían ese malestar.

3. Miedo a dar una mala imagen

Explorando una tercera alternativa que podría ser la causa, o al menos parte de ella, de la cuestión que nos ocupa, llegamos al miedo a dar una mala imagen. Como sucedía antes, en cierta manera también guarda relación con una baja seguridad en uno mismo, pero en este caso se manifiesta de una manera muy particular.

Centrándonos en esta nueva causa, encontraríamos un tipo de personas que, entre sus características, esconden un temor a no ser aceptados o proyectar una imagen negativa de ellos mismos ante los demás. Este rasgo les empuja a tratar de ser exageradamente cordiales, e incluso serviles.

Para no dar pie a ningún equívoco, tratarán de explicar cada acción que pretendan llevar a cabo, intentando que su imagen no se vea menoscabada en el proceso. Esta cuestión enlaza también con la pretensión de no generar conflictos que veíamos como segunda posible causa, y es que puede no haber una causa única, sino una combinación de varias, con preponderancia de alguna.

Sin embargo, esta actitud puede tener un efecto paradójico, causado por el fenómeno de justificarse demasiado. La intención de este tipo de individuos es la de sobre-explicarse para intentar que su imagen ante los demás se mantenga lo más positiva posible. Sin embargo, esa exageración de las explicaciones podría acabar resultando llamativa o incluso molesta para algunas personas.

Esta respuesta es la que podría causar precisamente lo que la persona más teme, que es una devaluación de la imagen que está dando a los demás. Incluso este razonamiento puede ser uno de los mecanismos que, como en los otros casos, genere emociones negativas y malestar, al aumentar el miedo que padece y no saber cómo actuar para acertar.

Al igual que sucedía en los supuestos previos, una de las formas de lograr deshacerse de ese malestar es iniciar un proceso terapéutico con un psicólogo que le pueda orientar a través de diferentes vías para que finalmente esta persona pueda enfrentarse a las situaciones que previamente le generaban ansiedad y temor de una forma segura.

Aunque estas son algunas de las causas que podrían estar tras la tendencia a sobre-justificarse, no hay que olvidar que no son las únicas, pudiendo darse otros motivos diferentes y, como hemos visto, incluso combinar varias de ellas, ya sea resaltando alguna causa por encima del resto o de manera más o menos equilibrada.

Referencias bibliográficas:

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