El miedo, el enojo, la tristeza, tal vez las experimentamos de manera negativa, pero tienen una función. Así mismo, la alegría la vivimos de manera positiva, pero también tiene sus circunstancias. Dentro de lo más elemental, todas las emociones tienen su función, y es que son adaptativas, nos permiten sobrevivir de acuerdo a los requerimientos del ambiente.
No obstante, lo que si puede ser positivo, es la valoración que le damos a la emoción. En sí mismas, las emociones son reacciones de nuestro cuerpo ante los estímulos que percibe, y éstas se pueden clasificar de acuerdo a cómo la vive cada individuo, cómo la experimenta; con agrado o desagrado.
¿Cómo se manejan las emociones “negativas”?
Cabe mencionar que existe el lado positivo de las emociones ¨negativas¨. Ante el enojo, puedes activar comportamientos asertivos por tu propio bien personal y el de los otros, decidiendo sobre los comportamientos agresivos.
Siempre y cuando el temor y la ira sean expresadas de forma organizada, constructiva e inteligente, también pueden concebirse, desde una óptica positiva. En relación al miedo, puedes usar técnicas adecuadas y sanas de afrontamiento para aprender a evitar el peligro. El miedo te informa sobre una posible vulnerabilidad, si algo te puede dañar, pero también te facilita las maneras de afrontarlo.
Podemos seguir observando con detenimiento, y descubrir con respecto a la tristeza, que cuando la confrontas, se consolida la cohesión dentro de un grupo o entre seres queridos, fortaleciendo el sentimiento de pertenencia. Mientras que el desagrado o asco, ante enfermedades o infecciones, puede forjar hábitos de higiene y limpieza para evitar esas situaciones que conllevan a la aversión.
Todas se pueden concebir desde diversas posturas. Vale destacar, que una adecuada inteligencia emocional te permitirá ir ejecutando diferentes habilidades. En primer lugar, lograr la percepción de la emoción, para experimentarla y comprenderla. Solo después, se alcanzará la aceptación y/o la regulación de la misma.
La gran ayuda de la inteligencia emocional
La Inteligencia Emocional, te facilita el reconocer tus propias emociones, así como las de los demás. Con empatía, captando lo que el otro piensa y necesita, por medio de una conexión sincera con su sentir, como si fuera propio, inclusive a pesar de que sea diferente de lo que uno pensaría o sentiría en una situación igual o similar. Lo que si debe destacar, es el deseo de alentar y ayudar.
Implica ir más allá de uno mismo, es como salir del propio yo para abrirse al otro. Esta capacidad anima tanto a sentir el sufrimiento, como también a compartir la alegría de la otra persona.
La empatía que humaniza establece una conexión profunda con la otra persona, dirigida a aliviar el desconsuelo, la angustia, o cuando se producen sentimientos dolorosos. Sin embargo, a nivel profesional, en la práctica clínica se destaca la empatía como un proceso, que te comparto.
Cuando la empatía se dirige a que el paciente acepte sus emociones, se refiere a la Acomodación. Si se dirige a que perciba que estamos de su lado y procuramos su mejor bien, representa Apoyo
Al buscar que no deje de confiar en nosotros y continúe percibiéndonos como agentes de salud para su bienestar, describe Conexión. Por otra parte, si la empatía se dirige a recalcar una conducta o emoción, buscando que el paciente se sienta capaz de expresarla con toda su intensidad, es Catártica.
Ante un paciente que no espera nuestra conducta empática, se produce un cambio importante en la relación al recibirla, destaca como empatía de Cambio. También podría exteriorizar nuestra empatía demostramos que no sentimos ningún tipo de resentimiento por acusaciones que nos haya hecho, de manera Exculpatoria.
Para todo ello, es fundamental un comportamiento asertivo, donde se exprese lo que se cree, se siente y se desea, de una forma directa y honesta, haciendo valer los propios derechos y respetando los derechos de los demás. Lejos de la agresividad pasiva o un juicio moral.
Lo práctico viene cuando puedes reconocer que tener la razón no resulta lo más importante, porque quien tienes frente a frente, es una persona que siente y necesita comprensión. Y cierto es, que existen juicios objetivos, pero cuando la óptica esta enmarcada en “me gusta, me agrada, estoy de acuerdo, me parece correcto” o, sencillamente “lo contrario”, evidentemente es un juicio subjetivo. Tomar conciencia, te permite aclararte a ti mismo, para reconocer lo que sientes o intuir lo que experimenta el otro, y no criticarlo, ni autocriticarte.
Conclusiones
Puedes aplicar estrategias de manera reflexiva, esforzándote en reconocer qué hiciste en una situación determinada, y que sentiste. Además, pensar el problema en dos perspectivas: la situación negativa o pesimista. Y luego reconstruir la realidad desde una óptica positiva, optimista y hacer comentarios de mejora para salir hacia adelante. El dicho popular, también está vigente… Respira y cuenta.
Pero ten presente que la empatía, es una participación afectiva, comúnmente emotiva, hacia la realidad del otro. Solo así, a través de ese proceso empático, puede alcanzarse una vínculo más profundo, anímico y afectivo, es cuando logras esa verdadera comunicación con conexión. Escucha, observa tus reacciones, pero no juzgues, no condenes, ni apruebes; sólo acompaña, comprende y se compasivo.


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