El nombre de Charles Darwin no es únicamente conocido, sino que forma parte de la cultura popular. Su visión acerca de cómo han ido cambiando las especies a lo largo de su historia natural supusieron una auténtica revolución científica, a la altura de la copernicana.

Nacido y criado en Inglaterra, Darwin, ya fuera en su más tierna infancia o en sus años universitarios, nunca hubiera llegado a pensar que, pese haber cursado estudios eclesiásticos, conseguiría hacerse enemigo de fervientes creyentes.

La vida del naturalista inglés es larga e interesante. Embarquémonos, cómo él hizo a bordo del Beagle, en este viaje sobre su historia personal a través de una biografía de Charles Darwin con los principales hitos de su trayectoria.

Breve biografía de Charles Darwin

La larga vida de Charles Darwin, miembro de una influyente familia de médicos y primo del ideador de la eugenesia, Francis Galton, es rica en eventos fascinantes, los cuales le llevaron a postular sobre la selección natural y el origen de las especies.

A fin de cuentas, la vida de Charles Darwin es una de las más interesantes en la Historia de la ciencia. Se trata de un hombre con profundas religiosas que viajó por buena parte del planeta para documentar nuevas especies y terminó realizando descubrimiento que darían paso a la Biología tal y como la conocemos, y asestando un duro golpe contra varios de los dogmas sostenidos en ese momento por el cristianismo. Veamos su biografía.

Primeros años

Charles Robert Darwin nació en Sherewsbury, Inglaterra, el 12 de febrero de 1809. La medicina y las ciencias naturales venían de familia, dado que su padre, Robert Waring Darwin, y su abuelo paterno, Erasmus Darwin, eran célebres por desempeñarse eficientemente en esa profesión.

Ya desde su infancia Charles Darwin dio muestras de su gusto por la historia natural, que demostró mediante su gran afición a coleccionar cosas como conchas y minerales. Era visible su alma de naturalista sistemático.

En 1825 Darwin ingresó en la universidad de Edimburgo en donde, por presión paterna, iniciaría sus estudios en medicina, para así continuar con el linaje familiar de destacados médicos, no obstante, Darwin ya mostraba señales de que eso no iba con él.

Del fonendo a la Biblia

No únicamente era evidente su falta de interés por la medicina, sino también su falta de vocación. Cuando el joven Charles tenía que ver una operación quirúrgica, no podía soportarlas. Eran un acontecimiento verdaderamente traumático para él. Es por ello que Darwin, en aquella época, se empezó a convencer de que podría vivir de la herencia de su padre, que podría tener un cómoda vida sin necesidad de ejercer la profesión de la medicina.

Obviamente, esto chocaba con los planes de su padre Robert, quien no iba a permitir que su hijo se convirtiera en un vividor. Por este motivo, y tras haber pasado dos cursos de medicina, propuso a su hijo que cursara estudios eclesiásticos.

Así pues, Charles Darwin inició sus estudios eclesiásticos en el Christ’s College de Cambridge en 1828. Aunque pueda parecer irónico, Darwin empezó con gusto su nueva carrera, pese a que varios años después sus hallazgos sobre cómo cambian los seres vivos supusiera un auténtico escándalo e incluso una muestra de herejía.

Pese a que el formarse como clérigo rural le llamaba un poco más la atención que el ser médico, su interés por el estudio era más bien escaso. Darwin prefería dedicarse a la caza y a montar a caballo y, con el paso del tiempo, desarrolló afición por la pintura y la música.

Pero, aunque poco interesado en los estudios que se vio obligado a cursar, Darwin no desaprovechó la oportunidad de asistir, de forma voluntaria, a las clases de botánica del reverendo John Henslow, hecho que supuso una auténtica oportunidad científica para el joven Charles. Henslow se volvería una figura de suma importancia en la vida de Darwin.

Al finalizar sus estudios en el Christ’s College en 1831, por recomendación de Henslow, Darwin profundizó en geología. En esa época conocería a Adam Sedgwick, fundador del sistema cambriano. Darwin acompañaría a Sedgwick para llevar a cabo una expedición al norte de Gales.

Pero no únicamente Henslow ayudó a Darwin a tomar rumbo a la expedición en Gales. Sería este reverendo quien le proporcionaría la oportunidad de embarcarse como naturalista a bordo del Beagle, junto con el capitán Robert Fitzroy.

El padre de Darwin se negó en rotundo a permitir que su hijo diera la vuelta al mundo. Consideraba que la idea era muy descabellada, y que solo lo permitiría si alguien con sentido común estuviera de acuerdo con que se embaracara en el navío. Ese alguien fue el tío de Darwin, Josiah Wedgwood, quien, con el paso de los años, se convertiría en su suegro.

Viaje en el Beagle

El 27 de diciembre de 1831 sería la fecha clave que marcaría el inicio de la vida científica de Darwin. Fue ese día en el que el Beagle zarpó del puerto de Davenport con el joven Charles a bordo.

Un dato curioso de todo esto es que Darwin estuvo muy cerca de no poder viajar en él, no porque no lo deseara, sino porque el capitán Fitzroy, quien era partidario de teorías fisiognómicas postuladas por el sacerdote suizo Johann Caspar Lavater, estimó que la nariz de Darwin no revelaba la energía ni determinación para abordar semejante viaje.

El objetivo del viaje, más allá de los deseos de Darwin por conocer todo tipo de especies exóticas, era el de completar un estudio topográfico de los territorios de la Patagonia y la Tierra del Fuego, además de trazar las costas de Chile, Perú e islas del Pacífico. El viaje duró casi cinco años y llevaron a Darwin a ver las costas de América del Sur, las Islas Galápagos, Tahití, Oceanía y Sudáfrica.

El estudio de la geología era el factor más importante por el cual Darwin se había embarcado en semejante hazaña, aunque también le gustó coleccionar algunas aves y otros animales a los que cazaba estando en islas del Nuevo Mundo.

Estando de viaje Darwin sería autor de varios logros científicos, entre ellos el de una teoría sobre la formación de los arrecifes de coral, además de estructurar geológicamente algunas islas, como la de Santa Elena.

Fue también durante este viaje en el que Darwin vería, estando en las Islas Galápagos, que su flora y fauna se asemejaba a la de América del Sur, pero, a su vez, los ejemplares de lo que parecía una misma especie cambiaban de isla en isla.

Esto llevó a Darwin a pensar que la tradicional teoría de que las especies no cambiaban, que eran estables e inmodificables, era algo que se podía criticar. Quedaba claro que lo que había visto eran animales relacionados pero que, por factores ambientales, habían cambiado para poder seguir viviendo en un entorno concreto.

Vuelta a Inglaterra

Charles Darwin volvería a su natal Inglaterra el 2 de octubre de 1836. El viaje, para bien o para mal, le había marcado. Su conocimiento sobre la naturaleza se había incrementado, pero también era sufridor de problemas de salud, probablemente causados por culpa de la picadura de un mosquito tropical, síntomas de la enfermedad de Chagas.

Sin embargo, pese a sus frecuentes indisposiciones a causa de su delicada salud, desde su llegada hasta 1839 Darwin fue muy activo. Trabajó en la redacción de su diario de viaje, el cual sería publicado en 1839, y elaboraría otros dos textos en los que expondría sus observaciones en geología y zoología.

Se instaló en Londres en 1837 y allí actuaría como secretario honorario de la Geological Society, tomando contacto con Charles Lyell, autor de un libro sobre geología que le había sido de gran utilidad mientras estaba a bordo del Beagle, “Principios de Geología”.

Estando en la capital británica empezaría a reflexionar sobre cómo las especies van cambiando, cómo “transmutan”. En base a lo visto en las Galápagos quedaba claro que, en algún momento de la historia natural, animales como los pinzones, por influencia ambiental y adaptación al entorno, habían cambiado su anatomía. La pregunta era cómo.

Esto lo supo relacionar con la cría doméstica. Desde tiempos inmemoriales los agricultores habían ido seleccionando las variedades de plantas más útiles, cruzándolas entre ellas para garantizar que la siguiente generación les diera el máximo beneficio. Esta selección artificial era extrapolable a la naturaleza, y daría paso al concepto de selección natural.

Mientras que en la selección artificial se seguía un criterio humano, mayormente basado en cuán beneficioso es un cruce u otro, la selección natural, según Darwin, implicaría que aquellos individuos mejor adaptados al medio, entendidos como “más fuertes”, llegarían a sobrevivir y a reproducirse, mientras que los más desfavorecidos irían pereciendo antes de tener progenie.

En base a este mecanismo, una especie podría verse radicalmente cambiada, haciendo que los individuos mejor adaptados se cruzaran entre ellos mientras que los que simplemente no habían tenido tanta buena suerte no llegaran a contribuir con una nueva generación.

Pese a que esta idea era realmente brillante, el propio Darwin era consciente de que el simple hecho de poner en duda que las especies que habitaban la faz de la tierra habían sido creadas todas ellas de forma independiente, y que nunca habían cambiado, era algo que en el Reino Unido de su época sería visto como un acto herético.

Es por ello que optó por no escribir sobre el tema durante un tiempo, aunque, finalmente, en 1842 se atrevería a constar sus reflexiones en un resumen y, posteriormente, lo expandiría con un documento de cerca de 230 páginas, escrito en 1844.

Pese a que su vida científica estaba siendo más que destacable, no únicamente destacaron los logros profesionales en esta época. El 29 de enero de 1839 contrajo matrimonio con su prima Emma Wedgwood. Tras casarse, siguió residiendo en Londres hasta finales de 1842, trasladándose a Down, en el condado de Kent, intentando tener una vida más tranquila y apropiada para su delicado estado de salud.

El 27 de diciembre de 1839 había nacido el primer hijo de Darwin y el naturalista inglés no permitió perder la oportunidad de experimentar con su propio retoño. Inició una serie de observaciones sobre la expresión de las emociones en seres humanos y animales.

A parte de este primer hijo, el matrimonio Darwin-Wedgwood tuvo nueve hijos más, seis varones y cuatro mujeres en total. En Down completó la redacción de trabajos en los que abordaba la geología, pero también redactó una nueva edición de su diario de viaje.

La teoría de la evolución. Popularidad y oposición

En 1856, Charles Lyell aconsejó a Darwin que trabajara íntegramente en el desarrollo de sus ideas acerca de la evolución de las especies. Este trabajo, que estaba seguro le iba a dar mayor fama y popularidad, pareció tener un fin inesperado al recibir un manuscrito en 1858 en el que un tal Alfred Russel Wallace, quien había viajado a las Islas Molucas, decía compartir sus mismos puntos de vista.

Darwin se sentía ampliamente identificado en la figura de Wallace, especialmente cuando éste le indicaba cómo había llegado a la conclusión de que las especies cambiaban mediante supervivencia y respondiendo satisfactoriamente a las demandas del entorno.

Pese a que ambos compartían, en esencia, la misma teoría, Darwin no sabía cómo proceder en cuanto a la publicación de su obra, preocupación que compartió con Lyell. Darwin, pese a ser el primero en concebir la idea, no quería parecer un usurpador de los derechos de Wallace.

El incidente se solucionó, de forma amistosa, gracias a la intervención de Lyell y del botánico Joseph Dalton Hooker. Darwin siguió el consejo de ambos, y resumió su manuscrito, presentado el 1 de julio de 1858 en la Linnean Society, junto con el trabajo de Wallace.

El origen de las especies y últimos años

Tras el incidente, Darwin vio necesario el dejarse de vacilaciones y publicar lo antes posibles sus reflexiones, sin necesidad de hacer resúmenes para acortar sus apuntes.

Es por este motivo que se decidió, por fin, a enviar lo antes posible a la imprenta el texto por el cual sería ampliamente conocido y criticado: Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida.

El libro, que pasaría a llamarse El origen de las especies, fue un auténtico éxito de ventas el día que fue publicado, el 24 de noviembre de 1859. Se agotaron los primeros 1.250 ejemplares en apenas unas horas. No es de extrañar: presentaba una explicación más o menos cerrada a la existencia de la variedad de formas de vida que habitan el planeta.

El libro fue controverso debido a sus implicaciones teológicas, dado que la idea de la selección natural implicaba procesos que, hasta entonces, estaban reservados a la idea del Dios creador. Es por ello que la oposición no se hizo esperar.

Figuras religiosas, como el obispo Samuel Wilberforce, se mostraban muy duras y críticas ante las tesis evolucionistas, que lejos de amedrentar a Darwin hicieron que sus partidarios le dieran amplio respaldo y seguridad, entre ellos el zoólogo Thomas Henry Huxley, conocido como “el bulldog de Darwin”.

Pese a que las críticas iban directamente dirigidas hacia él, Darwin optó por mantenerse apartado de la intervención directa. Sin embargo, en 1871, al publicar El origen del hombre y la selección en relación al sexo se ganó todavía más críticos. En esta obra expuso sus argumentos de que el ser humano había aparecido sobre la Tierra por medios exclusivamente naturales.

En 1872 publicaría La expresión de las emociones en el hombre y en los animales, un libro en el que, gracias a su investigación con su primogénito, le sirvió para hacer un estudio moderno del comportamiento humano y comparándolo con otras especies.

Durante sus últimos diez años de vida, Darwin dejó de lado las controversias con respecto al origen de las especies y prefirió dedicarse al mundo de la botánica, una afición más tranquila que los airados debates acerca de si el ser humano desciende del mono o no.

A finales de 1881 empezó a padecer graves problemas de corazón, primeros síntomas de una enfermedad cardíaca que lo llevarían a su muerte el 19 de abril de 1882.

El legado intelectual de este naturalista inglés

Es cierto que a pesar de que el primer libro con el que Darwin daría a conocer su teoría se llamaba El Origen de las Especies y que a su vez esta obra dejaba abiertos muchos interrogantes. Sin embargo, las observaciones y explicaciones de este investigador aportaron los fundamentos sobre los que otros científicos construirían la Biología tal y como la entendemos ahora.

Actualmente sabemos que la evolución de las especies a través de mecanismos como la selección natural es una realidad, e incluso ha sido comprobada a partir de experimentos. También se han observado casos de evolución en cuestión de pocas décadas, lo que se conoce como evolución rápida, y que se da incluso en algunos vertebrados de ciclo vital corto. Gracias a estas ideas, una vez combinadas con los descubrimientos en genética, se han desarrollado muchas soluciones técnicas y tecnológicas en Medicina Biología y muchas otras disciplinas afines.

Referencias bibliográficas:

  • Darwin, C., Duthie, J. F., & Hopkins, W. (1859). On the origin of species by means of natural selection: Or, The preservation of favoured races in the struggle for life. London: John Murray, Albemarle Street.
  • Darwin, C. y Wallace, A. R. (1858), On the Tendency of Species to form Varieties; and on the Perpetuation of Varieties and Species by Natural Means of Selection, Zoology 3, Journal of the Proceedings of the Linnean Society of London, pp. 46 - 50.
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