La ansiedad rara vez surge de la nada. Suele instalarse con lógica propia, sostenida por experiencias tempranas que enseñaron qué esperar de los demás y qué lugar ocupar en los vínculos.
Algunas personas crecieron aprendiendo que el afecto podía retirarse, que la cercanía era inestable o que depender de alguien traía consecuencias.
Esos aprendizajes no siempre se recuerdan de forma consciente, pero sí se repiten en la adultez, sobre todo en relaciones importantes. El apego inseguro ofrece un marco para entender por qué ciertas situaciones activan miedo, tensión o necesidad de control incluso cuando no hay peligro real.
Apego inseguro: qué es y cómo se construye
El apego describe la manera en que las personas aprenden a vincularse emocionalmente desde los primeros años de vida. A partir de la relación con figuras cuidadoras se forman expectativas sobre la disponibilidad del otro, el valor propio y la seguridad del vínculo. Cuando esas respuestas fueron más bien consistentes, suele desarrollarse un apego seguro. Cuando no lo fueron, aparece el apego inseguro.
Este tipo de apego no surge por un evento aislado, sino por patrones repetidos. Cuidadores emocionalmente imprevisibles, distantes o sobrepasados pueden transmitir mensajes confusos: a veces hay cercanía, otras no; a veces hay apoyo, otras crítica o ausencia.
Debido a esto, la persona aprende a adaptarse, ya sea intensificando la búsqueda de afecto o reduciendo la expresión emocional para no depender.
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Formas frecuentes de apego inseguro
Suelen describirse dos grandes estilos:
- Apego ansioso, donde predomina el miedo al rechazo y una imagen personal frágil. La atención se centra en señales externas de aceptación.
- Apego evitativo, caracterizado por desconfianza hacia la cercanía y una tendencia a minimizar las propias necesidades afectivas.
Ambos estilos pueden coexistir o alternarse según la relación y el momento vital.
Cómo se expresa el apego inseguro en la vida adulta
En la adultez, el apego inseguro suele mostrarse más en patrones cotidianos que en grandes conflictos visibles. Aparece en la forma de relacionarse, de trabajar y de manejar el malestar emocional, a través de reacciones que tienden a repetirse:
- Dificultad para pedir ayuda, porque apoyarse en otras personas genera incomodidad o miedo a depender.
- Hipervigilancia ante la opinión ajena, con atención constante a gestos, silencios o cambios de actitud.
- Relaciones ambivalentes, donde se busca cercanía pero también se duda de ella o se evita cuando se vuelve real.
- Incomodidad con la intimidad emocional, que lleva a mostrarse reservado o a minimizar lo que se siente.
- Sensación frecuente de falta de control, debido a la percepción de que lo externo es impredecible.
- Autoexigencia elevada, sobre todo en contextos laborales o académicos, como forma de asegurar validación.
- Dificultad para regular emociones intensas, con activación rápida y retorno lento a la calma.
¿Existe relación entre el apego inseguro y la ansiedad?
La psicología lleva años estudiando el vínculo entre apego y ansiedad, y los datos son claros: existe una relación consistente, aunque con matices. Investigaciones recientes muestran que el apego inseguro aumenta la vulnerabilidad a distintos tipos de ansiedad, incluida la ansiedad social.
Un meta-análisis amplio publicado en Journal of Social and Personal Relationship en 2025, encontró que, en la mayoría de los estudios revisados, las personas con apego inseguro presentan niveles más altos de ansiedad social.
Esta relación se explica por dos dimensiones centrales: el temor al abandono y la evitación de la intimidad. Ambas influyen en cómo se interpretan las situaciones sociales, porque aumentan la sensibilidad a la evaluación y al rechazo.
Otro estudio, publicado en Schizophrenia Research en 2022, indicó que el apego no actúa de forma directa todo el tiempo. En muchos casos lo hace a través de mediadores psicológicos. Uno de ellos es la evitación experiencial, es decir, la dificultad para tolerar pensamientos o emociones incómodas. En el apego ansioso, intentar suprimir el miedo o la inseguridad suele intensificar la ansiedad en lugar de reducirla.
También aparece la percepción de bajo control del entorno. Cuando alguien siente que haga lo que haga no logra influir en lo que ocurre, la ansiedad puede empezar a aflorar. Esto conecta con la idea de indefensión aprendida, donde la experiencia repetida de falta de respuesta genera pasividad y tensión constante.
Incluso en contextos extremos, como han mostrado estudios realizados en pacientes con enfermedades graves, el apego inseguro predice niveles más altos de ansiedad. Esto refuerza la idea de que no se trata solamente de circunstancias actuales, sino de la estructura vincular con la que cada persona enfrenta el malestar.
Qué ayuda a construir más seguridad y a manejar la ansiedad
Trabajar el apego y la ansiedad requiere tiempo y cuidado, pues estos patrones se aprendieron para adaptarse y merecen comprensión. A partir de ahí, se puede empezar a hacer ajustes. Por ejemplo:
1. Reconocer el propio patrón de apego
Identificar tendencias ansiosas o evitativas permite anticipar reacciones. No para etiquetarse, sino para entender por qué ciertas situaciones activan ansiedad más rápido que otras.
2. Ampliar la tolerancia emocional
La ansiedad se intensifica cuando hay lucha constante contra lo que se siente. Aprender a quedarse un poco más con emociones incómodas, sin resolverlas de inmediato, reduce la evitación experiencial.
3. Revisar la relación con el control
Muchas personas con apego inseguro viven pendientes de manejar cada variable. Observar qué sí está bajo control y qué no ayuda a soltar exigencias irreales que sostienen la ansiedad.
4. Practicar vínculos con mayor claridad
Pedir, decir y poner límites de forma directa reduce interpretaciones mentales que suelen disparar miedo. La claridad relacional ofrece más seguridad que la suposición constante.
5. Fortalecer la autoaceptación cotidiana
La investigación muestra que una baja autoaceptación conecta apego inseguro y ansiedad. Trabajar una mirada menos dura hacia la propia historia y reacciones ayuda a disminuir la autocrítica automática.
6. Apoyarse en procesos terapéuticos
Un espacio terapéutico permite revisar experiencias tempranas y actuales desde una relación distinta, donde la consistencia y la validación ayudan a reorganizar el apego.
7. Respetar el ritmo personal
Cambiar patrones vinculares genera ansiedad al principio, porque lo nuevo no resulta familiar. Avanzar paso a paso, con pausas, suele ser más efectivo que forzarse a cambios rápidos.
Definitivamente, comprender cómo el apego inseguro se conecta con la ansiedad permite mirar con más perspectiva reacciones que antes parecían automáticas y que se repetían una y otra vez. Esa lectura abre espacio para vínculos más conscientes y una relación distinta con el propio malestar.

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