Un repaso a las características de esta alteración psicológica.

Los impulsos se definen por la necesidad o urgencia de realizar una conducta determinada, utilizando la emoción y dejando de lado la razón.

Cuando la persona experimenta esta sensación, se pone en marcha nuestra habilidad de auto-control para decidir qué hacer y en qué medida nos dejamos llevar por este impulso.

Sin embargo, existe una parte de la población a la que le resulta muy difícil gestionar los impulsos y realizan la acción, independientemente de las posibles consecuencias de la misma. En estos casos, se presenta el conocido Trastorno del Control de Impulsos. Veamos cómo se trata en terapia.

¿Qué es un Trastorno del Control de Impulsos?

El Trastorno del Control de Impulsos se caracteriza por la imposibilidad o gran dificultad para resistirse a realizar una acción, incluso cuando la conducta resulta perjudicial para la persona o su entorno.

Según señala Ana Claudia Alda, psicóloga del gabinete Psicólogos Málaga PsicoAbreu, durante el impulso, la persona experimenta un estado de tensión y activación que se alivia con la realización de la conducta. Así, tras finalizarla, obtiene una sensación de liberación y placer.

En ocasiones, las personas que padecen este trastorno presentan sentimientos de culpa y remordimiento por la acción cometida.

Es un problema psicológico que aparece en la adolescencia y se mantiene en el tiempo si no existe una intervención psicológica correcta. Del mismo modo, este trastorno termina afectando a todas las áreas del individuo, ya que su gestión emocional está afectada en todos los ámbitos de su vida (laboral, académico, familiar, social o pareja).

Clasificación de los Trastornos del Control de Impulsos

La última edición del Manual Diagnóstico y Estadísticos de los Trastornos Mentales (DSM-V) establece la categoría de “Trastornos disruptivos, del control de los impulsos y de la conducta” para recoger aquellos trastornos relacionados con la regulación del comportamiento y de la emoción. Así, se diferencian los siguientes trastornos:

1. Trastorno negativista desafiante

Consiste en un patrón de irritabilidad, enfado, discusiones, desafío o venganza en las relaciones interpersonales. Este trastorno aparece en la infancia y adolescencia temprana.

Padecer esta alteración puede suponer un riesgo de sufrir trastornos emocionales o de conducta en un futuro. En estos casos, se evidencia una falta de gestión de la emoción de ira y de control de conductas como discusiones.

2. Trastorno de conducta

El patrón de respuesta del individuo es una gama de comportamientos que violan los derechos básicos de los demás y las normas sociales propias de la edad.

El auto-control sobre estas conductas es prácticamente nulo, a pesar de las consecuencias que tiene realizarlas.

3. Trastorno explosivo intermitente

Se caracteriza por un patrón de respuesta agresiva que resulta desproporcionada ante la situación desencadenante.

Estos arrebatos impulsivos tienen un inicio muy rápido y duran menos de 30 minutos. Además del arrebato principal, es frecuente encontrar agresión verbal o física de menor intensidad.

4. Piromanía

La persona que padece este trastorno ha provocado o intentado provocar de forma deliberada incendios en varias ocasiones.

Los pacientes que presentan esta alteración suelen experimentar una sensación de tensión justo antes de iniciar el fuego, y desaparece tras haberlo iniciado.

6. Cleptomanía

Se caracteriza por la incapacidad para resistir el impulso de robar objetos, a pesar de que no le resulten necesarios. Al igual que en la piromanía, se experimenta una sensación de tensión antes de la conducta de robo, seguida de una sensación de alivio y placer.

Otros problemas relacionados con esta alteración

Además de estos trastornos mencionados, existen otros problemas que tienen en común la falta de control de impulsos. Algunos de ellos son los que veremos en estas líneas.

1. Compras compulsivas

Este tipo de compras se caracteriza porque la persona tiene la necesidad de comprar de forma persistente, y no es capaz de resistirse a ella.

Además, al comprar experimenta una sensación de placer a corto plazo. No obstante, poco tiempo después, aparecen emociones como la decepción y culpa, junto con promesas de no volver a hacerlo.

2. Ludopatía o juego patológico

La persona que padece ludopatía experimenta la necesidad de jugar de una forma incontrolable. Este tipo de juego se mantiene a pesar de las consecuencias negativas que conlleva en los diferentes ámbitos (familiar, laboral, económico, social).

3. Onicofagia

Se caracteriza por el impulso irrefrenable de comerse las uñas, de forma que esta conducta se termina convirtiendo en un hábito diario. Suele aparecer ante situaciones de estrés, ansiedad y angustia.

4. Tricotilomanía

Se trata de un impulso por arrancarse el pelo, conllevando una gran pérdida del mismo. Aunque la persona ha intentado evitar hacerlo en múltiples ocasiones, no es capaz de resistirse al impulso.

Intervención psicológica en estos pacientes

Psicoabreu

La psicologa Ana Claudia Alda confirma que el tratamiento más adecuado para este tipo de trastornos es la psicoterapia. Durante la terapia en su trabajo en el gabinete Psicologos Malaga PsicoAbreu se abordan diferentes aspectos que ayudarán a la persona a controlar sus impulsos:

  • Identificar las señales de tensión previas al impulso.
  • Aprender estrategias de regulación emocional alternativas a la realización de la conducta.
  • Trabajar con los pensamientos que dificultan el control de los impulsos.

Todo esto debe ser acompañado por la supervisión del psicoterapeuta, que además de dar instrucciones participa en el "entrenamiento" de los pacientes para que superen el Trastorno del Control de Impulsos.