Trastorno de Ansiedad Generalizada: síntomas, causas y tratamiento

¿Qué es el TAG y qué personas son más propensas a sufrirlo?

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El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) es un trastorno psicológico en el que la persona experimenta ansiedad y preocupación excesivas sobre distintos aspectos de la vida cotidiana durante un periodo prolongado. El trabajo, la salud, la economía, la familia o asuntos relativamente menores pueden convertirse en fuentes casi continuas de inquietud, incluso cuando no existe una amenaza proporcional que justifique ese nivel de preocupación.

Todos podemos pasar temporadas en las que nos preocupamos más de lo habitual. Una entrevista laboral, una enfermedad en la familia o una situación económica complicada pueden mantenernos en tensión durante días o semanas. En el TAG, sin embargo, la preocupación tiende a extenderse a numerosos ámbitos, resulta difícil de detener y termina ocupando una parte considerable de la vida mental de la persona. Esa característica ya estaba en el núcleo del artículo original: la ansiedad no aparece únicamente ante situaciones concretas, sino que puede mantenerse de forma persistente y desplazarse de un tema a otro.

Por eso, tener muchas preocupaciones no basta para diagnosticar un trastorno de ansiedad generalizada. También hay que valorar cuánto tiempo llevan presentes, qué intensidad tienen, si pueden controlarse y hasta qué punto están afectando al sueño, la concentración, las relaciones, el trabajo o cualquier otra área importante de la vida.

¿Qué es el trastorno de ansiedad generalizada?

La principal característica del TAG es una preocupación persistente y excesiva relacionada con múltiples acontecimientos o actividades. A diferencia de una fobia específica, por ejemplo, el malestar no queda concentrado en un único objeto o situación. Una persona puede pasar de preocuparse por su salud a hacerlo por el trabajo, después por su familia y finalmente por un error cotidiano que, objetivamente, tiene poca trascendencia.

Según el DSM-5-TR, para establecer el diagnóstico en adultos la ansiedad y la preocupación deben aparecer más días de los que están ausentes durante al menos seis meses, resultar difíciles de controlar y asociarse a varios síntomas característicos. Además, deben producir malestar clínicamente significativo o deterioro en áreas importantes de funcionamiento. En niños y adolescentes la presentación puede ser distinta y los requisitos sintomáticos no son exactamente los mismos.

La CIE-11 también reconoce el carácter persistente y generalizado de esta ansiedad, aunque sus criterios no son idénticos a los del DSM. Por eso conviene evitar transformar una lista divulgativa de síntomas en una herramienta de autodiagnóstico: la evaluación clínica tiene en cuenta el conjunto del cuadro y descarta otras posibles explicaciones.

¿Cómo distinguir el TAG de una preocupación normal?

La diferencia no está simplemente en preocuparse “mucho” o “poco”. Una preocupación intensa puede ser comprensible si nos encontramos ante una situación realmente grave. Lo que caracteriza al TAG es un patrón mucho más estable: la mente parece encontrar constantemente nuevas cuestiones sobre las que anticipar resultados negativos, incluso cuando una preocupación concreta se resuelve.

Imaginemos a una persona que tiene una semana especialmente complicada en el trabajo y teme no cumplir con un plazo. Es razonable que se sienta preocupada hasta terminar el proyecto. En el TAG, en cambio, esa preocupación puede dar paso inmediatamente a otra: si el trabajo irá mal el próximo mes, si un familiar enfermará, si aparecerá un problema económico o si una pequeña molestia física será señal de algo grave.

Otro elemento importante es el impacto funcional. La persona puede dormir peor, concentrarse con dificultad, sentirse agotada, evitar decisiones o necesitar constantemente comprobar que todo está bien. Cuando la preocupación empieza a dirigir la vida cotidiana en lugar de ayudarnos a resolver problemas, merece una evaluación más detenida.

¿Cuáles son los síntomas del trastorno de ansiedad generalizada?

El TAG no se manifiesta únicamente mediante pensamientos. En el artículo original ya aparecían correctamente varias de sus manifestaciones centrales, como inquietud, fatiga, dificultades de concentración, irritabilidad, tensión muscular y problemas de sueño. Estas características siguen formando parte de la descripción clínica actual.

Podemos agrupar los síntomas más frecuentes en tres grandes ámbitos:

  • Cognitivos y emocionales: preocupación excesiva, anticipación frecuente de escenarios negativos, dificultad para controlar los pensamientos, sensación de estar constantemente en alerta e irritabilidad.
  • Físicos: tensión muscular, inquietud, cansancio, molestias corporales y dificultades para relajarse.
  • Relacionados con el funcionamiento cotidiano: problemas para concentrarse, sensación de tener la mente en blanco y alteraciones del sueño, tanto para conciliarlo como para mantenerlo.

No todas las personas presentan exactamente la misma combinación. Además, algunos de estos síntomas son inespecíficos y pueden aparecer en otros problemas psicológicos o médicos. Por eso sentirse cansado, dormir mal o preocuparse mucho durante una etapa concreta no permite concluir que exista un TAG.

Algunas personas notan especialmente la ansiedad al despertar, cuando la mente empieza a anticipar las obligaciones o problemas del día antes incluso de levantarse de la cama. Cuando este patrón es recurrente puede ser útil analizarlo de manera específica.

¿Qué puede causar el trastorno de ansiedad generalizada?

No existe una única causa. Como ya planteaba el artículo original, el TAG tiene un origen multifactorial, lo que significa que diferentes factores pueden contribuir a aumentar o reducir la vulnerabilidad de una persona. No es correcto atribuirlo únicamente a una experiencia traumática, un desequilibrio químico o una determinada personalidad.

La investigación ha encontrado una contribución genética moderada, pero los genes no determinan por sí solos quién desarrollará el trastorno. También pueden intervenir determinadas características temperamentales, experiencias de estrés mantenido, acontecimientos adversos, aprendizajes previos y formas de interpretar la incertidumbre o las amenazas.

Un aspecto especialmente estudiado es la intolerancia a la incertidumbre. Algunas personas experimentan un gran malestar cuando no pueden saber con seguridad qué ocurrirá y utilizan la preocupación como una especie de intento de anticiparse a cualquier escenario posible. Paradójicamente, pensar constantemente en todos los riesgos no proporciona un control real sobre el futuro y puede mantener la activación ansiosa.

También existen correlatos neurobiológicos del TAG, pero hoy sabemos que resultaría demasiado simplista reducir el trastorno al funcionamiento de una única estructura cerebral o neurotransmisor. La ansiedad emerge de la interacción de diversas redes relacionadas con la detección de amenazas, la regulación emocional, la memoria y la anticipación.

¿Con qué otros problemas puede confundirse?

Una de las tareas importantes durante la evaluación consiste en comprobar si existe otro problema que explique mejor los síntomas. En el trastorno de pánico, por ejemplo, el elemento central son los ataques de pánico recurrentes y la preocupación relacionada con su repetición; en la ansiedad social, el miedo se concentra especialmente en situaciones de evaluación social; y en las fobias específicas gira alrededor de determinados objetos o circunstancias.

El trastorno obsesivo-compulsivo y el trastorno por estrés postraumático también pueden producir niveles elevados de ansiedad, pero actualmente pertenecen a grupos diagnósticos distintos. Del mismo modo, ciertas enfermedades médicas, el consumo de sustancias o determinados medicamentos pueden producir síntomas parecidos, por lo que en algunos casos resulta necesario descartar otras causas.

La depresión merece una mención especial porque los síntomas ansiosos y depresivos pueden coexistir. La fatiga, las dificultades para concentrarse o las alteraciones del sueño pueden aparecer en ambos cuadros, mientras que algunas personas presentan simultáneamente preocupación persistente y síntomas depresivos. La evaluación permite determinar qué patrón predomina y cómo deben abordarse conjuntamente.

¿Cómo se trata el trastorno de ansiedad generalizada?

El TAG puede tratarse y existen intervenciones con respaldo científico. La elección depende de la intensidad de los síntomas, la repercusión en la vida cotidiana, otros posibles problemas psicológicos o médicos y las preferencias de la persona. No existe un tratamiento idéntico para todos los casos.

Entre las intervenciones psicológicas más estudiadas se encuentra la terapia cognitivo-conductual (TCC). Su objetivo no consiste simplemente en pedir a la persona que “deje de preocuparse”, sino en identificar los procesos que mantienen la ansiedad y aprender maneras diferentes de relacionarse con ellos. Dependiendo del caso, puede incluir trabajo sobre las creencias vinculadas a la preocupación, exposición a situaciones o pensamientos evitados, resolución de problemas y estrategias para reducir patrones que proporcionan seguridad inmediata pero mantienen la ansiedad a largo plazo.

La relajación aplicada también cuenta con evidencia para el TAG y algunas intervenciones incorporan técnicas de regulación de la atención o aceptación. Estrategias como el ejercicio físico, cuidar el sueño o reducir un consumo excesivo de estimulantes pueden contribuir al bienestar general, pero no deben presentarse como sustitutos del tratamiento cuando el trastorno genera una interferencia significativa.

En determinados casos también puede utilizarse tratamiento farmacológico. Algunos antidepresivos, especialmente determinados inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o de serotonina y noradrenalina, se emplean en el tratamiento del TAG bajo valoración médica. La decisión de iniciar, mantener o modificar una medicación corresponde a profesionales sanitarios y debe considerar los beneficios esperados, los posibles efectos adversos y las circunstancias particulares de cada paciente.

¿Cuándo conviene pedir ayuda?

La preocupación forma parte de la vida y no necesita tratamiento cada vez que aparece. Sin embargo, puede ser recomendable consultar con un profesional cuando resulta difícil de controlar durante meses, se extiende a numerosos ámbitos o empieza a afectar de forma clara al descanso, la concentración, el rendimiento, las relaciones o la capacidad de disfrutar de las actividades cotidianas.

Los ejemplos que recogía la versión anterior siguen siendo ilustrativos: un médico que interpreta cada llamada como la posibilidad de haber cometido un error, una persona que alterna continuamente entre el miedo a perder su trabajo, que su pareja la abandone o que un familiar enferme, o un padre que pasa buena parte del día anticipando posibles desgracias relacionadas con su hijo. Lo decisivo no es tener alguna de estas preocupaciones, sino su frecuencia, intensidad y capacidad para ocupar la vida mental.

El TAG puede hacer que la preocupación llegue a parecer una forma normal de estar en el mundo. Precisamente por eso, identificar el patrón resulta importante. No se trata de conseguir que nunca vuelva a aparecer la incertidumbre, sino de recuperar la capacidad para convivir con ella sin que determine constantemente nuestros pensamientos y decisiones.

Serie: Entender la ansiedad

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Según lo que necesites ahora:

  • Gottschalk, M.G.; Domschke, K. (2017). Genetics of generalized anxiety disorder and related traits. Dialogues in Clinical Neuroscience. 19(2), :159 - 168.
  • Mochcovitch, M. (2014). A systematic review of fMRI studies in generalized anxiety disorder: Evaluating its neural and cognitive basis. Journal of affective disorders, 167, pp. 336 - 342.
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Jonathan García-Allen. (2015, diciembre 27). Trastorno de Ansiedad Generalizada: síntomas, causas y tratamiento. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/clinica/trastorno-ansiedad-generalizada

Psicólogo | Director de comunicación de Psicología y Mente

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Jonathan García-Allen (Reus, 1983) es Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona, y cuenta con distintas especialidades. Ha cursado varios posgrados, entre los que destacan el de Gestión de Recursos Humanos por la Universitat Rovira i Virgili, el postgrado en Psicología del Deporte por la UNED y el de Mindfulness e Inteligencia Emocional por la Universidad de Málaga. Experto universitario en Coaching por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

Es fundador y Director de comunicación de la web Psicología y Mente, la mayor comunidad en el ámbito de la psicología y las neurociencias.

También ha participado en distintos proyectos: Psicólogo en Meyo App; creador, Director técnico y formador en el Star Camp de la cadena hotelera Iberostar, un programa de animación infantil y juvenil basado en las Inteligencias Múltiples, el Teambuilding y la Educación en valores; y en la actualidad es profesor de Coaching Educativo en la Universidad Libertadores (Colombia).

Autor de dos libros de divulgación científica:

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