¿Puede el estado de ánimo dejar huella en el corazón? La depresión es uno de los problemas de salud mental más frecuentes: según la Organización Mundial de la Salud, afecta al 5,7 % de las personas adultas. Un estudio reciente publicado en Archives of Public Health aporta datos de la población española: quienes tenían depresión presentaban un riesgo un 81 % mayor de fallecer por cualquier causa y un 101 % mayor de morir por una enfermedad cardiovascular, según recoge la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).
La investigación, liderada por la UAM, el Parc Sanitari Sant Joan de Déu y el CIBERSAM, siguió a 4.753 adultos de toda España desde 2011-2012, con nuevas evaluaciones en 2014-2015, 2018 y 2022. En ese tiempo fallecieron 645 participantes. El análisis tuvo en cuenta el tabaco, el alcohol, la actividad física y las enfermedades crónicas.
Hablamos con Jesús Godino Cruz, primer autor del estudio y psicólogo especializado en Metodología de las Ciencias del Comportamiento y de la Salud. Con él repasamos qué significan estas cifras, cómo leerlas sin alarmarse y por qué síntomas como la anhedonia, la dificultad para disfrutar de lo que antes nos resultaba agradable, merecen atención. Los propios autores piden prudencia: los resultados por causas específicas de muerte se apoyan en un número limitado de fallecimientos.
Una relación de ida y vuelta
¿Por qué la depresión casi duplica el riesgo de morir por una enfermedad cardiovascular?
Lo primero que hay que entender es que la relación entre la depresión y la enfermedad cardiovascular es prácticamente bidireccional. Se ha estudiado muchísimo cómo la depresión aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, por marcadores inflamatorios, de estrés y otros. Y también cómo tener una enfermedad cardiovascular puede aumentar los síntomas conductuales de la depresión: la anhedonia, la falta de actividad física, la fatiga…
En nuestro estudio, con personas mayores de edad en España, encontramos que el riesgo relativo de fallecer por enfermedad cardiovascular en las personas con depresión es prácticamente el doble. Es un riesgo relativo, poblacional, ajustado por edad, sexo y otros consumos. Lo más probable es que sea la interacción entre los mecanismos biológicos, como los marcadores inflamatorios, y los estilos de vida lo que aumenta este riesgo.
«La relación que tiene la depresión y la enfermedad cardiovascular es prácticamente bidireccional» — Jesús Godino Cruz
Para alguien que tiene depresión, leer esto puede generar más preocupación: «ahora tengo más riesgo de un infarto». ¿Cómo se lo explicarías?
El riesgo individual no se debe tener en cuenta con estos datos, porque no es un estudio clínico de casos, sino un estudio epidemiológico de una muestra poblacional. Pero sí es verdad que el riesgo, en este estudio y en la gran mayoría de los que hay sobre depresión y mortalidad cardiovascular, siempre es más alto.
Por eso, una persona con depresión debería cuidar especialmente su salud cardiovascular e intentar adoptar los mejores hábitos posibles, teniendo en cuenta que la propia depresión trae anhedonia, poca actividad física y fatiga. Llevar buenos hábitos de vida y tener control sobre nuestros consumos y nuestra alimentación es de lo más importante para reducir este riesgo.
«El riesgo individual no se debe tener en cuenta con estos datos, porque al final no es un estudio clínico de casos, sino que es un estudio epidemiológico de una muestra poblacional» — Jesús Godino Cruz
La depresión que no se ve
El estudio incluyó a personas que cumplían los criterios de depresión sin tener un diagnóstico. ¿Qué señales deberían hacer que alguien, o su familia, pida ayuda?
Preguntamos por dos cosas. La primera, si en algún momento anterior habían recibido un diagnóstico de depresión. Además, pasamos la CIDI, una entrevista estructurada para detectar síntomas depresivos, y encontramos un número elevado de personas que cumplían sus criterios sin un diagnóstico previo.
Estas señales son muy importantes para que la gente, en su día a día, pueda tenerlas en cuenta con su familiar o su entorno: la anhedonia, la baja actividad física, la pérdida de apetito o dejar de hacer actividades. Todos podemos tener un día de ánimo más bajo. La alerta aparece cuando estos síntomas se extienden en el tiempo; según la CIDI, a partir de dos semanas.
¿Crees que hay mucha depresión sin detectar?
Hay que tener en cuenta que, en Madrid y en otros lugares de España, los servicios de salud mental están bastante saturados, y a la gente le cuesta mucho acudir. Por eso podemos encontrar perfiles con síntomas depresivos ocultos, que no llegan a detectarse porque la persona no va a consulta, porque deja pasar mucho tiempo o porque no lo comenta con su médico.
Esa sería la depresión oculta: a menudo pasamos por episodios depresivos o ansiosos sin darnos cuenta, porque no buscamos ayuda y nadie nos señala que puede ser algo más serio que una racha de desánimo.
Leer las cifras con calma
El título del estudio también habla de mortalidad no cardiovascular. ¿Qué encontrasteis?
La mortalidad general y la cardiovascular salieron significativas. La no cardiovascular, no. Por el tamaño de la muestra, tuvimos que agrupar todas las causas que no eran cardiovasculares en una sola categoría, y era un grupo muy heterogéneo. Aunque reportamos el resultado, no debe tomarse como concluyente: los modelos no tenían potencia estadística suficiente para detectar ese riesgo.
Hay causas en las que la relación está muy estudiada, como el suicidio, pero en nuestro estudio solo había dos personas con depresión que hubieran fallecido por esa causa. No era suficiente para sacar conclusiones.
¿Influyen la edad y el sexo?
La edad es siempre un factor de riesgo de mortalidad. En nuestro estudio no la analizamos por grupos, sino año a año, y fue significativa en los tres modelos.
Sobre el sexo: en España y en muchos países, las mujeres tienen tasas más altas de depresión. Sin embargo, el riesgo de fallecer de los hombres con depresión es mayor que el de las mujeres con depresión. Una parte se explica porque las mujeres suelen vivir más años. Además, varios estudios, no el nuestro, señalan que los hombres suelen sufrir más en silencio y pedir menos ayuda, y que tienen más mortalidad cardiovascular. Probablemente sea la combinación de todo esto.
Cuidar la mente y el corazón a la vez
¿Qué debería cambiar en la práctica clínica? ¿Deberían los cardiólogos estar atentos a la depresión?
En los últimos años se está impulsando la colaboración multidisciplinar entre todos los ámbitos de la salud. La depresión siempre se ha evaluado y controlado sobre todo desde la psiquiatría, y esta colaboración es clave: la cardiología y la atención primaria deberían tener en cuenta que una persona con síntomas depresivos puede tener más riesgo cardiovascular, sobre todo a mayor edad.
También existe una prevención individual: aunque el sistema esté saturado, si tenemos depresión podemos cuidar nuestros hábitos y consultar antes cualquier pequeño problema cardiovascular o respiratorio.
Hasta hace poco, la psicoterapia se asociaba al ámbito privado, muy lejos de la sanidad pública. ¿Cómo ha cambiado esto?
Yo no trabajo en un hospital, pero por los estudios y equipos con los que trabajo, en los últimos diez años se ha intentado ir más allá de urgencias y atención primaria: apps, grupos de apoyo y otros recursos públicos, no de pago, para reducir la carga de los hospitales.
Es prácticamente imposible que los profesionales que hay lleguen a todos los seguimientos. Estas herramientas ayudan a que las personas se den cuenta de lo que les pasa y trabajen sus hábitos, siempre con un límite claro: cuando los síntomas son fuertes, lo siguiente es acudir a un especialista. A veces, los tiempos de espera hacen que la gente desista, y estas herramientas les ayudan a ver que necesitan una ayuda real y que merece la pena esperar.
Este estudio no habla de destinos individuales, sino de una vulnerabilidad compartida que se puede cuidar: moverse un poco más, vigilar los consumos o fijarse en el ánimo de quien tenemos al lado son gestos sencillos con sentido. Si el desánimo dura semanas, quizá sea un buen momento para repasar cuándo conviene buscar ayuda psicológica. Si te sientes identificado o identificada, hablar con un psicólogo puede ayudarte.
Si estás pasando por un momento difícil, no tienes por qué atravesarlo en soledad. En España puedes llamar al 024 (Línea de Atención a la Conducta Suicida), al Teléfono de la Esperanza (717 003 717) o, en caso de emergencia, al 112. En México, a la Línea de la Vida (800 911 2000) o al 911. Si estás en otro país, encuentra tu línea de ayuda en findahelpline.com.
Este contenido es educativo y no sustituye la terapia psicológica.














