Hay una diferencia entre alcanzar una meta y sentir que la meta que hemos alcanzado tiene que ver con nosotros. Podemos conseguir aquello que nos habíamos propuesto y, aun así, experimentar cierta sensación de vacío. También puede ocurrir lo contrario: dedicar tiempo y esfuerzo a un proyecto que quizá no tenga un gran reconocimiento externo, pero que nos haga sentir profundamente vivos. ¿Qué explica esta diferencia?
En parte, la respuesta tiene que ver con la autodeterminación: la capacidad de sentir que nuestras decisiones, nuestras metas y la dirección que damos a nuestra vida son verdaderamente nuestras. No significa hacer siempre lo que queremos ni vivir al margen de los demás. Significa poder elegir y actuar desde aquello que valoramos, comprendiendo los motivos que nos mueven y sintiendo que participamos activamente en la construcción de nuestra propia vida.
La teoría de la autodeterminación, desarrollada por Edward Deci y Richard Ryan, plantea que existen tres necesidades psicológicas fundamentales que se encuentran estrechamente relacionadas con esta experiencia: autonomía, competencia y relación. Cuando estas necesidades encuentran un espacio adecuado en nuestra vida, resulta más fácil conectar con una motivación que nace de dentro.

Blanca Garcia Grau
Blanca Garcia Grau
PSICOLOGIA SISTEMICA, TRANSPERSONAL, INTEGRATIVA | COACHING. SERVICIOS PARA PERSONAS| EMPRESAS
Elegir metas que podamos sentir propias
A lo largo de nuestra vida recibimos muchas ideas sobre lo que merece la pena conseguir. La familia, la educación, la cultura y nuestro entorno nos transmiten aspiraciones y modelos de éxito. Es natural que influyan en nosotros.
Pero cuando pensamos en nuestros proyectos de vida, puede ser útil detenernos y preguntarnos: ¿esta meta la estoy eligiendo yo o simplemente estoy intentando cumplir con lo que se espera de mí?
La autonomía, en este contexto, no significa independencia absoluta. Significa poder reconocer nuestras elecciones como propias y sentirnos actores de nuestra propia conducta. Una meta puede haber surgido de una influencia externa y, con el tiempo, convertirse en una aspiración que hacemos nuestra porque descubrimos que conecta con nuestros valores. Autodeterminarnos es, en buena medida, aprender a elegir desde dentro.
Sentir que podemos avanzar
Pero para comprometernos con una meta también necesitamos sentir que podemos avanzar hacia ella.
Aquí aparece la segunda necesidad: la competencia, entendida como la experiencia de sentirnos capaces de hacer, de aprender y de desarrollar recursos para afrontar los desafíos. Cuando comenzamos un proyecto y descubrimos que podemos mejorar, superar dificultades y adquirir nuevas habilidades, aumenta nuestra confianza y nuestra disposición a seguir avanzando.
No necesitamos sentirnos preparados desde el principio. Muchas veces la confianza aparece precisamente cuando empezamos a caminar y damos nuestros primeros pasos.
Cada pequeño progreso puede convertirse en una experiencia de capacidad: puedo aprender, puedo mejorar, puedo intentarlo de nuevo. Y esa percepción transforma nuestra relación con las metas, porque dejamos de verlas únicamente como algo que debemos alcanzar y empezamos a vivirlas también como una oportunidad de crecimiento.
La importancia de sentirnos acompañados
La tercera necesidad es la relación: sentirnos vinculados con otras personas, reconocidos y acompañados.
Puede parecer que autodeterminarnos significa hacerlo todo solos, pero ocurre justamente lo contrario. Somos seres relacionales y necesitamos vínculos significativos para desarrollarnos. Una persona puede sentirse autónoma y, al mismo tiempo, profundamente conectada con los demás.
Las relaciones saludables nos permiten compartir nuestros proyectos, recibir apoyo y sentir que lo que hacemos tiene un lugar en un contexto humano. A veces, alguien no necesita que decidamos por él, sino que confiemos en su capacidad para encontrar su propio camino.
Autonomía, competencia y relación no son, por tanto, tres ideas aisladas. Son tres necesidades que se entrelazan y que ayudan a que podamos vivir nuestras elecciones como propias, sentirnos capaces de llevarlas adelante y experimentar que estamos en conexión con los demás.
Cuando la motivación nace de dentro
La autodeterminación se relaciona con la motivación intrínseca. Cuando una meta conecta con nuestros valores, sentimos que podemos avanzar hacia ella y contamos con relaciones que nos sostienen, es más fácil que surja una motivación que nace de dentro, del propio interés y del significado que encontramos en aquello que hacemos.
Esta motivación no depende únicamente de una recompensa, del reconocimiento o de evitar el fracaso. Nos mueve porque aquello que hacemos tiene valor para nosotros y porque encontramos satisfacción en el propio proceso de avanzar, aprender y crecer.
Por eso, quizá no se trate solo de preguntarnos qué queremos conseguir, sino también qué queremos experimentar, aprender, aportar o llegar a ser mientras lo conseguimos. Una meta puede ser importante por el lugar al que nos conduce, pero también por la persona en la que nos ayuda a convertirnos.
Conclusión
La autodeterminación nos invita a mirar nuestras elecciones y nuestros proyectos de vida desde una perspectiva diferente. No se trata únicamente de tener objetivos, sino de poder sentir que esos objetivos expresan, de algún modo, quiénes somos y aquello que consideramos valioso.
Necesitamos autonomía para reconocer nuestras decisiones como propias, competencia para sentir que podemos crecer y avanzar, y relación para sentirnos conectados y acompañados en el camino. Cuando estas tres necesidades encuentran espacio, nuestras metas pueden dejar de ser únicamente algo que queremos alcanzar y convertirse en parte de una vida que sentimos verdaderamente nuestra.
Quizá por eso, en determinados momentos de la vida, más que preguntarnos «¿qué debería hacer?», necesitemos detenernos y escuchar otras preguntas: ¿qué quiero elegir?, ¿qué me hace crecer?, ¿qué tiene sentido para mí ahora?
Tal vez autodeterminarnos sea precisamente aprender a responderlas y, poco a poco, construir una vida que no solo podamos vivir, sino también reconocer como propia.

Blanca Garcia Grau
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