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5 maneras de dejar de autosabotearnos con la resistencia a los cambios

Una reflexión sobre cómo gestionar la resistencia al cambio.

5 maneras de dejar de autosabotearnos con la resistencia a los cambios

La resistencia a cambiar, mejorar, y emprender, es sutil y escurridiza. Cuando mis clientes me dicen que se pasan el tiempo posponiendo quehaceres importantes o que se sienten bloqueados para empezar determinadas tareas, lo primero que apunto es la palabra “resistencia”.

Pero… ¿Qué es la resistencia? Es un bloqueo de energía, es lo contrario de fluir, es una zanja invisible que nos impide cruzar desde el sitio dónde nos encontramos al lugar donde estaremos más autorrealizados.

La resistencia a los cambios

Mientras escribo esto pienso en mí misma y mi relación con la resistencia a hacer ejercicio físico. Siempre me ha costado mucho hacer deportes y, encima, tengo la sensación que me saca tiempo para mis miles de compromisos. Hace unos meses tuve un esguince de tobillo que fue la excusa perfecta para abandonar cualquier tipo de esfuerzo muscular, incluso el de todas aquellas partes de mi cuerpo que estaban en perfecto funcionamiento. Aún con todo mi entrenamiento en emociones, no pude detectar que lo que estaba dominándome era la resistencia.

Me convencí diciéndome que el esguince había sido una señal para descansar y ponerme al día con mis cosas. Decidí refugiarme en lo que me resulta más fácil – mi actividad intelectual. Sin embargo, el cuerpo es nuestro gran aliado y de repente, empecé a experimentar unos grandes dolores de espalda y cintura, que me invitaron a preguntarme qué podría estar pasándome a nivel emocional.

¿Por qué elegimos la resistencia si no nos beneficia?

Resistimos los cambios porque nos dan miedo. Aun en el simple ejemplo sobre mí, mi temor era perder el control de mis responsabilidades. Más inconsciente que conscientemente, tememos no poder hacer las cosas perfectas.

Nos da pereza empujar más allá de lo conocido para descubrir nuevas ideas o implementar nuevos hábitos. Nos convencemos que no podemos cambiar porque nos obsesionamos con todo tipo de creencias limitantes que nos impiden ver más allá de nuestros problemas. Nos identificamos con pensamientos que nos dicen que no somos o tenemos lo que se requiere para emprender. Nos sentimos más cómodos viviendo en piloto automático que sintiendo las emociones que traen aparejadas pausas y examinar nuestro mundo interior.

Esto me hace recordar la frase “más vale malo conocido que bueno por conocer”. La resistencia encierra una mirada muy rígida de la vida: si cambio lo que tengo me irá mal. En ese lugar no existen matices, posibilidades, ni movimiento. Es una manera muy contraída de vivir y tiene una mirada muy binaria que nos susurra que lo nuevo es malo y lo conocido es bueno.

Recordatorio importante para trabajar con la resistencia

Si descubrimos que estamos resistiendo un cambio y nos enojamos, avergonzamos, o auto-flagelamos, será como tirar leña al fuego. Es más fácil entender esto cuando lo vemos en otro. Piensa en un niño que deja siempre para después los deberes del colegio. Si sus padres lo riñen y le dicen todo tipo de cosas que lo avergüencen, éste se sentirá derrotado y se empezará a “auto-criticar” con pensamientos como, “eres un vago, los demás pueden y tú no, es lo único que tienes que hacer”, etc. En vez de darnos ese empujoncito para llevar a cabo lo que deseamos, nos vamos a sentir tan agobiados que quedaremos inmóviles.

A la resistencia, al igual que a todos nuestros sentimientos y emociones, hay que tratarla con auto-compasión. Frases como “veo lo que estás sintiendo, sé lo que te cuesta, te entiendo, vamos a dar un paso a la vez”, pueden ayudarnos a hacer cambios radicales. Neurocientíficamente hablando también hay razones para negarnos a actuar a nuestro favor. Cuando nuestro cerebro se estresa, lucha, huye, o se paraliza, las tres acciones son ejemplos de resistencia. Estos mecanismos no nos benefician pero son naturales. Sin embargo, será nuestra tolerancia a lo desconocido, la que nos ayudará a crecer y a pasar a nuestra nueva etapa evolutiva.

¿Cómo podemos detectar la resistencia en nuestra propia vida?

Estos son lugares bastante comunes que apuntan a ella:

  • Dejar las cosas para más tarde (o nunca)
  • Desperdiciar nuestro tiempo (redes sociales, T.V., series, etc)
  • Desmoralizarse fácilmente cuando algo no sale como estaba previsto.
  • Darle tantas vueltas a un asunto que se termina en la inacción.
  • Querer hacer las cosas perfectas y tener todo bajo control.
  • Sentir que si hacemos algo le daremos el gusto a alguien con quien estamos enfadados.
  • Elegir la comodidad a la falta de certeza que trae aparejado el crecimiento.
  • Crear excusas para no emprender o cambiar.
  • Echarle la culpa a los demás para justificar nuestra inacción.

¿Qué podemos hacer para superar nuestra resistencia al cambio?

Como dije anteriormente lo primero es aceptar que es un mecanismo de defensa que aunque no nos favorece, nos evita exponernos a lo desconocido, estresarnos con demasiadas cosas, y a salir de nuestra zona de confort. Lo principal es mantenernos ecuánimes y con curiosidad intentar:

  • Empezar los cambios despacio, respetando nuestros tiempos, pero empezando.
  • Emprender un paso a la vez. Subdividir las tareas. Evita implementar demasiadas cosas al mismo tiempo.
  • Prepararse para los obstáculos que puedan encontrarse en el camino y pensar qué hacer al respecto.
  • Tener siempre en mente nuestra misión, el “por qué” estamos llevando a cabo nuestro cambio.
  • Hablar de nuestros deseos, buscar a alguien que nos apoye, y nos motive. Si la resistencia es demasiado grande, pide ayuda profesional.

Sobre todas las cosas, pregúntate: “¿cómo será mi vida en un año si sigo resistiéndome a cambiar?”. Y luego vuelve a repetirte la misma pregunta de cara a cinco años y a diez. Visualiza con honestidad tus respuestas. Verás cómo finalmente eliges el crecimiento al estancamiento.

Coach

Barcelona
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Georgina Hudson es coach de vida y estrategia, con consulta en Barcelona. Está formada como Coach Transformacional, de Vida y Estratégica, y es Experta en Psicología Transpersonal. Está especializada en Mindfulness, Neurociencias, Flow y PNL, y cuenta con un M. Sc. en Enseñanaza.

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