¿Qué fue la Cultura del Vaso Campaniforme? ¿Cuáles fueron sus características? ¿Por qué sigue siendo un misterio hoy en día para la mayoría de los especialistas? Situada en la etapa final del Calcolítico o Edad del Cobre (III milenio aC), y coincidiendo con el período inicial de la Edad del Bronce, es una cultura restringida exclusivamente al área europea (aunque actualmente se está ampliando su horizonte).
La denominada Cultura del Vaso Campaniforme ha despertado durante decenios el interés de arqueólogos e historiadores por su amplísima difusión. En el artículo de hoy intentamos esclarecer algunos de sus interrogantes, a la luz de los yacimientos arqueológicos que se han encontrado hasta la fecha y también en base al estudio del ADN de sus protagonistas.
¿Qué fue la Cultura del Vaso Campaniforme?
Desde que aparecieron los primeros indicios, a finales del siglo XIX en Ciempozuelos (Madrid), los arqueólogos han intentado por todos los medios comprender el significado de estos restos y cuál era su implicación en el contexto correspondiente.
Este primer hallazgo de Ciempozuelos dejó a la comunidad científica completamente asombrada. Se trataba de una tumba de la edad del Bronce en la que se incluían unas vasijas de cerámica rojizo-negruzca, bellamente adornadas con incisiones geométricas. A partir de entonces, este tipo de hallazgos se hizo más o menos recurrente, y (lo que es más importante) se encontraron estas vasijas prehistóricas a lo largo y ancho de Europa.
El término Cultura del Vaso Campaniforme proviene de la tipología de estos objetos, unas vasijas en forma de campana invertida. Fue Paul Reinecke (1872-1958), especialista en Prehistoria, quien en 1900 (seis años después del primer y sonado hallazgo en Ciempozuelos) bautizó a estos objetos como Glockenbecher (vaso de campana). Pero ¿se trataba realmente de una cultura propiamente dicha? En las décadas posteriores al hallazgo madrileño se descubrieron objetos parecidos en otras partes de Europa, tan alejadas de Ciempozuelos como Alemania o Gran Bretaña. ¿Estábamos ante una migración masiva o un comercio europeo intensivo?
Los inicios: el estuario del Tajo, Portugal
No fue hasta la década de 1920 cuando el historiador español Alberto del Castillo Yurrita (1899-1976) dictaminó que la Cultura del Vaso Campaniforme tenía sus orígenes en la Península Ibérica. Más concretamente, en el estuario del Tajo, en el actual Portugal.
De hecho, durante todo el siglo XX los diversos estudiosos europeos mantuvieron una pelea histórica por cuál era el origen de esta curiosa y fascinante cultura. Mientras que los españoles, con del Castillo a la cabeza, afirmaban que la Cultura del Vaso Campaniforme se había originado en lo que ahora es Portugal, los especialistas alemanes insistían en que los primeros objetos se habían fabricado en el centro de Europa.
Las pruebas recientes de carbono-14 han demostrado que, efectivamente, y como sostenía del Castello hace cien años, las piezas ibéricas son las más antiguas, datadas aproximadamente del 2750 aC. Los vasos correspondientes a Centroeuropa serían más recientes, realizados unos tres siglos más tarde.
Los ejemplares del estuario del Tajo son de una tipología muy concreta, que los arqueólogos han denominado de tipo ‘marítimo’: los vasos presentan decoración puntillada encerrada en bandas horizontales, que se combinan con otras bandas sin decoración. La denominación ‘marítimo’ obedece a la localización de estas primeras piezas, diseminadas por la costa sur de la Península Ibérica.
¿Comercio masivo?
Ahora bien, si el origen de la Cultura del Vaso Campaniforme se encuentra en el sur de Portugal, ¿cómo y por qué llegaron los ejemplos más recientes a lugares tan apartados como Gran Bretaña? Recordemos que esta producción de vaso en forma de campana invertida se encuentra por toda Europa y parte del norte de África.
Una respuesta plausible sería el ejercicio del comercio. Según esta teoría, la producción de vasijas campaniformes decoradas se habría difundido desde Portugal hasta el norte y el este de Europa mediante intercambios. Ahora bien, ¿qué interés tenían las otras culturas europeas en estos vasos ibéricos? ¿Por qué se expandieron con tanta rapidez, y, sobre todo, con tanto éxito?
Los yacimientos confirman que el fenómeno del Vaso Campaniforme se había extendido por Europa hacia el 2.400 aC. Este tipo de cerámica se encuentra especialmente en contextos funerarios, y, lo que es más importante, en tumbas de élite. Los vasos en forma de campana invertida no están solos; el fallecido se entierra con ellos y con otros elementos que reiteran su estatus. Es lo que, en arqueología, se ha denominado el Beaker Package o Paquete Campaniforme, algo así como el kit esencial que debía llevarse todo guerrero de élite al otro mundo.
El Beaker Package o el kit del guerrero
Este kit era toda una declaración del estatus del fallecido. No solo incluía el vaso campaniforme, sino también un puñal de lengüeta fabricado con cobre (muy característico de esta época), las hojas de flecha de ‘tipo Palmela’, también de cobre, y el ‘brazal del arquero’, una pieza de cobre que se portaba en el antebrazo para protegerlo durante el combate o la caza. Este tipo de brazales son tan sumamente exquisitos y están tan profusamente decorados que algunos arqueólogos piensan que son más bien un producto para la demostración de estatus, no para un uso práctico.
Por último, el kit del guerrero europeo de finales del Calcolítico incluye botones de hueso, casi todos con forma de V, usados para el vestuario (especialmente, para las capas). La presencia de todos estos elementos en el ajuar funerario del guerrero fallecido eran un símbolo de estatus, por lo que el vaso campaniforme, proveniente del sur, adquirió desde muy pronto un significado exclusivo.
De hecho, y tal y como ha demostrado Manuel Rojo-Guerra (Universidad de Valladolid), los restos hallados en estas vasijas en forma de campana apuntan hacia un uso ritual, no cotidiano. Los posos hallados en muchos vasos campaniformes confirman que contuvieron cerveza, hidromiel y otras bebidas alcohólicas, probablemente relacionadas con el banquete funerario.
ADN y arqueología
Recientemente, a través de la técnica del ADN se ha podido precisar por qué encontramos este tipo de vasos en el norte de Europa, tan alejados de su origen atlántico-mediterráneo.
La revista Nature publicó un interesante artículo en 2018 que hacía públicos los resultados de una investigación que pretendía esclarecer la odisea prehistórica de los vasos campaniformes. Se examinó el ADN de los huesos de las tumbas de la Península Ibérica que contenían este tipo de cerámica y se observó que todos los restos compartían un ADN parecido, un ADN de tipo ‘local’. Ello confirmaba que no había existido una “invasión” de los europeos del norte y, por tanto, que la producción de este tipo de cerámica era 100% autóctona.
La sorpresa vino cuando se analizó el ADN de los huesos de los entierros del norte de Europa: en concreto, los de Gran Bretaña. El análisis confirmó que la información genética de los individuos enterrados con el kit campaniforme anteriormente descrito difería en un 90% de los autóctonos de las islas. Es más, este ADN diferente provenía de poblaciones de la estepa, lo que confirmaba que, en algún momento de la Prehistoria, se había producido una invasión o una migración masiva de guerreros esteparios.
Una de las conclusiones a las que los especialistas llegaron tras este análisis genético fue que, muy probablemente, la Cultura del Vaso Campaniforme sureña se encontró con estos guerreros del este en Centroeuropa. Estas poblaciones esteparias, eminentemente jerarquizadas, adoptaron la producción de las vasijas en forma de campana invertida como una muestra de estatus de su élite. Después, cuando se movieron hacia Gran Bretaña, se llevaron con ellos esta tradición.
Esta teoría se ve reforzada por la evolución estilística de las vasijas. De la fusión del estilo ‘marítimo’ proveniente del sur con la cerámica llamada ‘de cuerdas’ que producían estas poblaciones guerreras invasoras se originó un nuevo tipo de vasijas, las denominadas AOC (All Over Corded), que combinan la forma de campana invertida de las originales del sur de la Península Ibérica con la decoración a través de impresión de cuerdas, característica del este.
Conclusiones
Cultura del Vaso Campaniforme es el nombre que los arqueólogos dan a la producción de cerámica que se dio durante la última etapa del Calcolítico y que obedece a unas características concretas: la más importante de ellas (que, de hecho, es la da nombre a la cultura) es la forma de campana invertida que presentan los vasos.
Esta producción se dio por toda Europa, pero parece probable que se originara en el sur; concretamente, en el estuario del Tajo, en el actual Portugal. La datación por carbono-14 ha confirmado la antigüedad de las piezas halladas en esta zona, las primeras de las cuales se produjeron hacia el año 2750 aC.
La presencia de este tipo de vasijas en el centro de Europa es casi tres siglos más tardía, y presenta unas características muy concretas. Observamos la insistencia en la forma de campana invertida, pero la decoración es ligeramente diferente: en lugar de las incisiones puntilladas y enmarcadas en franjas horizontales, en las piezas de Centroeuropa (encontradas en yacimientos como, por ejemplo, el de Baviera, en Alemania), se aprecia una decoración efectuada con cuerdas prensadas en la arcilla todavía húmeda.
Los recientes estudios de ADN indican que este cambio obedece a la entrada de una serie de grupos procedentes de la estepa, que hicieron suya la producción ibérica de vasijas campaniformes y la convirtieron en una marca de estatus. De hecho, los guerreros de la élite de estas poblaciones están enterrados con ajuares que incluyen, por lo general, una de estas vasijas y un kit de cobre completo.
Por tanto, es lógico pensar que los vasos campaniformes no constituían un objeto de uso cotidiano, sino más bien ritual, relacionado con la muerte de un guerrero de la élite. Los posos de cerveza e hidromiel encontrados en su fondo y estudiados por el arqueólogo Manuel Rojo-Guerra corroboran esta teoría.
Por último, el estudio del ADN de los huesos de las tumbas de Gran Bretaña demuestra que el 90% de la genética procede de estas tribus esteparias, lo que implica que existió una migración masiva y un intercambio no solo genético, sino también cultural. En cambio, en los restos ibéricos no se han encontrado indicios de ADN foráneo, lo que demuestra que, en su origen, la Cultura del Vaso Campaniforme era eminentemente local.


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