El estrés es considerado la epidemia del siglo XXI. Es por ello que no son pocas las investigaciones farmacológicas que han tratado de encontrarle una solución que implique la administración de medicamentos.

Si bien lo que causa estrés difícilmente será solucionado a base de pastillas, siendo la psicoterapia un recurso totalmente necesario para que la persona sepa hacer frente a esta emoción, lo cierto es que la farmacología es útil para tratar los síntomas.

Aquí veremos todos los grupos principales de medicamentos para el estrés que se usan en la actualidad, además de explicar cómo actúan sobre el organismo y algunos efectos secundarios y precauciones a tener en cuenta.

¿Qué implica el estrés a nivel orgánico?

El estrés es una respuesta del organismo ante las demandas del medio. Nuestro cuerpo tiene que hacer frente a una posible amenaza o riesgo que pueda perjudicar nuestra integridad física y mental, por este motivo activa el sistema nervioso simpático y se prepara para llevar a cabo una de las siguientes dos respuestas: lucha o huida.

Este mecanismo de activación fisiológica es adaptativo; sin embargo, si se mantiene activo durante demasiado tiempo se pone en marcha el sistema nervioso parasimpático, el cual trata de alcanzar la homeostasis. Es decir, trata de hacer que el cuerpo vuelva a unos niveles orgánicos previos a la aparición del fenómeno amenazante.

El estrés se vuelve un problema a largo plazo, afectando tanto en la salud física como psicológica de quien lo manifiesta de forma crónica. El hecho de que este estrés se cronifique puede deberse a diversos factores, reales o percibidos, además de que su interpretación es muy variable en función de cada persona y la circunstancia que lo provoque.

Es por este motivo que los tratamientos, tanto psicológicos como farmacológicos, enfocados a tratar esta emoción son muy variados, existiendo opciones para prácticamente cada uno de los trastornos de la ansiedad que recoge el DSM-5. La combinación de ambos tratamientos es muy eficaz, dado que con la psicoterapia se confiere al paciente de estrategias para detectar el foco de su problema y los medicamentos ayudan a reducir los síntomas.

Medicamentos para el estrés

A continuación veremos los principales medicamentos para el estrés, agrupados en ansiolíticos, antidepresivos, neurolépticos y simpaticolíticos.

Ansiolíticos

De entre las opciones farmacológicas que existen para tratar los trastornos de la ansiedad, los ansiolíticos son los medicamentos de referencia. De hecho, su propio nombre viene a indicar que están diseñados para tratar el estrés, especialmente cuando éste llega a los niveles patológicos como es el caso de la ansiedad. Estos fármacos controlan los síntomas físicos, como por ejemplo temblores, sudoración o taquicardia.

Su mecanismo de acción consiste en deprimir el sistema nervioso central, lo cual provoca la reducción de la ansiedad sin necesidad de adormecer a la persona, aunque técnicamente se pueden usar estos medicamentos con esa finalidad. Dentro del grupo de los ansiolíticos, podemos encontrar los barbitúricos y las benzodiacepinas.

1. Barbitúricos

Los barbitúricos son un tipo de fármacos que actúan bajando el nivel de actividad del sistema nervioso central, dando como principal efecto un estado de relajación generalizada en el organismo, aunque a dosis moderadas y altas inducen a la sedación.

Pese a ser eficaces, estos fármacos son conocidos por su peligrosidad, dado que además de ser muy adictivos, una sobredosis puede suponer la muerte. Es por este motivo que su uso se ha ido reduciendo a lo largo de las décadas, y no son pocos los psiquiatras quienes desaconsejan su prescripción.

Los barbitúricos pueden utilizarse como segunda opción para el tratamiento del insomnio cuando las benzodiacepinas no han dado buenos resultados con un paciente quien sufre problemas de sueño.

2. Benzodiacepinas

Las benzodiacepinas, al igual que con los barbitúricos, inducen a la depresión del sistema nervioso central, disminuyendo la excitabilidad nerviosa. A dosis bajas calma la persona, mientras que a dosis altas inducen al sueño y se utilizan como tratamiento para los trastornos del sueño.

En los trastornos de ansiedad y estrés generalizado sirven para reducir los síntomas ansiógenos durante unas horas. Este efecto es beneficioso a corto plazo pero se corre el riesgo de que el paciente haga un uso poco responsable del fármaco, volviéndose adicto al consumirlas muy seguido, además de que sin psicoterapia no ayudan a solucionar la fuente del problema.

El consumo sostenido y habitual de las benzodiacepinas hace que el organismo se habitúe a este tipo de fármacos, haciendo que con el paso del tiempo sea más difícil inducir a un estado de relajación, y contribuyendo a que el paciente tienda a incrementarse la dosis.

Además de para el estrés y el insomnio, las benzodiacepinas también son prescritas para los dolores musculares.

Algunos ansiolíticos y sus indicaciones

Dado que los barbitúricos han sido cada vez menos usados, las benzodiacepinas han ido ganando mayor protagonismo como principal opción terapéutica para el estrés, y ahora vamos a ver los usos de algunas de ellas.

El clonazepam es utilizado para el tratamiento de la fobia social y el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG). El alprazolam, también conocido por su nombre comercial, Xanax, se usa para las crisis de pánico, indicación compartida con el lorazepam, y también el TAG. La buspirona también es usado para el TAG, aunque sus efectos terapéuticos no son inmediatos. El paciente deberá consumirla por lo menos durante dos semanas para empezar a ver resultados.

Otra de las benzodiacepinas más conocidas es el Valium, fármaco el cual altera la transmisión de los impulsos nerviosos, lo cual fomenta que disminuya el tiempo necesario para dormirse, hace que el sueño sea más largo y, además, disminuye la fase REM.

El Valium también reduce la presión arterial y la frecuencia cardíaca, los dos síntomas fisiológicos principales del estrés cuando éste aparece.

Precauciones

Dado que inducen el sueño, los ansiolíticos no están indicados para ser usados antes de manejar maquinaria pesada, como vehículos. En caso de no respetarse esta contraindicación, se corre un elevado riesgo de sufrir un accidente de tráfico.

Las mujeres que estén tratando de quedarse en estado no deberían consumir estos fármacos, a no ser que su médico o psiquiatra vea que los beneficios de su consumo va a superar los posibles riesgos. Se ha visto que los ansiolíticos pueden reducir de forma significativa la esperanza de vida de personas que se encuentren en la tercera edad.

Antidepresivos

El nombre de los antidepresivos puede dar la idea errónea de que su única finalidad es la de tratar los síntomas de la depresión, algo que no es del todo así. Estos fármacos también se utilizan para otros problemas psicológicos, y entre ellos están el estrés y los trastornos de ansiedad. Generalmente los antidepresivos prescritos para la ansiedad se empiezan a administrar a dosis bajas, para irlos incrementando de forma progresiva.

El motivo de ello es su mecanismo de acción, el cual contribuye a que se incrementen los niveles de serotonina en el sistema nervioso central. Este neurotransmisor es clave para manifestar eutimia, es decir, presentar unos cambios en el estado de ánimo saludables, los cuales van desde la tristeza no patológica hasta la alegría, sin llegar a un estado maníaco.

Al igual que sucede con las benzodiacepinas, los antidepresivos que se prescriben varían en función del tipo de trastorno que sufre la persona y su grado de intensidad.

1. Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS)

Este tipo de antidepresivos incrementan los niveles de serotonina entre las neuronas, fomentando la regulación de la ira, la agresividad y cambios orgánicos como la temperatura corporal, la frecuencia del latido cardíaco…

Los ISRS se utilizan, además de para la depresión, varios trastornos de la ansiedad, como el TAG, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y fobia social, y también los trastornos de conducta alimenticia (TCA) y la eyaculación precoz. Los ISRS más utilizados son la fluoxetina, el escitalopram, el citalopram, la paroxetina y la sertralina.

Si bien son eficaces para todos los trastornos que hemos mencionado, cabe destacar que tienen efectos secundarios, que se suelen presentar entre la primera y cuarta semana de inicio del tratamiento. Entre los más comunes se encuentran náuseas, vómitos y otros problemas gastrointestinales como diarrea. Problemas del sueño como la somnolencia y, paradójicamente, el insomnio. También pueden darse dolores de cabeza, episodios de bruxismo, es decir, rechinar los dientes.

2. Antidepresivos tricíclicos

Los antidepresivos tricíclicos fueron originalmente sintetizados como tratamiento para alergias, aunque posteriormente se descubrió que tenían efectos terapéuticos para la psicosis y la depresión.

Este tipo de antidepresivos, cuya estructura química se compone de tres anillos, impiden la recaptación de serotonina y noradrenalina, haciendo que haya mayor cantidad en la hendidura sináptica y regulando, consecuentemente, el estado de ánimo.

Es por ello que no únicamente sirven para la depresión, sino también para los trastornos de la ansiedad dado que, al igual que pasa con los ISRS, ayudan a tener un estado de ánimo eutímico.

Sin embargo, también tienen efectos secundarios, mayormente debidos a sus efectos anticolinérgicos sobre el organismo. Esto supone que pueda aparecer broncodilatación, problemas cardíacos, además de disfunción sexual e incremento de peso.

3. Inhibidores de la monoamino-oxidasa (IMAO)

Su mecanismo de acción es el de bloquear la acción de la enzima de la monoamino-oxidasa. Tienen efectos sobre el estado del ánimo similares a los antidepresivos descritos anteriormente.

La principal precaución de este tipo de fármacos es el evitar el consumo de alimentos que contengan tiramina, sustancia la cual se presenta en altas cantidades en fermentados como el queso y los encurtidos. Si se consumieran, la interacción de los IMAO con la tiramina podría suponer que se diera un accidente cerebrovascular.

Neurolépticos

Los neurolépticos, más conocidos como antipsicóticos, también son prescritos para los problemas de estrés y ansiedad, siempre y cuando sean consumidos en dosis bajas. Algunos de los más conocidos son la risperidona, la quetiapina y la olanzapina, usados para el TAG, el TOC y las crisis de pánico.

Pese a su efectividad con este tipo de trastornos, no se consideran una buena opción en comparación con las benzodiacepinas y algunos antidepresivos, dado que tienen efectos secundarios especialmente graves. Es por ello que su prescripción se hace solo cuando las otras opciones no parecen estar funcionando, o que la persona haya sido diagnosticada de un trastorno especialmente grave como es la esquizofrenia.

Simpaticolíticos

Los simpaticolíticos ejercen su acción sobre el sistema nervioso simpático, mediante la reducción de la actividad catecolaminérgica. Es por ello que su principal uso es el de ser prescritos como hipertensivos, aunque también se indican para problemas de ansiedad, siendo fundamentalmente el TAG, el trastorno de pánico y el trastorno por estrés postraumático (TEPT). Los fármacos que se engloban dentro de este grupo son los siguientes:

1. Betabloqueantes

Como su propio nombre indica, estos fármacos bloquean los receptores beta-adrenérgicos. Esto supone el control sobre manifestaciones somáticas asociadas a este tipo de receptores, que implican al sistema nervioso simpático, como la palpitación, temblores, sudoración excesiva, taquicardia y sofocos.

Sin embargo, este mecanismo solo afecta a las manifestaciones del estrés más fisiológicas que psicológicas, es decir, calman lo físico pero no reducen, por ejemplo, las ideas anticipatorio o el perfeccionismo propio del TOC. Su acción es meramente sintomática.

2. Agonistas adrenérgicos alfa-2

Fundamentalmente son la guanfacina y la clonidina, fármacos que actúan sobre los receptores noradrenérgicos. Esto hace que se inhiba la activación de neuronas que están asociadas a síntomas del trastorno de pánico y otros problemas de ansiedad.

Inhibidores selectivos de la recaptación de GABA

Actúan sobre el principal neurotransmisor del sistema nervioso central: el GABA. Dentro de los inhibidores selectivos de la recaptación del GABA podemos encontrar los antiepilépticos, tradicionalmente usados para la epilepsia, como lo son la gabapentina y la pregabalina, útiles para tratar síntomas ansiógenos.

Referencias bibliográficas:

  • Varcarolis. E (2010). Manual of Psychiatric Nursing Care Planning: Assessment Guides, Diagnoses and Psychopharmacology. 4th ed. New York: Saunders Elsevier. p 109.
  • Baldwin, D. S et al. (2014). Evidence-based pharmacological treatment of anxiety disorders, post-traumatic stress disorder and obsessive-compulsive disorder: A revision of the 2005 guidelines from the British Association for Psychopharmacology. Journal of Psychopharmacology. 28 (5): 403–439.