Recuerdo perfectamente aquella mañana en el campo de entrenamiento. El sol apenas comenzaba a calentar el césped y el equipo terminaba su sesión física. Entre ellos estaba Diego, un joven futbolista de 17 años, talentoso, disciplinado… y visiblemente frustrado.
Se acercó a mí con el ceño fruncido y el cuerpo tenso. “No entiendo por qué en los entrenamientos todo sale bien, pero en los partidos mi cabeza se apaga”, me dijo. No era falta de esfuerzo, ni de técnica. Era falta de entrenamiento mental. En ese instante supe que lo que necesitaba no era más trabajo físico, sino una rutina interna tan estructurada como la que seguía para su cuerpo.
El otro entrenamiento que nadie ve
Durante años, muchos deportistas han creído que la clave del rendimiento está únicamente en los músculos, la velocidad o la resistencia. Pero lo que realmente separa a un buen jugador de un gran competidor es su capacidad para mantener la mente estable bajo presión. Un Coach Deportivo no solo enseña estrategias o tácticas; también acompaña a los deportistas a entrenar lo más difícil de controlar: los pensamientos, las emociones y el foco.
Diego, como tantos otros, había perfeccionado su técnica, su físico y su nutrición, pero nunca había dedicado tiempo a fortalecer su atención, su autoconfianza o su diálogo interno. No sabía cómo entrenar su mente. Cuando fallaba un pase, se castigaba. Cuando escuchaba las críticas, dudaba. Cuando el partido se complicaba, perdía la calma. Todo eso era entrenamiento pendiente.
Como Coach Mental, le propuse crear una rutina invisible, una preparación psicológica tan rigurosa como la física. Así nació su “entrenamiento mental diario”: tres bloques que aplicamos todos los días, incluso los domingos.
1. Entrenar el foco: la mente en el presente
El primer bloque era el entrenamiento de foco. Le pedí que eligiera un momento del día para observar su respiración durante dos minutos, sin cambiar nada, solo observando. Su objetivo no era “relajarse”, sino entrenar la capacidad de volver al presente cuando la mente se distrae.
Con el tiempo, ese simple ejercicio cambió su manera de jugar. En lugar de enredarse con el error anterior o con el marcador, aprendió a anclarse en lo único que podía controlar: el siguiente movimiento. Esa es una de las herramientas más potentes del coaching mental deportivo: ayudar al atleta a redirigir su atención al presente una y otra vez, hasta que la concentración se vuelve automática.
Le expliqué que el foco se entrena igual que los músculos. Si cada día haces repeticiones mentales de volver al presente, fortaleces la atención. Si no lo haces, se debilita. Lo mismo que en el gimnasio.
2. Reprogramar el diálogo interno: del juicio a la confianza
El segundo bloque se centró en entrenar la autoconfianza. Diego se hablaba mal. Se decía cosas que nunca le diría a un compañero: “Eres un desastre”, “otra vez lo arruinaste”, “no estás al nivel”. Esa voz interna lo desgastaba más que cualquier rival.
Le propuse un ejercicio sencillo: después de cada entrenamiento debía escribir tres cosas que había hecho bien. No “perfectas”, sino “bien”. Podía ser un pase, una decisión rápida o incluso su actitud al recuperar el balón. Al principio le costaba. “No sé qué poner”, me decía. Pero con el tiempo, su mente comenzó a buscar evidencias de mejora en lugar de errores.
Este tipo de prácticas, frecuentes en el coaching mental, ayudan a reeducar el pensamiento para construir confianza desde la evidencia, no desde la ilusión. No se trata de repetir frases vacías, sino de registrar logros reales. Cuando el cerebro los reconoce, refuerza el circuito de la motivación deportiva y la seguridad en uno mismo.
Como en el gimnasio, la constancia es la clave. No basta con hacerlo un día. Se necesita repetición diaria para que la mente empiece a creer lo que antes dudaba.
3. Visualización: entrenar el partido antes del partido
El tercer bloque fue la visualización guiada. Cada noche, antes de dormir, Diego cerraba los ojos y se imaginaba en distintas situaciones del juego: controlando el balón con calma, tomando buenas decisiones bajo presión, celebrando un gol con confianza. No se trataba de soñar, sino de entrenar su cerebro para anticipar emociones y respuestas.
La neurociencia deportiva demuestra que el cerebro no distingue entre lo que imagina y lo que experimenta físicamente. Cada visualización activa las mismas zonas cerebrales que un entrenamiento real. Por eso, cuando llegaba el partido, su mente ya había “jugado” antes. Había practicado cómo mantener la calma, cómo responder al error y cómo conectar con su mejor versión.
Este tipo de herramientas no son místicas, son parte del entrenamiento invisible que muchos deportistas de élite ya utilizan. Nadal lo hace. Messi también. No solo entrenan su cuerpo, entrenan su mente con la misma disciplina.
Los padres también entrenan (aunque no lo sepan)
En muchos casos, los padres de jóvenes deportistas no son conscientes del impacto que tienen sus palabras y actitudes en la mente de sus hijos. Cuando un padre dice “tienes que hacerlo perfecto” o “no te pongas nervioso”, sin querer está generando presión.
El acompañamiento familiar es fundamental. Los padres pueden contribuir al entrenamiento mental de sus hijos reforzando el proceso más que el resultado: felicitando el esfuerzo, la constancia o la calma, incluso más que la victoria. Esa mirada reduce la ansiedad y favorece la autoconfianza.
Como Coach Deportivo, siempre recuerdo a las familias que entrenar la mente es también entrenar el entorno. El deportista necesita un ambiente emocional estable, donde el error no se castigue, sino que se analice. Donde el foco no sea solo ganar, sino aprender a manejar la presión.
La disciplina mental: la clave del alto rendimiento
Con el paso de los meses, la transformación de Diego fue evidente. No cambió su velocidad ni su fuerza, cambió su mentalidad. En lugar de preocuparse por cada error, empezó a observarlos como datos. En lugar de buscar validación externa, empezó a confiar en su proceso. Y lo más importante: aprendió que su mente podía entrenarse igual que su cuerpo, con constancia, repeticiones y descanso.
Hoy, cuando lo veo en el campo, noto algo distinto en su mirada. No juega para demostrar, juega para disfrutar. Su rendimiento mejoró, pero lo que realmente cambió fue su manera de estar presente. Eso es lo que hace el coaching mental deportivo: convertir el talento en equilibrio, y la presión en energía útil.
Entrenar lo invisible para ganar lo esencial
Muchos deportistas siguen buscando la mejora en lo visible: más horas, más gimnasio, más técnica. Pero el verdadero salto está en lo invisible: cómo piensan, cómo se hablan y cómo gestionan lo que sienten.
Entrenar la mente como entrenas el cuerpo no es un lujo, es una necesidad. Porque cuando la mente está fuerte, el cuerpo responde con confianza, claridad y disfrute. El músculo más importante no está en las piernas ni en los brazos. Está en la cabeza. Y como todo músculo, también necesita entrenamiento, descanso y cuidado. Así que, la próxima vez que termines un entrenamiento físico, pregúntate: ¿Ya entrené también mi mente hoy?


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