Estigma, culpa, vergüenza, miedo, negación, falta de apoyo… Son muchas las razones por las que una persona adicta —ya sea a una sustancia, al juego o a las pantallas— no es capaz de pedir ayuda. Pero, sin duda, es el rechazo y el temor a ser señalado lo que más dificulta recurrir a un profesional. No es lo mismo decir "tengo una depresión" que "tengo un problema con la cocaína", señala en conversación con Psicología y Mente Gemma Maudes, psicóloga y subdirectora del Área de Drogas, Género y Familias de la Fundación Salud y Comunidad, en España. Y el motivo, añade, es que en la adicción está el estigma de "te lo has buscado". "Aceptamos que la persona es responsable de sufrir la enfermedad", lamenta, para concluir que esto "favorece" que las personas tengan "más reticencias" a pedir ayuda.
A principios de los años ochenta, dos psicólogos, James O. Prochaska y Carlo DiClemente, desarrollaron un modelo teórico que define las fases del cambio, en las que encontramos la explicación de por qué a una persona con adicciones le cuesta recurrir a un especialista. Por un lado, existe la fase precontemplativa, en la que la persona no es capaz de detectar qué le sucede, lo niega o lo minimiza. Y después está la llamada fase contemplativa, en la que el individuo empieza a tomar conciencia y piensa en la posibilidad de cambiar, aunque oscila entre hacerlo o no. Para el psicólogo español David Gonzalo González, más conocido en redes como David Lema, en la primera fase el adicto cree que "todos los demás están locos"; en la segunda, empieza a darse cuenta de que su vida "va a peor": "Sabe que tiene un problema, pero no sabe cómo actuar". En muchas ocasiones, la persona adicta acaba acudiendo al especialista empujada por el entorno y la familia, que son quienes mejor detectan lo que está sucediendo.
El proceso de cambio no es fácil y, como definen Prochaska y DiClemente, no es algo que suceda de la noche a la mañana. Este modelo incluye distintas fases, como la planificación del cambio, el paso a la acción, el mantenimiento y las recaídas. Según Maudes, esta última "se vive como un fracaso", aunque también puede verse como "una oportunidad para analizar qué ha pasado y evitar que vuelva a suceder".
Gonzalo González entiende el proceso como un "fenómeno global", en el que hay que abordar aspectos físicos y psicológicos, pero también sociales: lo que se conoce como "enfoque biopsicosocial". A nivel físico, existen personas más vulnerables que otras, y esto está relacionado, en parte, con "ciertos rasgos de personalidad, como la impulsividad o el neuroticismo"; en el plano psicológico, entran en juego la gestión de las emociones, la salud mental y los traumas pasados, es decir, "el dónde, cuándo y para qué se consume". Y luego está la parte social: el entorno. En este sentido, el psicólogo explica que "hay muchos grupos que validan" la adicción y pone el ejemplo de una persona enganchada al tabaco u otras drogas que está rodeada de fumadores o personas que consumen a diario. "Si no lo haces, eres el raro", añade.
Para Gonzalo González, que dirige el proyecto Conoce tu adicción, lo más importante no es solo dejar la sustancia en sí, sino tener una motivación para hacerlo, ya sea en la vida personal o a nivel de gestión emocional. "Dar más que quitar", lo resume. Por eso recomienda centrarse en las áreas que "motivan" para dejarlo: "Si eres padre, para que no te quiten la custodia de tu hijo, por ejemplo; o lo puedes hacer por la pareja, por la familia, o las madres que están embarazadas, por la vida que van a traer".
Las mujeres adictas, más invisibilizadas
Según el informe Perfil de las adicciones en 2024, de la Red de Atención a las Adicciones UNAD, solo una de cada cinco personas que acuden a tratamiento son mujeres, lo que representa el 22 % del total, frente al 78 % de hombres. La razón no es que las mujeres consuman menos, sino el mayor estigma, las cargas familiares o el miedo al juicio social.
Según Maudes, el consumo entre mujeres está "invisibilizado" y "oculto": "Su sentimiento de culpa es mayor" porque el estigma es "más alto". "No cumplen con lo que la sociedad espera de ellas, están más señaladas que un hombre", añade. Gonzalo González coincide con el diagnóstico y afirma que, pese a que hombres y mujeres "consumen igual", todavía "sigue habiendo prejuicio hacia ellas": "Hay bastantes mujeres que lo viven en silencio".
Pese a esto, el psicólogo explica que, poco a poco, esta situación va cambiando y destaca que, en general, las mujeres tienen "más conciencia" sobre la salud psicológica y emocional: "No tienen tantos prejuicios para ir a terapia", subraya.















