Una sustancia de carácter misterioso cuyos efectos se mezclan con frecuencia con antecedentes de problemas mentales.

Según datos del Plan Nacional sobre Drogas, el 20% de los varones integrados en programas de intervención para aminorar el consumo de sustancias estupefacientes y que conviven en ese tiempo con sus parejas, llevaron a cabo alguna agresión contra ellas durante el año antes de iniciar el tratamiento.

La literatura científica relaciona el consumo de drogas con la aparición y consolidación de diversos trastornos mentales y, en particular, los episodios psicóticos con elementos fundamentales como las alucinaciones y las ideas delirantes persecutorias.

La cultura social de las drogas no oculta, no obstante, un desconocimiento general de sus consecuencias a largo plazo así como los efectos adversos cuando la droga cesa en su efecto. Como todas las sustancias estupefacientes, funcionan con un efecto rebote cuando pasan sus efectos, provocando un aumento de la incidencia negativa en los problemas que precisamente se buscan mejorar. Así es muy corriente el aumento de problemas relacionados con la hostilidad, ansiedad, insomnio y alteraciones de la conducta alimentaria.

El consumo de drogas está detrás de muchos episodios de delincuencia y violencia por su influencia sobre el organismo. El aumento de la violencia, principalmente entre la juventud, puede tener como motivo principal la aparición de nuevas sustancias con un poder estimulante mucho mayor, así como su capacidad adictiva.

¿Es merecida la etiqueta de Droga Caníbal?

En los últimos años la aparición de la llamada “Droga Caníbal” se ha visto relacionada con episodios de violencia de alto impacto que por su especial virulencia llenó páginas de diarios y noticiarios, saltando las alarmas por lo llamativo de los sucesos y la asociación de palabras tan unidas al ideario de terror como caníbal o zombi.

Noticias con elementos alarmantes como violencia, brutalidad, mordeduras, consumo de drogas, agresiones, llevadas a cabo por lo que los medios catalogaron de “depredadores”, llenaron la mente de una sociedad acostumbrada a la triste “normalidad” del consumo de drogas.

Detectada por primera vez en los Estados Unidos, se tuvo conocimiento en un episodio en el que un joven devoró el rostro de un mendigo, siendo abatido por la policía, siendo necesario 6 disparos para frenarle en su frenesí “zombi”. La autopsia del agresor reveló el consumo de una nueva droga de diseño denominada en las calles “ola de marfil” y que se vendía como sales de baño para eludir los controles policiales y venderla de forma legal. Su auge debido a la proliferación de información por medio de las redes sociales, hizo el resto, adoptando ya otras denominaciones como MTV, magic, maddie, black rob, super coke, cielo de vainilla, bendición, droga caníbal o relámpago blanco.

Efectos de la metilendioxipirovalerona

La metilendioxipirovalerona, MDPV, presentaba unos efectos estimulantes en cierto modo parecidos a la cocaína, pero con un poder mucho mayor y más duradero. Con efectos alucinógenos, podía producir alucinaciones, ataques de pánico y psicosis, además de adormecimiento de la boca por el efecto de la lidocaína incorporada a la droga en su fabricación. Actúa como inhibidor de la recaptación de noradrenalina y la dopamina, siendo también utilizada como agente nootrópico por sus efectos estimulantes sobre el sistema nervioso.

El MDPV presenta unos efectos similares a la cocaína pero con una potencia 10 veces mayor como psicoestimulante, presentando unos efectos negativos como toda sustancia estupefacientes basados en las taquicardias, insomnio, mareos, disnea, hipertensión, agitación, delirios, conductas violentas, dilatación de pupilas, confusión, ansiedad y conductas suicidas, hipervigilancia, excitación, exceso de sociabilidad, aumento del deseo sexual, falta de inhibición y disminución de la necesidad de alimentarse o descansar.

Por otro lado, un artículo publicado en el año 2017 en la revista British Journal of Pharmacology, haciendo referencia a una investigación sobre la MDPV llevado a cabo por López-Arnau, Lujan, Duart-Castells, Pubill, Camarasa, Valverde y Escubedo, del Neurobiology of Behaviour Research Group del grupo de investigación del comportamiento de ciencias de la Salud de la Universidad Pompeu y Fabra, muestran que el consumo de dicha sustancia favorece y multiplica los efectos de cualquier otra sustancia estupefaciente en el futuro, especialmente la cocaína.

Comercialización clandestina de MDPV

La MDPV se mueve para su adquisición en el ámbito de la Deep web, a lo que se suma por tanto su carácter de droga misteriosa y no al alcance de cualquiera, susceptible de múltiples engaños, vendiéndose otras sustancias mucho más nocivas en su lugar sin advertir a los consumidores del peligro en el que se ven envueltos.

En el año 2016 en Barcelona, se detectó la venta de unos osos de caramelo impregnados en una sustancia que se vendía como MDPV en unos casos y como Nexus en otros, siendo en realidad otra droga llamada 25N-NBOME o también “la bomba”, responsable de la muerte en Estados Unidos y Australia de varias muertes provocadas por su consumo.

Agresiones de tipo multicasual

Las drogas estimulantes pueden inducir sin duda en personas predispuestas a episodios de agresividad o violencia, pero en el caso de la MDPV no se puede establecer un patrón que nos lleve a asociarlo con conductas caníbales y mucho más, vista la falta de rigor y adulteración en las sustancias que se observa en ese mercado ilegal.

Organismos como el International Narcotics Control Board, informa que detrás del 46% de los episodios de violencia graves asociados al consumo de estupefacientes se encuentran los antecedentes de problemas de salud mental previos.

A modo de conclusión debemos mencionar el peligroso vínculo que se establece entre drogas y diversión, en la que se busca llevar los límites humanos al máximo del riesgo vital donde en muchas ocasiones se acaba por perder la partida.