La forma en que una persona se habla a sí misma puede pasar casi inadvertida y, sin embargo, acompañarla durante buena parte del día. Frases de exigencia, reproches ante el error o juicios sobre el propio valor pueden terminar convirtiéndose en una manera automática de relacionarse con uno mismo. Pero ese diálogo interno no surge de la nada. Comprender cómo se construye y aprender a observarlo permite abrir la puerta a una relación más respetuosa con la propia identidad.
Charlando con Humberto Méndez
Sobre el origen de la autocrítica, la necesidad de aprobación y la posibilidad de construir una autoestima menos dependiente de factores externos hablamos con el psicólogo Humberto Méndez.

Humberto Mendez Trejo
Humberto Mendez Trejo
Psicólogo, licenciado en psicología
¿De dónde suele surgir ese diálogo interno crítico que muchas personas tienen consigo mismas?
Suele tener su origen en la historia vincular de la persona, especialmente en la infancia. Es un diálogo que muchas veces internaliza voces externas: figuras de autoridad, cuidadores, experiencias de crítica, exigencia o invalidación emocional. Con el tiempo, esas voces dejan de ser externas y pasan a formar parte del propio modo de hablarse a sí mismo. No es algo «natural», sino aprendido y repetido.
¿Por qué muchas personas son mucho más duras consigo mismas que con los demás?
Porque han aprendido a vincular su valor personal con el desempeño, la aprobación o el cumplimiento de expectativas. Entonces, cuando fallan, no solo evalúan una conducta, sino que cuestionan su identidad. Además, existe una ilusión de control: ser duro con uno mismo da la sensación de que así se evitarán errores futuros, aunque en la práctica genera más ansiedad y bloqueo que cambio real.
Como psicólogo que trabaja desde la corriente humanista, ¿cómo defines la autoestima?
Desde una mirada humanista, la autoestima no es solo «sentirse bien con uno mismo», sino una relación interna basada en el respeto, la aceptación y la responsabilidad personal. Implica reconocer tanto las capacidades como las limitaciones, sin negarlas ni sobredimensionarlas, y sostener una valoración propia que no dependa completamente de factores externos.
¿Qué es la autoestima consciente y en qué se diferencia de una autoestima construida a base de validación externa?
La autoestima consciente es aquella que la persona observa, cuestiona y construye activamente. No es automática ni reactiva. En cambio, la autoestima basada en validación externa depende del reconocimiento, la aprobación o el éxito visible. El problema es que esa base es inestable: cuando falta la validación, la autoestima se desmorona. La autoestima consciente, en cambio, se sostiene incluso en contextos adversos porque no depende exclusivamente del entorno.
¿Es posible tener una buena autoestima incluso en momentos de fracaso o dificultad? ¿Cómo se construye esa estabilidad interna?
Sí, y, de hecho, ese es el indicador más claro de una autoestima sólida. No se trata de no sentirse mal, sino de no destruirse internamente frente al error. Esta estabilidad se construye desarrollando autoconciencia, diferenciando entre «lo que hago» y «lo que soy», y aprendiendo a responderse con más comprensión que juicio. Es un proceso que requiere práctica, no solo comprensión intelectual.
¿De qué manera influye la forma en que nos hablamos internamente en nuestra salud emocional y bienestar diario?
Influye directamente. El diálogo interno es constante y muchas veces pasa desapercibido. Si ese diálogo es crítico, exigente o descalificador, genera estados emocionales como ansiedad, culpa o frustración de manera sostenida. En cambio, un diálogo más respetuoso no elimina las dificultades, pero sí cambia la forma en que la persona las atraviesa, generando mayor regulación emocional y claridad para actuar.
¿Cómo podemos empezar a identificar y cuestionar ese discurso interno automático cuando empieza a generarnos problemas?
El primer paso es hacerlo consciente. Muchas personas no se dan cuenta de cómo se hablan. Una herramienta simple es preguntarse: «¿Me hablaría así a alguien que quiero?» o «¿Esto que me digo es un hecho o una interpretación?». No se trata de reemplazar el pensamiento negativo por uno positivo de forma forzada, sino de abrir espacio a una mirada más realista y menos castigadora.
¿Qué cambios suelen experimentar las personas cuando aprenden a hablarse con más respeto a través de un proceso psicológico?
Los cambios son bastante profundos. Disminuye la autoexigencia extrema, mejora la regulación emocional, aumenta la sensación de coherencia interna y se toman decisiones desde un lugar más consciente y menos reactivo. También cambia la forma de relacionarse con otros, porque la manera en que uno se trata a sí mismo suele replicarse en los vínculos. En general, la persona deja de vivir desde la autocrítica constante y empieza a vivir desde una mayor aceptación y responsabilidad personal.

Humberto Mendez Trejo
Humberto Mendez Trejo
Psicólogo, licenciado en psicología














