La Inteligencia Emocional agrupa un conjunto de aptitudes que, durante décadas, han sido infravaloradas frente a la versión "oficial" de lo que se supone que es la inteligencia. Pero por suerte, cada vez aumenta más la consciencia de su importancia tanto en el ámbito personal como en el mundo laboral.
Además, a medida que se va investigando más sobre la Inteligencia Emocional, emergen también estrategias para potenciarla mediante programas de entrenamiento. Hoy hablamos con un experto en este aspecto de la gestión de las emociones: Alberto Álvaro Egaña, de ECO Formación.
Entrevista a Alberto Álvaro Egaña: la relación entre el Coaching y la Inteligencia Emocional
Alberto Álvaro Egaña es Consultor y Coach Senior como miembro del equipo de ECO Formación, institución especializada en ofrecer programas de entrenamiento en coaching ejecutivo, capacitación de equipos y competencias directivas. En esta ocasión, hablamos con él sobre el vínculo entre la Inteligencia Emocional y el coaching.
¿Cómo le explicarías a alguien lego en el tema lo que es la inteligencia emocional?
Hemos crecido con el foco puesto en cómo regular las emociones en lugar de en aprender a entenderlas, incluso nos han enseñado a estigmatizadas: sentir rabia es portarse mal, sentir miedo es ser débil… Sin embargo, las emociones son una fuente muy valiosa de información, que nos señala qué nos importa, qué necesitamos y cómo nos relacionamos. Cuando aprendemos a gestionarlas bien, tomamos decisiones más acertadas y construimos relaciones más sanas y respetuosas, tanto en el ámbito personal como profesional.
La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer lo que sentimos, entender por qué lo sentimos y aprender a manejar nuestras emociones, así como comprender las emociones de las personas que nos rodean. No se trata de reprimir lo que sentimos ni de dejar que las emociones nos dominen, sino de escucharlas
¿Consideras que la inteligencia emocional se ha convertido en una competencia esencial tanto en la vida personal como en el entorno laboral? ¿O no todo el mundo necesita poner esfuerzo en desarrollarla especialmente?
Todo aquello que nos ayude a orientarnos, a decidir con más claridad y a relacionarnos de forma más humana en un mundo cada vez más complejo, cambiante y deshumanizado, sí, es esencial.
Tampoco hace falta ser un experto, basta con entender que cuidar la parte emocional nos da más libertad para actuar y mejora nuestra calidad de vida, en cualquier momento de la vida. Aunque cada persona tiene una forma particular de vivir y gestionar sus emociones —marcada por su historia, su familia y su cultura—, no es algo fijo: es una capacidad que se puede aprender, entrenar y desarrollar en el tiempo.
La inteligencia emocional nos ayuda a tomar mejores decisiones, a relacionarnos mejor con los demás y a actuar con mayor claridad y conciencia.
¿Cómo se articula la inteligencia emocional dentro del proceso de coaching? ¿Cuál es el puente conector entre el acto de sentir, comprender y actuar contando con acompañamiento profesional?
Para mí son inseparables. La inteligencia emocional nos da la capacidad de comprender lo que sentimos y lo que pasa en nuestras relaciones. El coaching, en cambio, nos ayuda a tomar esa comprensión y convertirla en acción.
Es como dos mitades de un mismo proceso: la inteligencia emocional abre la puerta y el coaching nos ayuda a atravesarla. Porque si sé lo que siento, pero no hago nada con ello, me quedo en la reflexión; y si actúo sin comprender mis emociones, corro el riesgo de actuar a ciegas. Juntas, las dos disciplinas nos permiten vivir con más consciencia y también con más eficacia.
¿En qué se diferencia el enfoque de Escuela de Coaching Ontológico de otros modelos de desarrollo personal y profesional más tradicionales basados en la inteligencia convencional?
Desde la Escuela de Coaching Ontológico y desde la Escuela Chilena de Coaching creemos que el principal esfuerzo hoy es mantener la propuesta actualizada. Cuando el coaching ontológico nació, hace más de 35 años, el mundo era muy distinto: la forma de relacionarnos, de trabajar y de comprender la vida respondía a contextos más estables y predecibles. Hoy ese mundo ya no existe, y lo que antes funcionaba no siempre da respuesta a los desafíos actuales.
El coaching ontológico va a la raíz: a la manera en que observamos el mundo. No se queda solo en los objetivos o en las acciones, sino que indaga desde qué mirada una persona está diseñando su vida. Dos personas pueden vivir una misma situación y experimentarla de formas muy distintas; lo que cambia no es el hecho, sino la interpretación. El coaching ontológico trabaja justamente ahí, ayudando a transformar esas interpretaciones para abrir nuevas posibilidades de acción.
La principal diferencia con los modelos más tradicionales basados únicamente en la inteligencia convencional es que la ontología no reduce al ser humano a su capacidad de razonamiento. Nos comprende como observadores integrales, donde lenguaje, emocionalidad y corporalidad están siempre en juego.
Por supuesto, trabajamos con objetivos y planes de acción, porque sin acción no hay coaching. El coaching ontológico es tan ejecutivo como cualquier otro enfoque. La diferencia es que no nos quedamos solo en el “qué hacer”, sino que exploramos desde dónde lo hace y esa profundidad es la que permite que los cambios sean más sostenibles
Teniendo en cuenta que eres ya un veterano en el sector, ¿qué impacto concreto has visto del coaching con base emocional en contextos empresariales como equipos de liderazgo o gestión del cambio? ¿Qué cambios observas en los líderes que aprenden a reconocer y gestionar sus emociones de forma consciente?
En las empresas, los conflictos son constantes, necesarios e inevitables. Lo importante no es evitarlos, sino aprender a gestionarlos de manera que no destruyan la confianza. El coaching ofrece un marco para que los equipos hablen de lo que normalmente callan, para que aprendan a escucharse y a coordinarse de una manera más efectiva. He acompañado equipos que estaban al borde de la ruptura y que, a través del coaching, encontraron un nuevo modo de relacionarse. Los conflictos no desaparecen, pero dejan de ser un obstáculo y se convierten en una fuente de crecimiento y aprendizaje colectivo.
Las empresas hace mucho que han descubierto que no basta con resultados fríos. El rendimiento depende de personas, y las personas funcionan mejor cuando se sienten escuchadas, reconocidas y capaces de aprender. El coaching ha pasado de ser visto como un lujo a ser reconocido como un factor estratégico, es un acelerador, convierte la cultura en un terreno fértil para la innovación, reduce el desgaste relacional innecesario y multiplica el rendimiento.
He visto líderes que, al conectarse con sus emociones, pasan de dirigir equipos a inspirarlos. En procesos de cambio organizacional, un líder emocionalmente inteligente reduce la resistencia y multiplica el compromiso. Diría que cuando un líder se permite sentir, su equipo se permite participar.
El cambio es incómodo por definición. El coaching convierte ese vértigo en aprendizaje y abre oportunidades. A nivel personal ayuda a mirar distinto, a salir de la parálisis, a convertir la resistencia en acción. Y a nivel organizativo convierte la incertidumbre en cultura adaptativa. En tiempos donde el cambio es la única constante, el coaching es el lenguaje que permite transitarlo sin romperse.
¿Y en el plano personal? ¿Qué tipo de transformación te parece más poderosa cuando una persona se entrena en coaching con foco en la inteligencia emocional?
La transformación más poderosa es cuando la persona descubre que no necesita pelear con sus emociones, que puede habitarlas, escucharlas y transformarlas en guías en vez de en obstáculos y esta “paz” se traduce en más autoconfianza, más calma, más coherencia entre lo que siente, dice y hace. Es la experiencia de volver a casa: ser uno mismo sin miedo.
Un proceso de coaching es, ante todo, un viaje de conversaciones transformadoras. No se trata de dar consejos ni de ofrecer soluciones prearmadas. Se trata de crear un espacio seguro y profundo donde la persona pueda explorarse, hacerse preguntas que nunca se había hecho y reconocer los límites que antes parecían invisibles. Se trabaja con escucha atenta, con preguntas que invitan a reflexionar y con la valentía de desafiar creencias que ya no sirven. El coach acompaña, no dirige, sostiene, pero nunca reemplaza la responsabilidad de la persona.
El resultado es que el coachee descubre caminos propios, encuentra claridad donde había confusión y toma decisiones desde un lugar mucho más auténtico. El coaching ontológico no enseña qué hacer, enseña a mirar distinto para decidir mejor.
Partiendo de la base de que varios estudios indican que la inteligencia emocional está muy relacionada con la inteligencia lingüístico-verbal, en tu opinión, ¿qué lugar ocupa la conversación genuina en un mundo donde muchas veces se prioriza la reacción rápida por encima de la escucha profunda?
Ocupa un lugar central, aunque paradójicamente cada vez más escaso. Vivimos en un mundo que nos ha empujado a conversar en clave de titulares, consignas rápidas y respuestas inmediatas. Predomina la reacción por sobre la reflexión, la opinión veloz por sobre el argumento, y eso empobrece no solo el lenguaje, sino también la experiencia emocional y relacional. Hoy hablamos mucho, pero conversamos poco. La conversación genuina no es solo intercambio de información; es el espacio donde se ordenan las emociones, se construye sentido y se abren posibilidades de acción.
La inteligencia emocional necesita del lenguaje para volverse consciente, y el lenguaje cobra profundidad cuando está conectado con lo que sentimos. Cuando esa conexión se pierde, aparecen conversaciones funcionales pero vacías, o emocionalmente intensas, pero conceptualmente pobres. La conversación genuina integra ambas cosas: permite decir lo que pasa, escuchar lo que el otro trae y co-crear nuevas miradas.
Este es un mundo muy necesitado de conversaciones reales y genuinas. Conversaciones que no busquen ganar, reaccionar o impresionar, sino comprender, escuchar y pensar juntos.
En contextos personales y organizacionales, recuperar conversaciones genuinas es clave para la confianza, el aprendizaje y la coordinación efectiva. Lejos de ser un elemento menor, la calidad de las conversaciones es una competencia estratégica. Allí donde hay buenas conversaciones, las decisiones son más sólidas, las relaciones más confiables y los resultados más sostenibles.
Dentro de poco celebraréis el décimo aniversario de la Escuela. ¿Qué aprendizajes clave recoges tras una década formando coaches que hoy acompañan procesos en todo tipo de contextos?
En la Escuela Chilena de Coaching tras una década formando coaches, el mayor aprendizaje no ha sido técnico, sino profundamente humano: el coaching no se enseña, se contagia. Ocurre en la práctica viva, en el entrenamiento sostenido, en el error acompañado y en esas conversaciones que, sin hacer ruido, cambian la manera en que una persona se mira y mira el mundo.
Hemos aprendido que el coaching ontológico sigue teniendo una fuerza enorme porque conecta con algo esencial: las personas no buscan solo herramientas, buscan sentido, coherencia y espacios donde poder pensar y sentirse sin máscaras. En un tiempo dominado por la prisa y la superficialidad, formar coaches con presencia, criterio y profundidad se ha vuelto casi un acto contracultural.
Y hemos comprobado que un coach bien formado se convierte en un verdadero agente de cambio, capaz de impactar en organizaciones, comunidades y procesos personales con ética, presencia y profundidad.
Este décimo aniversario no es solo una celebración del tiempo recorrido. Es una celebración de las personas que han hecho posible esta historia: diez años de formación continua, cientos de coaches ejerciendo en distintos países y un proyecto sostenido por un equipo numeroso y excepcional, liderados con visión, cuidado y coherencia por Miriam Gomáriz y Cota Rodríguez Baquedano.
Nuestro prestigio nace del equilibrio entre rigor, cercanía y pasión, y de una vinculación cada vez más sólida con los estándares de la EMCC, la AICM , FICOP y seguiremos afianzando las relaciones con el resto de acreditadoras Quien se suma hoy a la Escuela no entra solo a una formación, sino a una historia viva que sigue creciendo.


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