Un movimiento social que nos hace reconsiderar lo que es una víctima. Wikimedia Commons.

La historia se escribe con letras mayúsculas gracias a sus fases de transición y crisis. El conflicto, la protesta y la toma de conciencia empodera a la sociedad para reescribir sus cimientos y hacer emerger una nueva estructura de pensamiento, sentimiento y acción.

Nuestra época actual, en particular, impregnada por un fenómeno de denuncia social, se muestra vibrante, a la par que desafiante. Da la sensación que se está “cociendo” algo. Algo que quiere trascender los límites del sistema imperante. Para muchos intelectuales, estamos viviendo un momento extraordinariamente histórico.

En este artículo, en conversación con Hernández Psicólogos, veremos cómo estos momentos de lucha social nos ayudan a reinterpretar el concepto de víctima en lo relativo a los incidentes traumáticos.

Una época de empoderamiento de las víctimas

Movimientos como el #MeTo, el feminismo o la legislación de memoria histórica dan buena cuenta del cariz reivindicativo del presente. Y, al mismo tiempo, sirven como portavoces para enfocar el “drama humano”, tanto el inmediato y cotidiano como el de antaño.

Esta época de crisis, por tanto, facilita la expresión y el reconocimiento del daño recibido, honrando nuestra condición, al menos pasada, de víctimas.

Este caldo de cultivo sociocultural, por tanto, no sólo grita “¡Ya basta!” sino que, además, permite dar la cara para poder compartir un “yo fui víctima de…” o un “yo pasé por…”. Está comenzando a surgir en nosotros la necesidad de tomar conciencia y de compartir algo doloroso de nuestro pasado. O, incluso, el impulso de poner límites a una situación actual francamente incómoda e incompatible con nuestros valores personales.

¿Cómo se aborda este malestar desde la terapia?

En Hernández Psicólogos aplauden la llegada de esta “crisis íntima”, pese a su malestar y desesperación inherentes, ya que, debido a su formación especializada en este fenómeno y a su experiencia psicoterapéutica, saben qué significa, cuál es su potencial para el crecimiento personal y cómo abordarlo.

Sin embargo, dar voz al sufrimiento no contado, ya sea en forma de abusos sexuales, malos tratos físicos y psicológicos, mobbing, acoso escolar, etc.; debe ajustar a una metodología muy particular. En este sentido, su modelo de trabajo psicoterapéutico a la hora de abordar “incidentes traumáticos”, del tipo que sea, cumple con estas condiciones que vermos a continuación.

1. Se escucha sin prejuzgar

La persona que desea compartir su historia tiene el derecho de recibir un trato basado en la aceptación incondicional, el no juicio y la autenticidad.

Dicha persona tiene el coraje de pedir ayudar para “digerir” una situación dolorosa previamente no compartida y este honor para el terapeuta se traduce en una garantía de respeto, compromiso y confidencialidad.

2. La persona tiene el derecho a sentirse con el control de su proceso experiencial

Cada persona es dueña de sus palabras, reina de su tiempo y espacio, protagonista de su historia, y tanto el psicoterapeuta como la relación terapéutica están a su servicio.

El incidente traumático puede relatarse a través de palabras o usando procedimientos “no verbales”: ser contado por escrito, mediante un dibujo, empleándose la música, movimientos corporales, etc.

La especialización de Hernández Psicólogos los ha llevado a formarse en diversos enfoques terapéuticos, como la arteterapia, la caja de arena, la terapia sensoriomotriz, el EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing), el psicodrama, etc; buscando el empoderamiento de la persona y la flexibilidad del proceso de narración.

Además, existe la opción psicológica de facilitar el reprocesamiento cognitivo y emocional de la experiencia traumática sin necesidad de compartir nada de lo ocurrido, debido a la potencia terapéutica de procedimientos como el EMDR o el Focusing, por ejemplo.

3. La persona tiene el derecho a compartir el incidente traumático de manera “integrada”

El ser humano puede considerarse como una constelación de experiencias, recursos y relaciones. Esta riqueza puede condensarse en la formación de un sistema interno de “partes”, pudiendo existir dentro de nosotros más de un “yo”: un niño interior asustado, un adolescente rebelde, un adulto eficiente y responsable, etc.

En Hernández Psicólogos honran tanto la experiencia de la persona como su proceso emocional presente y su idiosincrasia individual, de forma que la narración y el reprocesamiento del acontecimiento doloroso se hará teniendo en cuenta las necesidades y los miedos y recursos de todas las partes del sistema interno, desde la amabilidad y la curiosidad, sin forzar a nada ni a nadie.

4. La persona tiene el derecho de compartir su historia sin riesgo de ser “retraumatizada”

Tan importante como el qué es el cómo. El relato del incidente traumático será monitorizado, momento a momento, por el psicoterapeuta, asegurándose este de no facilitar el acceso a un estado de terror o rabia extremo (hiperactivación) ni a una situación de desconexión y entumecimiento (hipoactivación).

Es tarea del psicoterapeuta acompañar a la persona en este proceso de manera que se pueda mantener en un rango de experiencia doloroso pero saludable, que facilite su liberación; en términos neurocientíficos, en una “ventana de tolerancia de activación óptima”.

La persona, en definitiva, nunca se sentirá inundada ni superada por su experiencia en presencia del psicoterapeuta, pudiendo llevarse “a casa” tanto herramientas de autorregulación emocional como de regulación relacional, debido al énfasis que en Hernández Psicólogos se otorga a la llamada Inteligencia Emocional.

5. La persona tiene derecho a recibir un tratamiento “contextualizado”

La persona que carga con una historia traumática no es un islote aislado en el mar. Forma parte, por naturaleza, a una red de relaciones, de corte familiar, de pareja, laboral y/o social. La revelación del incidente ha de hacerse teniendo en cuenta la realidad social de la persona, así como el momento presente de la persona.

En Hernández, te apoyan en tu proceso de narración y liberación de tu pasado, pero sin perder de vista ni el presente ni tu momento socioafectivo y laboral actual. Para ello, su formación y especialización también se basan en enfoques psicoterapéuticos basados en el Mindfulness o Atención Plena y en Terapia Sistémica, siendo expertos en dinámicas de relaciones de familia y pareja.

El coraje y la sensibilidad que demuestra una persona que desea, no sólo compartir, sino integrar y sanar un recuerdo traumático reclama, por su parte, un ejercicio de honradez, responsabilidad y compromiso, donde el “cómo” y el “quién” están por encima del “qué” y el “por qué”.

Concluyendo

Si sientes que has conectado con esa necesidad interna de compartir una historia terrible, en Hernández Psicólogos apuestan por el cuidado y el desarrollo de esa experiencia que está emergiendo en tu mente y cuerpo y, sobre todo, quieren darte su aliento, desde su formación, experiencia y dedicación vocacional. No sólo ofrecen un tratamiento psicológico especializado para tu problema, sino ajustado a tu persona, tu historia y tu momento actual.

No olvides que tú eres mucho más que tu historia, por mucho que esta haya condicionado tu experiencia. Tú, además, estás por encima de tu proceso, por muy confuso y angustiante que este sea. En última instancia, mereces alcanzar todo tu potencial, pudiendo trascender tu rol de víctima y conectando con tu capacidad innata para amar, apasionarte y descubrir.