Buscar datos por Internet nos hace creer que somos más listos, según un estudio

¿Sobrevaloramos nuestra inteligencia por tener mucha información disponible?

Adrián Triglia

Adrián Triglia

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Los motores de búsqueda de Internet y las páginas web enciclopédicas son una poderosa herramienta a la hora de encontrar todo tipo de información en cuestión de segundos. Sin embargo, nuestra relación con el mundo cibernético no es sólo unidireccional. También nosotros nos vemos afectados por el uso que hacemos de Internet, aunque no nos demos cuenta de ello. Por ejemplo, un reciente artículo publicado en la Journal of Experimental Psychology sugiere que el simple hecho de utilizar la red para acceder a información podría estar haciendo que nos consideremos más listos de lo que realmente somos.

Los investigadores Matthew Fisher, Mariel K. Goddu y Frank C. Keil, de la Yale University, creen que el simple hecho de percibir que somos capaces de acceder a cantidades masivas de información rápidamente a través de aparatos electrónicos nos hace más propensos a sobreestimar nuestro nivel de conocimientos. Esta hipótesis se encuentra respaldada por una de sus últimas investigaciones, en la que se experimentó con personas que buscaban datos en internet de manera activa y otras que no tenían esa posibilidad. 

Las distintas variantes del experimento muestran cómo el simple hecho de haber efectuado una búsqueda por Internet es suficiente para que los participantes sobrevaloren significativamente su capacidad para retener y utilizar información sin consultar en la red.

Preguntas y escalas

La investigación de Fisher y su equipo empezó con una primera fase en la que una serie de preguntas fueron formuladas a los voluntarios. Sin embargo, a algunas de estas personas no se les dejó usar ninguna fuente de información externa, mientras que el resto tenía que buscar una respuesta por Internet para cada pregunta. Una vez pasada esta fase, se les pasaron a los voluntarios nuevas preguntas relacionadas con temas que no tenían nada que ver con lo que se les había preguntado anteriormente. Los participantes tenían que puntuar en una escala del 1 al 7 el grado en el que se creían capaces de dar explicaciones a preguntas relacionadas con la temática de cada uno de los interrogantes planteados.

Los resultados extraídos del análisis estadístico mostraron cómo las personas que habían consultado Internet eran significativamente más optimistas a la hora de puntuarse a sí mismas en capacidad para ofrecer explicaciones sobre los temas tratados en las preguntas.

Sin embargo, para complementar los resultados obtenidos, los investigadores decidieron crear una variante más completa del experimento en la que, antes de tener la posibilidad de buscar una respuesta a una pregunta con o sin la ayuda de internet, todos los participantes tenían que puntuar su percepción del propio nivel de conocimientos con una escala entre el 1 y el 7, de la misma manera en la que lo tendrían que hacer en la última fase del experimento. 

De este modo se pudo comprobar que en los dos grupos experimentales (la gente que usaría Internet y la que no) no había diferencias significativas en la manera de percibir el propio nivel de conocimientos. Era después de la fase en la que algunas personas buscaban información en la red cuando surgían estas diferencias.

Más experimentos al respecto

En otra versión del experimento los investigadores se centraron en asegurarse de que los miembros de los dos grupos viese exactamente la misma información, para ver de este modo cómo influye en las personas el simple hecho de buscar datos por Internet de manera activa, independientemente de lo que se encuentre. 

Para ello, a algunas personas se les dieron instrucciones acerca de cómo ir a buscar información específica sobre la pregunta a una web en concreto donde se encontraban esos datos, mientras que al resto de personas se les mostraron directamente esos documentos con la respuesta, sin darles la posibilidad de buscarla por ellos mismos.las personas con la posibilidad de buscar la información por internet siguieron mostrando una propensión clara a creerse algo más listos, a juzgar por su manera de auto-puntuarse en las escalas del 1 al 7.

La prueba a la que fueron sometidos los voluntarios tuvo algunas variantes más para controlar de la mejor forma posible las variables que podrían contaminar los resultados. Por ejemplo, en sucesivos experimentos se utilizaron distintos motores de búsqueda. Y, en una versión alternativa de la prueba, la puntuación del propio nivel de conocimientos se sustituyó por una fase final en la que los voluntarios tenían que observar varias imágenes de escáneres cerebrales y decidir cuál de esas fotografías se parecía más a su propio cerebro. En consonancia con el resto de resultados, las personas que habían estado buscando por Internet tendían a elegir las imágenes en las que el cerebro mostraba más activación.

Lo que hizo que los participantes sobrevalorasen sus conocimientos no fue el hecho de haber encontrado en Internet una respuesta a una cuestión, sino el simple hecho de poder buscar información en la red. Los investigadores se dieron cuenta de esto al comprobar cómo aquellas personas que tenían que encontrar una respuesta imposible de encontrar en Internet tendían a sobreestimarse tanto como aquellos que sí encontraban lo que buscaban.

Un precio a pagar

Estos resultados parecen hablar sobre un contrato mefistofélico entre nosotros e Internet. Los motores de búsqueda nos ofrecen la posibilidad virtual de saberlo todo si tenemos cerca un dispositivo electrónico, pero, a la vez, esto nos podría volver más ciegos ante nuestras limitaciones para encontrar respuestas por nosotros mismos, sin la ayuda de nada ni nadie. En cierto modo, esto nos remite al Efecto Dunning-Kruger. Puede que nuestro nos haya bendecido con la capacidad de creer que las cosas son más simples de lo que realmente son, y hasta es posible que esto sea muy útil en la gran mayoría de los casos. Sin embargo, esto podría volverse un problema cuando tenemos a mano un recurso tan potente como Internet.

Conviene no despistarse y terminar sacrificando en el altar del dios Google nuestra capacidad para juzgar nuestras habilidades. A fin de cuentas, la red de redes es lo suficientemente extensa como para que resulte difícil encontrar el punto en el que terminan nuestras neuronas y empiezan los cables de fibra óptica.

Referencias bibliográficas

Adrián Triglia

Adrián Triglia

Psicólogo | Director Editorial de Psicología y Mente

Barcelona

Adrián Triglia (Barcelona, 1988) es Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona y licenciado en Publicidad por la misma institución. Actualmente está cursando el Máster en Técnicas de Investigación Social Aplicada por la UAB/UB.

Es cofundador y Redactor Jefe de la web Psicología y Mente, la mayor comunidad en el ámbito de la psicología y las neurociencias.

Autor de dos libros de divulgación científica:

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