¿Depresión o Ansiedad? Diferencias y similitudes que no todos conocen

Ansiedad y depresión comparten síntomas, pero no son lo mismo.

¿Depresión o Ansiedad? Diferencias y similitudes que no todos conocen

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Hay días en los que levantarse parece un reto imposible y otros en los que lo difícil es detener la mente porque los pensamientos corren demasiado rápido. En esos momentos solemos usar las palabras depresión y ansiedad casi como si fueran lo mismo. Y no es raro: ambas se manifiestan en el cuerpo y en la mente, alteran el sueño, el apetito y la concentración. A simple vista, pueden confundirse fácilmente.

La confusión también viene de cómo hablamos de ellas en la vida cotidiana. Decimos “estoy depre” cuando en realidad estamos cansados o tristes por un rato, o decimos “me dio ansiedad” cuando sentimos nervios antes de un examen. Pero los trastornos de ansiedad y depresión van mucho más allá de esas expresiones casuales: son condiciones de salud mental que impactan de forma profunda y sostenida en la vida de una persona.

Y lo más importante: no siempre aparecen de manera aislada. Casi la mitad de las personas con depresión también experimentan ansiedad, y al revés, muchas personas con ansiedad desarrollan síntomas depresivos con el tiempo (Kessler et al., 2015; Kalin, 2020). Esto significa que para muchísimas personas el reto no es solo reconocer si sienten una u otra, sino aprender a identificar cuándo ambas están presentes al mismo tiempo.

Entender por qué se parecen, en qué se diferencian y cómo pueden convivir en un mismo proceso es el primer paso para quitarles el misterio y empezar a tomar decisiones más claras sobre qué hacer con lo que sentimos.

¿Qué es realmente la depresión?

La depresión no llega de golpe, sino que se va instalando poco a poco de forma disimulada y gradualmente. Es como si lo que antes te ilusionaba dejara de tener sentido. No solo quita energía, también apaga la motivación: contestar un mensaje, preparar la comida o simplemente arreglar la cama pueden sentirse como un gran peso.

La depresión no es “estar triste unos días” ni “tener un bajón”. Es un trastorno que se caracteriza por una tristeza persistente, un desgano que parece infinito y una sensación de vacío difícil de explicar. A eso se le suma un agotamiento emocional y físico que no desaparece con dormir más horas ni con “ponerle ganas”.

Quien atraviesa un episodio depresivo suele experimentar varias de estas señales:

  • Estado de ánimo bajo casi todo el tiempo.
  • Alteraciones en el sueño: dormir demasiado o dormir casi nada.
  • Cambios en el apetito: pérdida o aumento marcado.
  • Dificultad para concentrarse o tomar decisiones simples.
  • Pérdida de interés en actividades que antes eran importantes.
  • Fatiga constante, incluso después de descansar.
  • En los casos más intensos, pensamientos de desesperanza o ideas de hacerse daño.

Imagina despertarte con la alarma y que el simple hecho de salir de la cama parezca escalar una montaña. Vas al trabajo o la universidad, pero lo haces en piloto automático, sin entusiasmo, si es que vas. Al llegar a casa, las cosas que antes disfrutabas (leer, ver una serie, salir con amigos) ya no te llaman la atención. La tristeza es tan persistente que no sabes si viene de algo en particular o si simplemente está ahí, ocupando todo el espacio. La depresión afecta no solo lo que sientes, sino también cómo ves el futuro. Lo tiñe de desesperanza y hace que hasta lo que está por venir parezca inalcanzable.

¿Qué es realmente la ansiedad?

La ansiedad se vive como si tu cuerpo y tu mente estuvieran en modo “alerta máxima”, incluso cuando no hay un peligro real. Es como si hubiera un botón interno que se queda atascado en “preocupación constante”. Esa tensión no se apaga al final del día, y el cuerpo lo refleja con palpitaciones, sudoración, temblores o dificultad para respirar.

Es normal sentir ansiedad antes de un examen, una entrevista o una primera cita. El problema aparece cuando esa sensación deja de ser puntual y empieza a colarse en la vida diaria, afectando la concentración, el descanso y las relaciones. Ahí es cuando hablamos de un trastorno de ansiedad: algo que deja de ser útil como señal de alarma y se convierte en un peso constante.

Las personas que viven con ansiedad suelen experimentar:

  • Preocupación excesiva, incluso por cosas pequeñas.
  • Sensación de inquietud o nerviosismo casi todo el tiempo.
  • Opresión en el pecho, respiración entrecortada o palpitaciones.
  • Sudoración, temblores o fatiga física sin razón aparente.
  • Problemas digestivos (malestar estomacal, diarrea o náuseas).
  • Dificultad para concentrarse porque la mente “corre demasiado rápido”.
  • Irritabilidad y sensación de estar siempre al borde.

Imagina levantarte ya con la mente acelerada, repasando mil escenarios de lo que puede salir mal en el día. Mientras trabajas o estudias, cuesta enfocarse porque los pensamientos no paran. El cuerpo acompaña: hombros tensos, respiración corta, el corazón latiendo rápido sin motivo claro. Al llegar la noche, aunque estés cansada/o, dormir se vuelve complicado porque la mente no encuentra el botón de “pausa”.

La ansiedad hace que el futuro se viva en clave de miedo: la sensación de que algo malo está por pasar, incluso si no hay evidencia concreta.

Similitudes que pueden confundir

Después de leer sobre depresión y ansiedad, puede parecer que son dos mundos distintos: una marcada por la desmotivación y la otra por la sobreactivación. Sin embargo, en la práctica se cruzan más de lo que imaginamos. Algunas señales que ambas comparten son:

  • Alteraciones en el sueño: dificultad para dormir, despertares frecuentes o, en el otro extremo, dormir demasiado.
  • Cambios en el apetito: comer de más o perder el interés por la comida.
  • Problemas de concentración: la mente no logra enfocarse en lo que tiene delante.
  • Síntomas físicos: molestias digestivas, dolores de cabeza, tensión en el cuerpo.
  • Impacto en la calidad de vida: actividades cotidianas que antes eran simples comienzan a sentirse pesadas o casi imposibles.

¿Por qué se confunden tanto? Porque ambas afectan cuerpo y mente al mismo tiempo. A simple vista, quien observa desde fuera puede notar solo “que la persona está mal”, sin distinguir si lo que predomina es la tristeza profunda o la preocupación constante. Incluso para la misma persona que lo vive, diferenciarlo puede ser difícil: sentirse cansada/o, sin ganas, y a la vez con la mente corriendo, es más común de lo que parece. En otras palabras, depresión y ansiedad comparten un terreno común, y por eso no es raro que muchas veces viajen juntas.

Diferencias clave que debes conocer

Aunque la depresión y la ansiedad se cruzan en muchos puntos, también tienen matices muy distintos que vale la pena reconocer. Identificar estas diferencias ayuda a ponerle nombre a lo que sientes y a tomar decisiones más claras sobre cómo cuidarte.

  • Energía apagada vs. disparada: En la depresión, la energía se siente como si estuviera en “batería baja”: cuesta iniciar actividades, hay desgano y todo parece un esfuerzo enorme. En la ansiedad, la energía está presente, pero en forma de tensión y agitación: pensamientos que no paran, inquietud física y una sensación de alerta constante.
  • Tipo de pensamientos: La depresión tiñe el futuro de desesperanza: pensamientos como “nada va a mejorar” o “no tiene sentido intentarlo”. La ansiedad proyecta miedo hacia lo que podría pasar: pensamientos anticipatorios como “¿y si algo sale mal?” o “¿y si no puedo con esto?”.
  • Ritmo del cuerpo: En la depresión, el cuerpo va más lento: fatiga persistente, movimientos pesados, somnolencia. En la ansiedad, el cuerpo va acelerado: palpitaciones, respiración entrecortada, tensión muscular.

En resumen: mientras la depresión empuja hacia abajo con falta de energía y desesperanza, la ansiedad empuja hacia adelante con exceso de tensión y miedo anticipado. Dos caras distintas que, sin embargo, pueden convivir en la misma persona.

¿Qué pasa cuando se combinan? ¿Por qué ocurre esta combinación?

La ansiedad mantenida en el tiempo desgasta: el cuerpo y la mente no pueden vivir siempre en modo alerta sin pasar factura. Esa fatiga emocional abre la puerta a la depresión. A la vez, la depresión alimenta la ansiedad porque la falta de energía y la desesperanza generan más preocupaciones sobre el futuro.

En otras palabras, ansiedad y depresión pueden retroalimentarse: una empuja a la otra, y juntas forman un círculo difícil de romper sin ayuda.

Cómo saber si lo que sientes es ansiedad, depresión o ambas

No siempre es sencillo distinguir entre ansiedad y depresión. Los síntomas se mezclan, y a veces uno mismo no logra ponerle nombre a lo que está viviendo. Sin embargo, hay señales que pueden ayudarte a observar con más claridad. Toma en cuenta que identificar esto de manera individual nunca podrá sustituir el diagnostico por un profesional de salud mental.

  • Señales que apuntan más a la depresión: Te sientes sin energía casi todo el tiempo. Lo que antes disfrutabas ya no despierta interés. Te cuesta empezar actividades básicas (contestar un mensaje, cocinar, arreglar la cama). Piensas con frecuencia que “nada va a mejorar”. Duermes demasiado o muy poco, con sensación de cansancio persistente.
  • Señales que apuntan más a la ansiedad: La mente no para: pensamientos acelerados sobre lo que puede salir mal. Tensión en el cuerpo: pecho apretado, respiración entrecortada, palpitaciones. Irritabilidad, inquietud o nerviosismo constante. Preocupaciones excesivas incluso por cosas pequeñas. Dificultad para concentrarte porque los pensamientos se adelantan siempre al futuro.
  • Señales de que podrías estar viviendo ambas: Te sientes agotada/o, sin ganas de nada, pero la mente no se apaga. El cansancio de la depresión se mezcla con la hiperalerta de la ansiedad. Oscilas entre sentirte abrumada/o por pensamientos rápidos y sentirte completamente apagada/o.

Preguntas que puedes hacerte: ¿Mis pensamientos giran más en torno a la desesperanza (“nada tiene sentido”) o al miedo anticipado (“algo malo va a pasar”)? ¿Siento más la falta de energía o la sobrecarga de tensión? ¿Llevo al menos dos semanas o más con estos síntomas?

El rol del acompañamiento profesional

Cuando hablamos de depresión y ansiedad, es común escuchar frases como “échale ganas” o “tienes que ser más fuerte”. Pero la realidad es que no se trata de falta de voluntad. Son condiciones de salud mental que requieren tratamiento especializado para poder trabajarlos desde la raíz.

Un psicólogo o psiquiatra puede evaluar con claridad lo que estás viviendo, proponer un plan adaptado a tu situación (terapia, medicación o ambas) y acompañarte a identificar patrones y a desarrollar estrategias prácticas para manejarlos.

Aprendes a entender lo que sientes en vez de pelear contra ello. Desarrollas recursos para manejar síntomas de manera más eficaz. Recuperas motivación y claridad en áreas importantes de tu vida.

Conclusión

La ansiedad y la depresión no son lo mismo, aunque a veces se mezclen y se sientan igual de pesadas. Ponerles nombre es como encender una luz en un cuarto oscuro: de repente puedes ver dónde estás y decidir hacia dónde moverte.

Quiero que sepas algo importante: no tienes que pasar por esto sola/o. No es debilidad pedir ayuda, es un gesto de cuidado hacia ti. Igual que buscarías a un médico si te doliera algo del cuerpo, también mereces apoyo cuando tu mente y tu corazón se sienten cansados.

Si al leer esto sentiste que algo de ti está aquí, respira. Empieza chiquito. Escríbele a alguien de confianza, haz una cita, sal a caminar. No tienes que arreglarlo todo hoy, solo dar un paso. Porque sí hay salida. Y aunque ahora no lo veas, hay gente que quiere y puede acompañarte. Yo también creo que puedes estar mejor y que cada paso cuenta, incluso los más pequeños.

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  • Clinic, C. (2024, 4 enero). Anxiety vs. Depression: Which Do I Have (or Is It Both)? Cleveland Clinic.
  • Kalin, N. H. (2020). The Critical Relationship Between Anxiety and Depression. American Journal Of Psychiatry, 177(5), 365-367.
  • Kessler, R. C., et al. (2015). Anxious and non-anxious major depressive disorder in the World Mental Health Surveys. Psychological Medicine, 45(13), 2771–2785.
  • Kalin, N. H. (2020). The Critical Relationship Between Anxiety and Depression. American Journal of Psychiatry, 177(5), 365–367.

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Aurora de la Oz. (2026, febrero 17). ¿Depresión o Ansiedad? Diferencias y similitudes que no todos conocen. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/psicologia/depresion-o-ansiedad-diferencias-y-similitudes-que-no-todos-conocen

Licenciada en Psicología Clínica

Santo Domingo
Terapia online

Aurora De La Oz es Licenciada en psicología clínica, especialista en inteligencia emocional y conferenciante internacional.

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