Vivimos en la era de la inmediatez, donde parece que el éxito y la estabilidad deben alcanzarse alrededor de los treinta. Navegamos en un océano de información donde los algoritmos nos bombardean con hitos de vida ajenos, generándonos una sensación constante y asfixiante, la de ir tarde. Sin embargo, nos ayudaría, el hacernos una pregunta que puede guiarnos a formar nuestro propio criterio ¿tarde con respecto a qué?
¿Por qué confundimos la madurez con un calendario?
El error de cálculo más común en la actualidad es confundir la madurez con un cronograma. Nos han enseñado a medir nuestra evolución según el calendario o según nuestro documento de identidad que nos dice cuando somos o no hábiles para hacer que cosa, cuando en realidad, la madurez es una adquisición de habilidades. No se es adulto por cumplir años, se es adulto cuando se desarrolla la capacidad de gestionar la realidad con criterio propio, independientemente de lo que dicten las tendencias o las expectativas sociales.
Esta presión por "llegar" a tiempo nos empuja a buscar respuestas rápidas. Es la trampa de los test de personalidad y los consejos de quince segundos, buscamos etiquetas que nos den alivio inmediato, pero que no nos ofrecen ninguna herramienta real para transitar la incertidumbre. El resultado es una sociedad de adultos cronológicos que se sienten huérfanos de una estructura sólida para decidir.
Es aquí donde surge la necesidad de recalcular. En el GPS de nuestra vida, recalcular no significa que hayamos fallado o que estemos perdidos, significa que hemos tenido la honestidad intelectual de reconocer que el mapa que nos dieron ya no coincide con el territorio que estamos pisando. Madurar, entonces, no es seguir una línea recta, sino tener la formación y el sentido común necesarios para ajustar la ruta sin sentir que el tiempo se nos escapa entre las manos.
Si aceptamos que cumplir años es un proceso biológico pasivo, pero madurar es un proceso psicológico activo, debemos preguntarnos: ¿cuáles son las competencias que nos convierten en adultos funcionales? En mi práctica clínica, he observado que la angustia de los 20 o los 30 años y más, no suele nacer de una falta de logros materiales, sino de una carencia de habilidades de navegación.
Tres habilidades clave para una madurez real
La madurez, desde una perspectiva que la entiendo, se mide por la adquisición de tres habilidades fundamentales que no se enseñan en la escuela, pero que son el sostén de cualquier "recalculo" exitoso:
1. La tolerancia a la incertidumbre del mapa
Ser adulto implica aceptar que el mapa nunca es el territorio. La madurez comienza cuando dejamos de exigirle a la vida respuestas definitivas y empezamos a desarrollar la capacidad de actuar con fundamentos, aun cuando el camino no está señalizado.
2. La autonomía del criterio (El fin de la "obediencia" al algoritmo)
Muchos jóvenes y adultos viven en una eterna minoría de edad intelectual, esperando que un test de redes sociales o una tendencia les diga qué sentir. La habilidad aquí es el desarrollo de un juicio propio, la capacidad de filtrar la información externa a través del tamiz de la propia formación y experiencia.
3. La responsabilidad de la elección
Elegir siempre implica una renuncia, y esa es la "logística" emocional que más cuesta aprender. Madurar es hacerse cargo de la decisión tomada, no desde la culpa, sino desde la participación activa en el propio destino.
Recalcular no es fracasar: es un acto de madurez
Cuando empezamos a ver la madurez como un conjunto de destrezas a entrenar, el "reloj del otro" pierde su poder. Ya no importa si a los 25 no "llegaste", porque estás ocupado construyendo la estructura que te permitirá sostenerte a los 40, a los 60 y más allá. No estamos frente a una carrera de velocidad, sino frente a una obra de arquitectura personal que requiere tiempo, sentido común y, sobre todo, mucha formación.
Entender la vida como un proceso de aprendizaje de habilidades nos quita un peso de encima, pero nos otorga una responsabilidad, la de participar activamente en nuestra propia salud mental. No podemos ser espectadores de nuestra biografía, esperando que el azar o el "fluir" resuelvan lo que solo el criterio puede ordenar.
Por lo tanto, la propuesta es justamente eso, recuperar el sentido común que ha quedado sepultado bajo toneladas de información vacía. Es una invitación a dejar de buscar "la verdad" en fórmulas genéricas y empezar a construir una verdad propia, basada en la formación, la observación de la realidad y la honestidad con uno mismo.
Si hoy sentís que tu mapa ya no te sirve, no te castigues. El GPS de la vida es el único que te permite cambiar el destino en medio de la ruta. Recalcular no es retroceder, es el acto de mayor madurez que un ser humano puede ejercer. Es elegir, con las herramientas adecuadas, qué tipo de adulto queremos ser de aquí en adelante. Porque, al final del día, a ser adulto también se aprende. Y nunca es tarde para empezar la primera lección.


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