Consejos para pasar página. Unsplash.

Las emociones pueden llevarnos a reaccionar de manera rápida ante situaciones que requieren de una respuesta urgente, pero, paradójicamente, también nos pueden anclar en el pasado si no sabemos gestionarlas bien. El caso del resentimiento es el ejemplo más claro de esto último: a través de él, una experiencia pasada es capaz de mantenernos reviviendo una y otra vez el sentimiento de molestia que alguna vez vivimos, pero que en realidad no tendríamos por qué estar sufriendo en el presente.

En este artículo veremos varias claves acerca de cómo superar el resentimiento, reorientar nuestras emociones y dejar de sentirnos frustrados por algo que ya no tiene la importancia que le damos.

Superar el resentimiento, paso a paso

Estas son algunas claves para entender de qué manera se puede superar el resentimiento. Eso sí, no hay que perder de vista el hecho de que cada caso es único y hay que saber adaptar estas ideas al modo en el que se vive en un contexto y un momento determinados.

1. Delimita el motivo de tu resentimiento

La gran mayoría de las ocasiones en las que se experimenta resentimiento, este está dirigido hacia una persona o colectivo concreto (independientemente del tamaño de este último).

Por eso, el primer paso para afrontar este fenómeno psicológico es detectar contra quién estamos dirigiendo esa hostilidad. Esto es algo que puede resultar cuestión de segundos en algunos casos, pero en ocasiones resulta algo complejo, especialmente cuando aquello contra lo cual adoptamos actitudes negativas es algo más bien abstracto.

En todo caso, identificar este elemento nos ayudará a deshacer esa dinámica de hostilidad del modo más rápido posible.

2. Anota las consecuencias negativas de sentir resentimiento

El principal motivo por el que interesa desprenderse del resentimiento es dejar de hacerse daño de uno mismo.

Es importante tener esto muy en cuenta, ya que si no lo hacemos, se dará la paradoja de que el hecho de fantasear con la humillación o derrota de quien creemos que nos ha hecho daño es algo que nos mantiene sumidos e un estado que nos hace sufrir, de manera que le damos a esa otra persona más poder sobre nosotros de la que tendría normalmente.

Por eso, párate a pensar y haz un listado de las consecuencias negativas de sentirte tal y como te sientes al albergar esa antipatía hacia alguien, sin olvidar que el tiempo también es un aspecto a tener en cuenta: cuanto más prolonguemos esta fase, más durarán sus daños.

3. Asume que aceptar no es perdonar

A veces, perdonar es prácticamente imposible, o tan complicado que el coste de intentarlo supera las posibles consecuencias positivas en términos de esfuerzo y tiempo. Por eso, piensa en la diferencia entre perdón y aceptación.

Para tratar con una persona o tenerla cerca en el día a día, no hace falta que sea nuestra amiga, que podamos confiar en ella o que nos caiga bien. Aceptar que algunas personas no están hechas para tener un papel importante en nuestras vidas es necesario para superar el resentimiento que en algunos casos podamos albergar contra alguien.

4. No dejes que el cero contacto te esclavice

A veces, alejarse de una persona es bueno para superar la primera fase del enfado, pero esta etapa no debería prolongarse demasiado si no queremos que las consecuencias negativas de ver nuestra libertad restringida a la hora de movernos se convierta en una fuente más de malestar y resentimiento.

5. Aprende a no tomártelo como algo personal

No tomarse algo de manera personal no significa congraciarse con alguien y asumir que no pretendía herirnos. En efecto, el mundo está lleno de personas que dadas las condiciones adecuadas puede pretender herirnos, pero eso no significa que debamos darle importancia a sus intenciones.

Si adoptamos una perspectiva distante, veremos que los sucesos solo tienen importancia si se la damos, y que a no ser que les demos protagonismo a quienes nos ofenden, podemos hacer que lo que opinen de nosotros o el hecho de que nos intenten incomodar no tenga importancia.

6. Asume que la gente no es perfecta

Finalmente, nos ahorraremos muchos momentos de enfado y resentimiento si aprendemos a aceptar que cometer errores no es en sí motivo para que nos enemistemos con alguien, incluso si eso tiene consecuencias significativamente negativas para nosotros.

La vida no es perfecta y todo el mundo tiene momentos en los que les fallan las fuerzas o en los que se toman las decisiones equivocadas. Si eso nos produce frustración es una cosa, pero no implica que debamos culpar a alguien por haberse equivocado.

Referencias bibliográficas:

  • Jeronimus; et al. (Jan 2018). "Frustration". In Zeigler-Hill, V., Shackelford, T.K. Encyclopedia of Personality and Individual Differences. New York: Springer. p. 1-8.
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  • Szasz, P.L.; Szentagotai, A.; Hofmann, S. (30 November 2010). "The Effect of Emotion Regulation Strategies on Anger". Behaviour Research and Therapy. 49 (2).