Entonces, ¿por fin ya ha terminado todo? Fin de la cuarentena o desescalada en fases, nos invitan a la calle, abren restaurantes... ¿Es seguro salir?

Es inevitable que después de tantos días de encierro nos esté resultando difícil normalizar la vuelta a la realidad. Definitivamente nada volverá a ser como antes, eso seguro, pero hay algo mucho más intrínseco que nos paraliza en el acto, y es el hecho de que ahora tenemos que ser nosotros responsables de nuestras vidas, de nuestros actos y de cada paso que damos.

Y quizá por un momento pensemos, sobre todo los adultos, que ya éramos responsables, porque nadie estaba detrás de nosotros diciéndonos qué hacer ni cómo hacerlo; sin embargo, la adaptación cuesta. Porque no es lo mismo ser responsable de salir a pagar el recibo del servicio de teléfono que hacerlo cuidando de dónde pones las manos, con quién hablas, etc.

Lidiando con la incertidumbre

Cosas como la incertidumbre de no saber en qué lugar desconocido estuvo el billete que ahora tienes en las manos y tener que recordar cada dos por tres no llevártelas a la cara después de haberlo manipulado, constituyen información nueva que nos toca ahora engranar en nuestro cerebro de la noche a la mañana porque resulta que “tenemos la orden de volver a la normalidad”.

No hemos tenido tiempo para educar nuestra mente en estos nuevos hábitos, y lo cierto es que todo esto pone en evidencia que no sabemos cuidar de nosotros mismos.

Todo esto tiene razones biológicas antiguas y es importante conocerlas para poder saber nuestras debilidades y de dónde vienen; solo de este modo podremos empezar a cambiar los patrones.

La necesidad del auto-cuidado

Los seres humanos necesitamos de cuidados incluso cuando ya estamos un poco avanzados de edad. Tenemos una infancia muy larga, y tanto hombres como mujeres debemos estar bajo el cuidado de alguien por muchos años.

Cuando ya somos adultos, muchas veces ocurren dos cosas:

  • El hombre busca un hogar con una mujer que cuide de él, de su hogar y de sus hijos.
  • La mujer busca un hogar y una familia que cuidar, igual que lo hizo su madre.

Esto genera la reproducción de un patrón en el que el hombre no aprende a cuidar de sí mismo y la mujer, a falta de tiempo por estar ocupada cuidando de otros, se olvida de cuidarse a sí misma.

Con razón tantos hogares hoy en día a raíz de esta pandemia están al borde del colapso. Mujeres llenas de ansiedad y temor por el futuro, con sobrecarga de responsabilidades en el hogar, y el hombre sin saber cómo aportar porque nunca supo tomar una decisión sin ayuda de su mamá en primer lugar, y luego de su mujer.

No quiero decir con esto que no existan hogares diferentes; me refiero al producto de un sistema cuya fórmula patriarcal ha quedado en evidencia que no funciona, y todo gracias a la COVID-19.

Una época en la que primar la responsabilidad

Ha llegado el momento del amanecer que esperábamos, ya podemos salir a la calle vestidos con el traje del momento: la conciencia.

Sabemos que debemos cuidarnos para poder cuidar a quienes nos esperan en casa, y así mantenerlos a salvo. Llegó el momento de que frases clichés como “solo amándote a ti mismo podrás amar a otros” dejen de ser clichés y se conviertan en hábitos las 24 horas del día los 7 días de la semana.

Solo amándote a ti mismo valorarás tu salud y no te irás corriendo a meterte en una fiesta o a salir sin tapabocas a la calle, eso es algo que ya no debes hacer, si te quieres con salud te cuidarás y en consecuencia tus seres queridos también tendrán salud.

Recordemos por un instante que fue nuestro descuido infantil lo que en primer lugar nos metió en esta situación, no nos tomamos en serio las advertencias de autocuidado y distanciamiento hasta que no empezábamos a ver que los contagiados y fallecidos superó el centenar.

¿Alguna vez fue tan sencillo detener la propagación de un virus? Lo único que teníamos que haber hecho era una sola cosa, cuidarnos a nosotros mismos, y no pudimos con una responsabilidad así.

Concluyendo

Tú y yo, igual que todos los que han leído este artículo, sabemos que los que llevan la responsabilidad más grande no nos van a cuidar, si no, no nos mandarían para la calle a normalizar una gripe sabiendo que lo más seguro es que fallemos por segunda vez (sin ánimos de ser pesimista, solo realista).

Así pues, si ya de ellos no depende, que dependa de ti es tu única alternativa para mantener tu bienestar, tú eres tu única esperanza de mantenerte a salvo y proteger a los tuyos.

Usa tapabocas, lleva contigo siempre gel, evita las aglomeraciones, no lleves las manos a tu cara bajo ningún concepto, y por favor cumple las nuevas normas de convivencia, aunque yo las llamaría supervivencia.

Y si de algún modo te está costando adaptarte a estos nuevos hábitos o sientes que te ha afectado en tu conducta, pensamientos o emociones, a ti o alguno de tus seres queridos, te voy a sugerir que te pongas en contacto conmigo o que visites mi página para encontrar más artículos sobre el tema. Espero haberte ayudado.