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¿Qué nos pasa cuando experimentamos sentimiento de culpa?

Veamos cómo se desarrolla el surgimiento del sentimiento de culpa.

¿Qué nos pasa cuando experimentamos sentimiento de culpa?

¿Qué nos ocurre cuando la sensación de culpa se hace presente en nuestra vida generando angustia y ansiedad?

La sensación de sentirse culpable genera un estado emocionalmente incómodo y posiblemente doloroso con cierto malestar en la persona que lo atraviesa, acompañado de angustia por sentir que no se está cumpliendo con una creencia determinada que fue instalada en los primeros años de vida, y una interpretación moral seguramente desactualizada.

Analicemos esta sensación de culpa de modo más profundo para comprender de dónde viene y cómo se instala en la persona generando sufrimiento.

Comprendiendo la culpa desde su origen

A lo largo de mi trabajo profesional en el consultorio, he observado este sentimiento de modo frecuente, siendo identificable en los pacientes con determinadas cargas de angustia, que será necesario elaborar para darle inicio al proceso que llevará al paciente hacia su deseo y liviandad.

La culpa es una emoción que se puede registrar de modo consciente o no en la persona que la sufre, permaneciendo internamente en el ser y generando un malestar que lo impide actuar en función de su propio deseo.

Este sentimiento tiene su origen, por lo general, en la infancia, donde se da comienzo a la formación de una estructura psíquica que acompañará en la vida adulta.

Allí, en los primeros años de vida, con la educación recibida por parte de padres o formadores se instalarán mandatos y creencias determinadas, que de no ser revisados más adelante, en la adultez, podrían generar angustia y malestar por sentir desacuerdo con los mismos o estar estos desactualizados.

El sujeto lucha con esas creencias cuando comienza la sociabilización con los vínculos externos, esos que a su vez tendrán sus propias creencias.

A medida que el crecimiento y la maduración se desarrollan, las personas vamos eligiendo situaciones o vínculos diferentes a aquellos con los que hemos crecido, siendo desde esa elección distinta donde aparece este sentimiento de culpa, ya que la batalla interna se genera cuando la mente no sabe si seguir sus deseos e inquietudes o continuar con aquellos que se instalaron por parte de sus educadores.

¿Cómo surge la culpa?

La sensación de culpa aparece cuando se interpreta que no se estaría cumpliendo con lo establecido y recibido en esos primeros años, deseando tomar una posición diferente, manifestándose una angustia que inhabilita a la acción y elección de qué hacer.

Este sentimiento de culpa y las emociones mencionadas que lo acompañan se asocian con frustraciones determinadas ante la incapacidad que la persona siente al intentar hacer lo que desea.

Origen de la culpa

Esto es un tema recurrente dentro del ámbito del consultorio, cuando se intenta que el paciente registre de modo consciente la lucha interna que está expresando en su discurso entre aquello que debe hacer para continuar con mandatos recibidos y aquello que quiere hacer por deseo propio.

Qué hacer

¿Cómo se trabaja para salir de estos sentimiento de culpa asociados a angustias y ansiedades?

La única posibilidad de trabajar este sentimiento de culpa es con la realización de un tratamiento terapéutico, donde la recepción del decir del paciente será de modo objetivo, neutral y sin afecto por parte del terapeuta, haciendo así consciente aquello que se encuentra reprimido y que genera angustia.

Se trabaja con el discurso como único motor para el registro de aquello que el paciente desea, que lo conecte con su sentir, con el disfrute, con lo placentero y los permisos propios necesarios para vivir.

Las palabras son el medio para poder trabajar esos mandatos y creencias que generan malestar a la hora de hacer aquello que se desea. Registrar e instalar que es viable y sano tomar una posición diferente a aquella con la que se creció.

Resignar cuestiones propias para agradar y sostener la posición y el deseo de otros podría no ser una actitud sana, que empezar a decir “no” o “sí” cuando así lo sienta cada uno es necesario para no hacer síntomas tanto físicos como emocionales y esto alivia las angustias y ansiedades que podrían paralizar.

Trabajar con el paciente terapéuticamente para elaborar y re-programar desde otro mirada, su propia mirada, ese deseo que lo habita y que en ocasiones desconoce o no puede ver con claridad.

Conocer los mandatos condicionantes e inhabilitantes será un ejercicio interesante para poder romper con ellos y conocer aquello que se desea actuando en consecuencia.

Cuando se registra que esa angustia y sensación de culpa están instaladas por sostener el deseo ajeno que se aleja del propio, comienza un proceso de alivio y liviandad, sabiendo que se puede tomar un camino diferente y esto es absolutamente sano.

Te invito a conocer qué mandatos y creencias han limitado tu camino en algún tramo y han generado malestar; también te invito a pensar qué lugares ocuparías hoy si estos mandatos y creencias no te condicionarán. Regalate la posibilidad de descubrirte y poder así cumplir con tus deseos y hacerlos posible. ¡Solo tienes una vida de ti depende que sea maravillosa!

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