Las diferencias culturales entre países son muy notables en muchos patrones de conducta interpretables desde la proxémica.

La proxémica es el estudio de las relaciones y la comunicación que establecemos los seres humanos a través del espacio y a través de las distancias que ponemos entre nosotros mismos y hacia las cosas que nos rodean.

A continuación veremos qué es la proxémica, qué es lo que ha aportado esta teoría a las ciencias de la comunicación y en qué se diferencia de otras formas de comunicación no verbal, como la kinestesia.

¿Qué es la proxémica?

La proxémica es una teoría que surge en la década de los 60 y fue desarrollada por el antropólogo estadounidense Edward T. Hall, quien estudió cómo es que percibimos el espacio en diferentes culturas y cómo lo utilizamos para establecer distintas relaciones.

En otras palabras, la proxémica es el estudio de la proximidad, y de cómo la proximidad nos permite comunicarnos entre nosotros e incluso construir relaciones y una cosmovisión particular.

También conocida como proxemia, se considera una parte de la semiótica (que es el estudio de los signos que empleamos para comunicarnos), porque pone atención a la manera en que las distancias físicas que se establecen en distintas culturas hacen que nos comuniquemos de distintas formas y de manera no necesariamente verbal.

Es decir, que la proxémica incluye no sólo las competencias comunicativas individuales sino la forma en la que las normas sociales y culturales sobre el espacio limitan o condicionan estas competencias. Por eso se considera como una de las ramas más complejas de los sistemas de la comunicación de humana.

Sistemas de comunicación y algunos tipos

Para explicar con más detalle en qué consiste la proxemia vamos a recordar que la comunicación humana es un sistema muy complejo. En términos básicos consiste en comprender y utilizar un conjunto de signos y símbolos para transmitir cierta información (por ejemplo, ideas, sentimientos, opiniones, emociones, estados de ánimo, etc).

Es decir que, el proceso y la capacidad de comunicarnos no se reduce a las habilidades lingüísticas (como el ser capaces de hablar o de comprender alguna lengua), sino que implica un conjunto de acciones mucho más complejas en las que siempre participa nuestro cuerpo.

El esquema estándar y más básico de la comunicación incluye dos personajes principales: un emisor y un receptor; que son quienes emiten, codifican y reciben un mensaje.

Este mensaje puede incluir tanto signos lingüísticos, como palabras, frases o enunciados; como movimientos corporales que también transmiten información. A su vez, esta información, y el cómo se organiza y se transmite, depende de la situación social, geográfica y cultural en la que se encuentran el emisor y el receptor; así como de sus propias competencias gramaticales, discursivas, estratégicas y sociolingüísticas.

Generalmente se reconocen dos grandes tipos de comunicación: verbal y no verbal, que no se encuentran realmente separados uno de otro, sino que se manifiestan a la par en cada relación que establecemos con las demás personas.

Comunicación no verbal y diferencia entre la proxémica y la kinesia

La comunicación verbal es la que se establece a partir de signos y símbolos lingüísticos transmitidos mediante la palabra hablada. Por su parte, la comunicación no verbal es aquella que se establece mediante signos no verbales que generalmente transmiten información sobre el carácter, la personalidad o el estado de ánimo.

Estos últimos signos pueden incluir por ejemplo, el llanto, la risa, el grito (que son los signos paralingüísticos); o bien, pueden implicar los gestos, las señas o la mímica (que son los signos kinestésicos). Ambos tipos de signos, los paralingüísticos y los kinestésicos, constituyen elementos de la la comunicación no verbal básica. Pero, también hay otro tipo de comunicación no verbal que es más compleja porque involucra los elementos culturales y sociales que definen de qué manera utilizamos el cuerpo y el espacio, e incluso el tiempo para transmitir información en diferentes contextos y situaciones.

Estos últimos son el sistema proxémico (cuyos signos son básicamente los hábitos relativos al uso del espacio, por ejemplo, las distancias que mantenemos entre nosotros según si estamos en la casa con nuestra pareja, o en la oficina con los compañeros de trabajo); y el sistema cronémico (donde se estudia principalmente la percepción y uso del tiempo en diferentes culturas).

Es decir, que la diferencia entre la proxémica y la kinésica es que la primera se refiere a la comunicación no verbal establecida mediante las distancias físicas que ponemos al relacionarnos; y la kinésica es la comunicación no verbal que se establece por medio de los movimientos corporales como los gestos y también mediante la propiocepción.

Su importancia en la comunicación y en los estudios sociales

Según Hall, las distancias físicas que establecemos están determinadas por normas culturales que nos dicen, por ejemplo, cuáles son los límites en el espacio público y cuáles son en el espacio privado, o qué significa la palabra dentro y la palabra fuera respecto a los muebles o los espacios individuales dentro del hogar; espacios que además están influidos por la edad o por el género o por el rango social de cada quien.

Las normas proxémicas, además, son las que reafirman a un conjunto de seres humanos como un “grupo” y no como otro, es decir, delimitan las características que tienen en común algunas personas, reforzando la identidad intragrupal, y en ocasiones dificultando la identidad intergrupal.

Por eso es que tiene efectos importantes en la comunicación que establecemos tanto con nuestro grupo de pertenencia como con los grupos semejantes, y nos permite comprender cómo construimos una imagen particular del mundo, así como las normas de convivencia en distintos contexto.

Referencias bibliográficas:

  • Cestero, A. (2014). Comunicación no verbal y comunicación eficaz. Revista ELUA, 28: 125-150
  • Schmidt, S. (2013). Proxémica y comunicación intercultural: la comunicación no verbal en la enseñanza de e/le. Tesis doctoral para obtener el grado de Doctora en Filología Española, Universitat Autònoma de Barcelona.
  • Losada, F. (2001). El espacio vivido. Una aproximación semiótica. Cuadernos de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy. 17: 271-294.