Síndrome del impostor: cómo reconocerlo y empezar a soltarlo

Las claves para detectar rápidamente el síndrome del impostor y evitar que te desgaste mentalmente.

Síndrome del impostor: cómo reconocerlo y empezar a soltarlo
Pexels

¿ERES PSICÓLOGO/A EN ?

Destaca entre toda tu competencia profesional.

Hay una voz que muchas personas conocen bien.

No siempre habla alto. A veces es solo un susurro que aparece justo antes de una presentación importante, cuando alguien te hace un cumplido, cuando logras algo que llevabas tiempo persiguiendo.

Y dice algo parecido a esto: no lo mereces del todo. En cualquier momento alguien se va a dar cuenta.

Eso tiene nombre. Se llama síndrome del impostor. Y no le ocurre a personas que no saben o que no valen. Le ocurre, casi siempre, a personas muy capaces que todavía no han encontrado cómo sostenerse desde dentro.

¿Qué es realmente el síndrome del impostor?

El síndrome del impostor es la tendencia persistente a sentir que tus logros no son completamente tuyos. Que has tenido suerte. Que no mereces del todo el reconocimiento que recibes. Que en algún momento quedarás en evidencia.

No es un trastorno. No es una debilidad de carácter. Es un patrón aprendido: una forma de relacionarte contigo mismo/a que se fue construyendo con el tiempo, muchas veces desde muy atrás, y que hoy se activa de forma automática.

Lo más difícil de este patrón es que convive perfectamente con la competencia real. Puedes ser muy bueno/a en lo que haces y seguir sintiéndote un fraude por dentro. De hecho, cuantas más creces profesionalmente, más puede intensificarse esa sensación.

¿Te reconoces en alguna de estas situaciones?

El síndrome del impostor no siempre se presenta de la misma manera. Estas son algunas de las formas más frecuentes en las que aparece:

1. Minimizas tus logros constantemente.

Cuando algo sale bien, lo atribuyes a la suerte, al contexto o a los demás. Cuando algo falla, te lo quedas tú. Este patrón asimétrico es una de las señales más claras.

2. Acumulas formación para sentirte más seguro/a.

Un curso más, una certificación más, otro máster. No porque quieras crecer, sino para calmar algo que la formación no puede calmar. Porque el problema no está en lo que sabes, sino en la base interna desde la que lo ejerces.

O quizás no es la formación, sino el trabajo. Te conviertes en alguien que lo da todo — siempre disponible, siempre entregado/a, siempre un paso más. El esfuerzo constante se convierte en una forma de neutralizar esa sensación de no ser suficiente. Si trabajo más, si produzco más, si demuestro más... quizás entonces sí. Pero el alivio nunca llega. Y a veces el cuerpo dice basta antes de que tú lo hagas, en forma de agotamiento o burnout. Incluso entonces, esa voz sigue ahí.

3. Te cuesta recibir reconocimiento.

Cuando alguien te elogia, lo quitas importancia o simplemente no te lo crees. Dejarlo entrar se siente incómodo. Casi peligroso.

4. Vives con una parte de ti siempre en alerta

Pendiente de no cometer errores, de no decepcionar, de no revelar algo que sientes que no debería verse. Es agotador. Y lo más paradójico es que desde fuera nadie lo nota.

5. Tu diálogo interno es más duro que el de cualquier crítico externo

Te dices cosas que jamás le dirías a alguien que quieres. Y esa voz suena muy razonable. Muy tuya.

Por qué no se va solo

Aquí está lo que nadie te cuenta: el síndrome del impostor no desaparece consiguiendo más logros. Ni acumulando más formación. Ni repitiéndote que eres suficiente frente al espejo.

Porque no vive en lo que sabes. Vive en la base interna desde la que te relacionas contigo mismo/a. En patrones muy arraigados que hoy se activan solos, antes incluso de que puedas pensarlo. Y muchas veces, antes de que llegue el pensamiento, llega el cuerpo.

Una contracción en el pecho cuando alguien te critica. Un nudo en la garganta cuando tienes que decir que no. Una tensión en los hombros que aparece antes de una reunión importante. Un vacío en el estómago cuando algo no sale como esperabas.

El cuerpo no miente. Y muchas veces avisa antes de que la mente haya terminado de formular el pensamiento. Por eso trabajar solo con la mente no es suficiente.

Herramientas para empezar a soltarlo

Estas no son soluciones rápidas. Son pequeños pasos de toma de conciencia — algunos mentales, otros corporales — que pueden ayudarte a empezar a relacionarte contigo mismo/a de otra manera.

1. Observa la voz sin creerla

La próxima vez que aparezca esa voz que dice "no soy suficiente", no intentes callarla ni contradecirla. Solo obsérvala. Ponle nombre: "ahí está el impostor." Crear ese pequeño espacio entre el pensamiento y tú cambia todo. El pensamiento puede surgir, pero si no lo validas como un hecho, pierde su poder.

2. Registra lo que sí has conseguido

Lleva un registro sencillo (puede ser en el móvil, en un cuaderno) de las cosas que haces bien, los momentos en que ayudas a alguien, los logros pequeños y grandes. No para presumir, sino para entrenar a tu mente a registrarlos como reales. El síndrome del impostor vive, en parte, de que no los contabilizamos.

3. Escucha al cuerpo antes de que hable fuerte

Empieza a prestar atención a las señales físicas. Cuando algo activa esa voz interna, ¿dónde lo sientes en el cuerpo? ¿Pecho, estómago, garganta? Poner la atención ahí — sin juzgar, solo observando — es el primer paso para trabajar con el patrón desde donde realmente vive.

4. Usa la respiración como ancla

Cuando notes esa tensión física, haz una pausa. Tres respiraciones lentas y profundas. No para eliminar lo que sientes, sino para darle espacio. La respiración lenta activa el sistema nervioso parasimpático — el que regula, el que calma — y crea las condiciones para que puedas responder en lugar de reaccionar.

5. Mueve el cuerpo regularmente

La inseguridad interna se deposita en el cuerpo. El movimiento — caminar, bailar, yoga, lo que resuene contigo — ayuda a movilizar esa energía estancada. No es un truco. Es fisiología. Cuando el cuerpo se mueve, la mente también se reorganiza.

6. Cuestiónate la historia que te cuentas

Cuando algo no sale bien y la voz dice "fallé, no soy suficiente", pregúntate: ¿es esto un hecho o es una interpretación? ¿Lo trataría así a alguien que quiero? La mayoría de las veces, la historia que nos contamos es mucho más dura que la realidad.

7. Habla de ello.

El síndrome del impostor vive muy bien en el silencio y en el aislamiento. Nombrarlo — con alguien de confianza, en un proceso terapéutico, incluso escribiéndolo — lo saca de las sombras. Y muchas veces descubres que no estás solo/a. Que hay mucha más gente que lo vive exactamente igual que tú.

Un primer paso

El síndrome del impostor no desaparece de un día para otro. Pero sí puede cambiar. He acompañado a muchas personas que llevaban años con esta sensación y que, con el trabajo adecuado, empezaron a ejercer su vida y su profesión desde un lugar completamente diferente.

No porque de repente supieran más. Sino porque la base desde la que se sostenían era más clara, más estable y más suya.

Margarita Coca Viñas

Margarita Coca Viñas

Terapeuta Integrativa. Especialista en síndrome del impostor y seguridad interna

Profesional verificado
Terapia online

Si te has reconocido en algo de lo que has leído y quieres explorar esto con más profundidad, puedes conocer más sobre mi trabajo en margashub.com o solicitar una conversación inicial gratuita. Un espacio tranquilo, sin presión, donde podemos entender juntos qué está pasando. Porque la seguridad interna no se aparenta. Se construye.

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Margarita Coca. (2026, junio 8). Síndrome del impostor: cómo reconocerlo y empezar a soltarlo. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/social/sindrome-del-impostor-como-reconocerlo-empezar-a-soltarlo

Coach

Terapia online

Margarita Coca es posgraduada en psicología transpersonal orientada al coaching por la Universidad de Middlesex, en Londres, así como profesora de yoga integral y mindfulness desde hace más de diez años y experta en programación neurolingüística y neuro-plasticidad. Interviene ante formas de malestar como los estados de ansiedad, las emociones difíciles, las transiciones de vida complejas o los momentos de estancamiento personal e indecisión.

Artículos relacionados

Artículos nuevos

Quizás te interese

Consulta a nuestros especialistas