En el año 1944, el pediatra austriaco Hans Asperger se encontró con el caso de cuatro niños cuyo comportamiento mostraba dificultades para integrarse socialmente.

Se trataba de pequeños con un nivel de inteligencia que estaba dentro de la normalidad estadística, pero que presentaban déficits importantes en ciertas capacidades de carácter más específico, como la facilidad para ponerse en la piel de los demás, la habilidad para utilizar los recursos de la comunicación no verbal, o la capacidad de coordinar varios movimientos precisos de manera más o menos ordenada. Esto hacía que se mostrasen torpes tanto en ciertas actividades que requerían movimiento, como en las relaciones interpersonales.

La "psicopatía autística"

Al principio, el doctor Hans acuñó el término “psicopatía autística” para referirse a aquél fenómeno aún por explorar, y la describió como trastorno, poniendo énfasis en sus implicaciones para la vida social de quienes desarrollaban esta alteración: tendían a aislarse y a tratar poco con los demás, quizás a causa de las situaciones frustrantes que provocaban los malentendidos y las incompatibilidades comunicativas en general con el resto de niños.

Pasaron unos años antes de que esta entidad clínica recibiera el nombre de síndrome de Asperger; lo hizo la doctora Lorna Wing en 1981 tras haber estudiado el caso de otro grupo de niños que presentaban los síntomas descritos por el anterior investigador bajo el nombre de psicopatía autística.

Luego, en 1992, el síndrome de Asperger fue añadido en la décima edición del Manual de Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10) y dos años más tarde, en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales IV (DSM-IV). Desde entonces este término ha ido popularizándose y siendo conocido a nivel popular.

¿Qué es el síndrome de Asperger?

El síndrome de Asperger es un trastorno neurobiológico que forma parte de los trastornos del espectro del autismo (TEA), concepto que agrupa a un conjunto de alteraciones psicológicas de carácter crónico y cuyas causas se desconocen, si bien comparten una sintomatología similar.

Por lo que se ha podido observar a través de varias investigaciones en neurociencia, el cerebro de una persona con Síndrome de Asperger funciona de manera diferente a la de la mayoría de las personas, sobre todo en lo que respecta a la comunicación y a las interacciones sociales en general., así como en la realización de tareas cotidianas típicas en quienes tienen una vida autónoma. y en la adaptación adecuada a las demandas cotidianas. Los patrones de pensamiento son rígidos, basados en reglas claras, y dejan de funcionar bien si algo en el entorno empieza a cambiar mucho o introduce un elemento de caos.

Por otro lado, estos síntomas empiezan a hacerse evidentes a una edad muy temprana, alrededor del segundo o el tercer año de vida. Normalmente, las primeras señales de alerta aparecen cuando los padres observan una torpeza anómala y un bajo dominio de la psicomotricidad en su hijo o hija. A diferencia de lo que ocurre con los casos de autismo que no entran en la categoría de síndrome de Asperger, el lenguaje no se ve afectado, aunque sí el uso que se hace de este teniendo en cuenta el contexto, tal y como veremos.

Por otro lado, los expertos en la materia estiman que aproximadamente dos de cada 10,000 niños han desarrollado síndrome de Asperger, y también se ha visto que surge mucho más en hombres que en mujeres.

Síntomas

Los síntomas concretos del síndrome de Asperger son los siguientes, aunque ten en cuenta que no tienen por qué darse todos, y esta alteración solo puede ser diagnosticada por un especialista acreditado en salud mental.

  • Rituales reiterativos
  • Peculiaridades en el lenguaje (habla formal, monótona...)
  • Dificultad con la comunicación no verbal (expresiones limitadas, rigidez...)
  • Motricidad deficiente y no coordinada
  • Comportamiento socio-emocional inadecuado

Los jóvenes con síndrome de Asperger tienden a asumir un acercamiento al lenguaje caracterizado por la literalidad: las frases quieren decir lo que muestra el conjunto de definiciones técnicas de las palabras utilizadas explícitamente.

Por eso, las personas con síntomas asociados al síndrome de Asperger lo tienen más difícil para captar indirectas, a la hora de detectar momentos en los que un amigo o familiar necesita apoyo emocional, a la hora de reconocer qué es un chiste y qué no lo es, etc.

¿Cómo se diagnostica?

En la mayoría de los casos el diagnóstico se lleva a cabo hacia los 7 años, si bien tal y como hemos visto los síntomas aparecen mucho antes. Además, existe la dificultad añadida de que los criterios diagnósticos del síndrome de Asperger tienen como principal referente los niños, por lo que no se sabe tanto cómo afecta a los adultos o a la gente mayor.

En los manuales diagnósticos utilizados por psiquiatras y psicólogos, el síndrome de Asperger se ubica entre los trastornos del desarrollo en general y en el espectro autista en particular. Este síndrome fue oficialmente reconocido en la cuarta edición del Manual Estadístico de Diagnóstico de Trastornos Mentales (DSM-IV) y es en la quinta edición de este manual (DSM-V) donde desaparece la categoría diagnóstica de síndrome de Asperger, refiriéndose ahora a trastornos del espectro autista (TEA). Será el nivel de afectación y las ayudas que se requieran lo que determinará la gravedad del trastorno (nivel 1, nivel 2 o nivel 3).

El CIE-10 describe el síndrome de Asperger mostrando sus repercusiones en la interacción social recíproca típica en los TEA, y también le asocia un fenómeno de otro tipo: las personas con síndrome de Asperger tienden a desarrollar áreas de interés muy concretas y definidas, y no es frecuente que tengan un nivel de inteligencia muy por debajo de la media, llegando a la discapacitación intelectual.

Aportaciones psicoterapéuticas en Asperger

Resulta crucial saber realizar un diagnóstico que encaje adecuadamente con la realidad y que permita asistir psicológicamente a la persona con síndrome de Asperger, teniendo en cuenta sus necesidades especiales. Además, la intervención psicológica debería ser realizada cuanto antes mejor, teniendo en cuenta que el grado de vulnerabilidad psicológica de los pequeños es mayor que el de los adultos.

Por otro lado, la intervención psicológica pensada para que la persona pueda gestionar mejor sus problemas debe ser diseñada y ejecutada por especialistas acreditados. Además, si es posible, se intenta involucrar en este proceso a los miembros de la familia, dado que el trabajo colaborativo en terapia y en el ámbito doméstico es más eficaz (ambos contextos trabajan para llegar al mismo resultado: tener un impacto positivo en el paciente).

De este modo, en el proceso de mejora pueden aportar mucha gente, informándose sobre la manera de pensar, las expectativas, las situaciones estresantes o incómodas y las necesidades de esa persona en concreto que ha desarrollado síndrome de Asperger. Aquí entran amigos, maestros, médicos, monitores, etc.

Tratamiento

Como el síndrome de Asperger afecta a varios ámbitos de la vida, no consiste en un solo método y estrategia, sino en varios adaptados a cada objetivo específico. Fundamentalmente se recurre a las siguientes formas de intervención psicológica.

1. Entrenamiento en habilidades sociales básicas

En esas sesiones se ayuda a la persona a familiarizarse con los códigos de lenguaje que no responden a la manera de hablar formal, y se les ayuda a saber qué hacer en los momentos en los que no consigan interpretar lo que otros dicen.

2. Psicoterapia

En psicoterapia, se crea un contexto en el que el paciente se cuestione sus creencias disfuncionales y sus hábitos que le generan malestar, sobre todo si este malestar tiene que ver con el trastorno con el que ha sido diagnosticada la persona.

En el caso del síndrome de Asperger, cobra especial importancia aprender a gestionar la ansiedad, ya que esto es algo que afecta mucho a este tipo de pacientes.

3. Terapia ocupacional o física

Esta intervención tiene mucho sentido si la persona tiene problemas para vivir de manera autónoma realizando movimientos coordinados que forman parte de la cotidianidad: vestirse, usar un ordenador, etc.

¿Qué progresos se pueden hacer en terapia?

Según Isabel Sánchez Montero, psicóloga experta en terapias contextuales y parte del equipo de Psicólogos Málaga PsicoAbreu, uno de los pasos más importantes en el momento de conocer el diagnóstico y durante el tiempo de tratamiento es la “aceptación” por parte de la familia. Un niño con Síndrome de Asperger necesita, al igual que otro, orientación y ayuda para poder desarrollarse en el mundo, y nuestro trabajo implica cambiar la perspectiva y nuestra interpretación de lo vivido, más que forzar sus tiempos y desarrollos hasta convertirlos en los nuestros.

Poner atención en los pequeños avances, por pequeños que sean e ignorar aquellas cosas que no tienen mucha importancia; utilizar el lenguaje y las reglas de manera flexible y moderada, enseñarlos a escuchar a través de nuestra paciencia y repetición, utilizar una información adecuada de manera clara y concisa, todo ello será de gran utilidad para que el día a día de estas familias no esté lleno de impotencia, quejas y frustración. A veces, el mayor reto es cambiar los ojos con los que ver el mundo.

Aunque las personas con Asperger puedan necesitar apoyo y cuidado a lo largo de su ciclo vital, lo cierto es que estas personas pueden aprender a lidiar con las situaciones sociales y las relaciones personales de manera exitosa. Prueba de ello, son aquellos adultos que llevan a cabo su labor profesional y familiar eficazmente.