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Cómo tener un autodiálogo positivo con nosotros mismos

Estos son los pasos a seguir para interiorizar un autodiálogo positivo que refuerce la autoestima.

Cómo tener un autodiálogo positivo con nosotros mismos

El autodiálogo es la forma en la que nos comunicamos con nosotros mismos, el diálogo interno diario y en ocasiones inconsciente con el que expresamos para nuestros adentros todo aquello que nos sucede. Debido a ello, el autodiálogo es una parte importante de nuestro autoconcepto o de la idea del “Yo” que tenemos, pues da forma a nuestra manera de interpretar qué dicen acerca de nosotros mismos aquellas vivencias que nos ocurren.

El problema es que muchas personas caen en una dinámica de analizar todo lo que les pasa desde un punto de vista pesimista y nada constructivo, lo cual lleva al autosabotaje, a la culpa y a la baja autoestima. Por eso es importante procurar que nuestro autodiálogo sea positivo, y en este artículo te resumiré algunas de las claves para lograrlo.

Las claves para tener un autodiálogo positivo

El autodiálogo nos permite ejercer juicios sobre nosotros y nuestras acciones diarias, valoraciones que pueden ser justas o que pueden no ajustarse a la realidad y llevarnos a ser verdaderamente severos con nosotros mismos.

En este sentido, un autodiálogo positivo es una de las principales garantías de que tenemos una salud mental estable y de que contamos con un nivel de autoestima óptimo, mientras que un autodiálogo negativo es un signo de todo lo contrario.

A continuación encontrarás un recopilatorio de estrategias y pautas que nos ayudan a tener un autodiálogo positivo con nosotros mismos, aunque la manera más eficaz de lograrlo es asistir a psicoterapia.

1. Tomar consciencia del tipo de autodiálogo

Puesto que el autodiálogo es un fenómeno muchas veces inconsciente, es necesario trasladar a la esfera consciente todos los pensamientos, creencias, juicios y patrones autodestructivos que tengamos sobre nosotros mismos. Para ello hay que acostumbrarse a fijar la atención en conductas y maneras de pensar relevantes a causa de los efectos objetivos que tienen en nosotros, o por la fuerte carga emocional que traen consigo (es decir, si nos hacen sentir un sentimiento u emoción de manera intensa).

Qué es el autodiálogo

Una vez reconocemos nuestro propio autodiálogo podremos empezar a trabajar para cambiarlo y conseguir tener un monólogo interior más ajustado a la realidad y que nos ayuda, en lugar de perjudicarnos y de boicotearnos diariamente.

Con el objetivo de lograr verbalizar nuestro autodiálogo podemos escribir un diario, plasmando en palabras lo que sentimos o pensamos de nosotros mismos en momentos de crisis o de fracasos, anotando de manera pormenorizada cómo hemos vivido la situación.

2. Cuestionar la veracidad de los propios pensamientos

Las personas tienen tendencia a creer sus propios pensamientos sin cuestionarlos, especialmente si los albergan desde hace varios años e independientemente de que sean verdad.

No obstante, debemos tener claro que los propios pensamientos sobre uno mismo pueden cambiarse por otros más positivos y adaptativos, solo se necesita trabajar a conciencia para lograr ese objetivo y creer en nuestras propias posibilidades de éxito.

Así pues, para cuestionar un juicio o pensamiento autodestructivo podemos empezar a preguntarnos cosas como: ¿De dónde viene ese pensamiento? ¿Se ajusta a la realidad? ¿Alguien me dijo eso en el pasado? ¿Estoy ejerciendo un juicio demasiado negativo?

Ese conjunto de preguntas nos ayudarán a descubrir que ese pensamiento en concreto puede no ser cierto y nos permitirá descubrir, a medida que vamos trabajando en ello, el origen de esa idea, juicio o pensamiento negativo.

3. Identificar pensamientos autodestructivos

Una vez hemos logrado que nuestro autodiálogo salga a la superficie consciente y hemos comparado entre nuestras expectativas y creencias, por un lado, y la realidad, por el otro, es momento de identificar concretamente aquellos pensamientos, actitudes y juicios negativos. Es decir, aquellos que tienen una repercusión emocional negativa en nosotros y que no nos aportan nada bueno, sino todo lo contrario.

Este proceso puede ser complejo, ya que muchas veces resulta complicado identificar pensamientos que siempre hemos tenido y categorizarlos como autodestructivos o negativos.

Para lograrlo también podemos anotar el pensamiento exacto que nos provocan determinadas situaciones o momentos en los que fracasamos o las cosas no salen exactamente igual como creíamos.

Algunos pensamientos de tipo autodestructivo más comunes pueden ser: “No sirvo para nada”, “soy tonto”, “jamás lograré mis objetivos”, “no me van a querer nunca” o “no tengo remedio”.

4. Modificar la forma en la que nos hablamos

Una vez hemos cuestionado la veracidad de nuestros antiguos pensamientos y hemos identificado varios que dañan nuestra calidad de vida, es necesario modificarlos por otros más positivos que nos ayuden en el día a día y nos permitan alcanzar la versión positiva de nosotros mismos que nos ayude a impulsar nuestro desarrollo personal y aspirar a nuevas metas, sin ceder ante el miedo excesivo o el autodesprecio.

Esto puede lograrse sustituyendo las frases negativas que nos dirigimos a nosotros mismos “Soy malo jugando al fútbol” por otras más neutras o ajustadas a la realidad “no soy lo suficientemente bueno jugando al fútbol” o “debo entrenar más”.

Modificar la forma severa y negativa con la que nos hablamos es el primer paso para empezar a tener una mayor autoestima y usar la propia voluntad y creencia en nosotros para lograr todos los objetivos que tengamos por delante.

Además de eso, también debemos empezar a cambiar nuestras expectativas negativas por otras positivas sobre nuestras acciones, conocimientos o habilidades.

Una vez seamos expertos en cambiar nuestras ideas negativas, lograremos hablarnos cada vez de forma más positiva, al identificar nuestros puntos fuertes y virtudes.

5. Modificar la propia conducta objetiva

Para lograr un autodiálogo positivo con nosotros mismos también resulta de gran importancia realizar un cambio conductual, además del cambio cognitivo comentado anteriormente.

Este cambio conductual consiste en plantearnos metas objetivas claras y que desafían el autodiálogo negativo que habíamos estado manteniendo, con el objetivo no solo de realizar juicios más justos y reales de las situaciones que experimentamos, sino también de demostrarnos a nosotros mismos que esa nueva manera de ver las cosas es operativa y nos aporta resultados debido a que conecta con la realidad.

6. Interiorizar y entrenar el nuevo autodiálogo

Una vez hemos aprendido cómo cambiar nuestro autodiálogo negativo por otro más positivo, es momento de entrenarlo diariamente y de empezar a interiorizarlo hasta que se convierta en la forma habitual de hablar con nosotros mismos, dejando que el tiempo y el seguimiento de la rutina hagan su trabajo y sin interrumpir esa dinámica.

Este proceso puede durar unas semanas o meses, lo importante es ser consciente del cambio que debemos lograr para empezar a tener una relación mucho más positiva y adaptativa con nuestro propio yo.

7. Si nada funciona, acudir a un profesional de la psicología

Aunque todos los consejos anteriormente mencionados pueden sernos de utilidad, debemos tener siempre presente que un psicólogo o psicóloga también nos puede ayudar a lograr un autodiálogo positivo.

Contactar con un profesional de la psicología especializado en psicoterapia es una garantía de éxito para aprender todo tipo de herramientas y estrategias útiles para lograr un autodiálogo más adaptativo.

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