Muchas personas se sienten relativamente bien con su cuerpo; como máximo, piensan que estarían mejor con otro tipo de pelo, con más o menos kilos encima, o con un cuerpo más musculado.

Sin embargo, otras notan como si su identidad no encajase con su cuerpo debido a que se sienten de un género que no se corresponde con su sexo biológico. Esta sensación es la esencia de la disforia de género.

¿Qué es la disforia de género?

Básicamente, la disforia de género es el término utilizado para referirse a la incongruencia percibida entre la propia identidad de género y el sexo atribuido al propio cuerpo, cuando esta falta de correspondencia entre ambos elementos genera malestar.

Las personas que experimentan disforia de género perciben su propio cuerpo como algo extraño, que no les pertenece, porque es del sexo opuesto a como debería ser. Esto les produce insatisfacción en un grado que puede variar mucho.

Hay desde personas para las que la disforia de género es poco más que un incordio hasta otras que experimentan un profundo malestar por ello. Además, no todas las personas transexuales experimentan este fenómeno psicológico.

Por otro lado, las personas no binarias (en lo referente a su identidad de género) pueden desarrollar disforia de género, o no.

Las personas transexuales con una fuerte disforia de género tienden a necesitar que su sexo y su género estén alineados según los cánones tradicionales, o al menos en alguno de sus aspectos. Por ejemplo, es posible que solo sientan como extraño su vello corporal, o su pecho... mientras que en otros casos la disforia de género lleva a querer tener toda la apariencia típica de un hombre y una mujer, con todos sus caracteres primarios y secundarios.

¿Qué personas experimentan disforia de género?

La disforia de género puede aparecer en todo tipo de personas, incluso en la infancia, cuando aún no se tienen medios para expresar correctamente lo que se siente y el único modo de exteriorizar esta tensión entre sexo y género es rechazar los elementos con carga de género que se le quieren inculcar y optar por los que se corresponden al sexo opuesto.

Además, puede aparecer tanto en hombres como en mujeres, si bien se estima que, por lo menos en España, es algo más frecuente en hombres.

¿Es la disforia de género una enfermedad?

La respuesta corta a esta pregunta es que no, no lo es. Esto es así porque, a pesar de que hoy en día sigue existiendo el debate de si la transexualidad puede ser considerado o no un trastorno mental, no se han encontrado elementos patológicos relacionados a la disforia de género que vinculen este malestar a causas biológicas, pero sobre todo porque también puede abordarse la disforia de género como un problema social y cultural.

Según esta perspectiva, que evita la patologización de la disforia de género, esta puede explicarse como un producto de la construcción cultural del género: lo femenino está relacionado con la emotividad y la vulnerabilidad, lo masculino con la dureza y la violencia física, etc. Por eso, cuando se dan situaciones en las que la identidad de una persona no encaja con estos roles de género, se puede dar la situación de que el individuo se siente más identificado con la identidad de género que no le ha sido asignada al nacer a partir de criterios biológicos rígidos.

Así pues, si la disforia de género se puede solucionar modificando la cultura en la que viven las personas, es imposible que sea una enfermedad.

Sin embargo, esto no quita que para algunas personas la disforia de género sea tan fuerte que decidan optar por la cirugía, es decir, la vía médica e inmediata. De este modo, se puede acudir tanto a la cirugía estética como a operaciones de cambio de sexo, en las que se introducen cambio estructurales importantes. Esta se considera una solución que permite reducir la tensión que existe entre la propia identidad y las expectativas sociales impuestassobre el individuo basadas en características biológicas aisladas.

La cirugía en la transexualidad

Como la persona que vive la disforia de género nota que su identidad y su cuerpo no están en armonía, es frecuente que busque ayuda para hacer que estos dos elementos pasen a estar en sintonía.

Las medidas más comunes para esto son el uso del tipo de ropa que está asociado al género al sexo biológico al que se quiere pertenecer y la utilización de hormonas para que aparezcan ciertos cambios cuantitativos en el propio cuerpo: más o menos vello facial, mayor o menor desarrollo de la musculatura, etc.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta clase de procesos conlleva riesgos, y que incluso la toma de hormonas puede producir efectos irreversibles, sobre todo si se inicia en la etapa de la juventud.

Además, en muchos casos, lo que se interpretaba como disforia de género en realidad era un problema de otro tipo. Por ejemplo, durante la adolescencia es relativamente frecuente que personas con orientaciones sexuales al margen de la heterosexualidad crean de manera errónea que son transgénero (juzgando a partir de su evolución con el paso de los años, a medida que van informándose mejor acerca de la sexualidad y de la naturaleza de la identidad de género).

¿Psicoterapia para solucionar la disforia de género?

Claro que también se puede plantear la opción de hacer que la propia identidad encaje mejor con el cuerpo que se tiene, en vez de modificar físicamente el cuerpo. Sin embargo, la psicoterapia se ha mostrado ineficaz para resolver las sensaciones de malestar producidas por la disforia de género, por lo que la opción más útil es la modificación del cuerpo y el vestuario.

Sin embargo, eso no significa que la psicoterapia carezca de utilidad a la hora de abordar este tipo de problemas. En concreto, la atención psicológica puede utilizarse como preparación y acompañamiento de la transición a un cuerpo con la que encaje la propia identidad, para poder afrontar en buenas condiciones las nuevas necesidades y problemáticas relacionadas con el paso al otro sexo.

Referencias bibliográficas:

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