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¿Por qué cada vez estamos peor en un sentido psicológico y emocional?

¿Por qué cada vez las personas se sienten peor, más agotadas psicológica y emocionalmente?

¿Por qué cada vez estamos peor en un sentido psicológico y emocional?
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Cada vez más personas experimentan ansiedad como un sistema de vida, además de pensamientos intrusivos, estrés, desánimo, problemas de sueño o de pareja. Parece que nuestra llamada "salud mental" va cayendo en picado. Los problemas crecen como si estuviéramos atrapados en arenas movedizas. Pero, ¿es realmente así? ¿Qué hace que cada vez estemos peor? Y en todo caso, ¿estamos a tiempo de solucionarlo?

El ser humano es un ser social, afectivo y emocional. Nuestra naturaleza está totalmente preparada para sobrevivir, y una vez es así, para estar bien. No existe un problema "de raíz" que nos haga estar mal. Entonces, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Por qué cada vez las personas se sienten peor, más agotadas psicológica y emocionalmente?

Vamos a mirarlo desde dos perspectivas: la primera es la experiencia subjetiva. En mis 15 años de experiencia acompañando a personas en procesos de cambio y terapia, he comprobado una diferencia desde el año 2020. Antes, el porcentaje de personas a las que acompañaba que tenían algún problema de ansiedad o desánimo era del 40%. Desde el año 2020, esa cifra ha crecido y hoy día es del 100%.

Por otro lado, vivimos en la era de la sobre información y las redes sociales. Hablamos más que nunca de salud mental, ansiedad, desánimo, y se publican mil contenidos (la inmensa mayoría inciertos, lo cual nos confunde aún más). Esto nos ha llevado a percibir nuestra realidad como especialmente agotadora.

En este artículo vamos a profundizar en por qué cada vez tenemos más dificultades psicológicas y emocionales, cuáles son sus causas, y cómo podemos comenzar a prevenirlas.

Soy Rubén Camacho, psicólogo y coach, y puedes encontrar mi trabajo en esta página.

Las causas percibidas no son las reales

Hoy día es habitual que veamos la ansiedad, el desánimo o ciertos problemas psicológicos como "enfermedades" derivadas de problemas de salud mental. El término salud mental apareció en realidad hace poco tiempo en nuestra vida, pero las redes y los medios se encargaron de popularizarlo a escala global en muy poco tiempo.

En realidad, no existe más ansiedad porque sea una enfermedad contagiosa ni porque haya aparecido de repente una nueva patología. La ansiedad es, en gran medida, un sistema de respuesta al que llegamos de forma natural cuando vivimos durante demasiado tiempo bajo determinadas condiciones (estrés, alerta, anticiparnos demasiado, adaptarnos demasiado al entorno, problemas o discusiones recurrentes, etc.).

Tampoco estamos peor “por culpa de los demás”. Esta idea, cada vez más extendida, simplifica en exceso la realidad. Los seres humanos necesitamos a los demás. El problema no es el otro, sino cómo se están configurando hoy los vínculos.

Del mismo modo, no estamos peor porque hayan surgido nuevos términos en salud mental. Conceptos como ghosting o gaslighting responden más a la necesidad de los medios y las redes sociales de generar categorías atractivas que a la aparición de fenómenos realmente nuevos. En la práctica, muchas de estas conductas ya existían y podían entenderse de formas más simples y directas.

Por ejemplo, que una persona haga “ghosting” puede indicar una actitud evitativa o irresponsable, pero también puede responder a la necesidad de tomar distancia o espacio. Reducirlo a una etiqueta no aclara lo ocurrido, sino que lo simplifica en exceso.

El problema es que estas categorías no solo no explican con precisión lo que sentimos o vivimos, sino que tienden a aumentar la confusión. Nos empujan a interpretar la realidad a través de etiquetas rápidas y, sobre todo, a centrar la atención en las conductas de los demás, en lugar de comprender nuestra propia experiencia y cómo nos estamos relacionando.

Lo que sí estamos viviendo es una crisis más profunda: una forma de vida poco adaptada a lo que somos como seres humanos. Somos seres afectivos, emocionales, que necesitan tiempo, vínculos estables y espacios para procesar lo que sienten. Y, al mismo tiempo, somos diversos: no todos necesitamos lo mismo ni vivimos de la misma manera.

Sin embargo, el modelo actual tiende a homogeneizar, acelerar y sobrecargar. En ese contexto, el malestar no es una anomalía ni un fallo individual. Es, en muchos casos, una consecuencia coherente de cómo estamos viviendo.

Vamos a ver cuáles son las causas reales.

¿Por qué estamos cada vez peor? Causas psicológicas y emocionales

Como hablamos, el ser humano está naturalmente preparado para estar bien... siempre y cuando viva como un ser humano. Esto es lo que no está ocurriendo desde hace tiempo. En lugar de vivir según nuestros tiempos, acorde a nuestras posibilidades, y según vínculos estables, vivimos a través de la comparación social, la autoexigencia, la fijación en el otro, y nos bombardean mil contenidos que nos llevan a un estado de mayor en confusión.

En un proceso de cambio y terapia, la naturaleza de las dificultades también ha cambiado. Cuando comencé a acompañar a personas existían dificultades de autoestima, de valores, también a la hora de construir vínculos. Sin embargo, hoy día la problemática principal es la ansiedad y el agotamiento. Por este motivo, en un proceso de cambio y terapia necesitamos un enfoque profundo, para que te conozcas con mayor profundidad, y a la vez práctico, para resolver lo que ocurre ahora de forma estable.

Vamos a ver las principales causas que nos han hecho llegar a tener cada vez más dificultades psicológicas y emocionales.

Dicción tecnológica y atención fragmentada

Uno de los factores más evidentes es la relación con la tecnología. No se trata solo de “usar el móvil demasiado”. Se trata de un cambio en la forma en la que se organiza la atención.

Piensa en todas las funciones positivas que puede tener un móvil... ¿puedes hacerlas igualmente en un ordenador portátil y con un teléfono antiguo? Estarás de acuerdo en que sí. ¿Cuál es entonces la ventaja? Que llevas el móvil a todas partes.

El diseño de este dispositivo funciona según un sistema adictivo: notificaciones, redes sociales, estímulos visuales y auditivos continuos, información infinita disponible en todo momento.

Esto produce una fragmentación de la atención sostenida. La mente salta de un estímulo a otro sin tiempo suficiente para procesar lo anterior. Su uso nos satura, nos irrita, nos lleva a sentir fatiga cognitiva y con el tiempo nos afecta emocionalmente.

La solución no está en dejar de usar el móvil, sino en regular su uso. En mi caso, es algo que hacemos siempre en terapia si comprobamos que suele ser parte del problema (por ahora... lo es en casi todos los casos).

Sobrecarga de información

A esto se suma un fenómeno distinto pero relacionado: la sobreinformación.

Nunca habíamos tenido acceso a tanta información sobre salud mental, relaciones, emociones, trauma o desarrollo personal. A su vez, la mayoría de esa información se basa en teorías previas y estudios cuestionables. El resultado es que tener esa sobre información, en lugar de ayudarte a entender mejor lo que te pasa, te confunde aún más.

He recibido a consulta a docenas de personas que decían tener una pareja "narcisista" o, aún peor, que él o ella misma eran narcisista porque "lo habían leído en un artículo o contenido de instagram". En todos esos casos, pudimos descartar fácilmente que esto fuera así.

Las redes funcionan según lo que puede atraerte. Es un sistema de captació masivo de atención. En un sentido psicológico y emocional, la inmensa mayoría de contenidos no tratan sobre realidades, sino sobre sugestiones que nos hacen daño a largo plazo.

Enfoque en el otro

Vivimos en un sistema globalizado y consumista. El consumismo se basa, a su vez, en el individualismo. Según este modo de vida basamos nuestro bienestar en consumos y experiencias rápidas, pero eso crea malestar a largo plazo ya que es un camino infinito. A su vez, de este malestar se aprovechan ideas como las "personas tóxicas" o las "personas vitamina" (misma idea solo que en sentido inverso). Estas ideas nos dicen que nuestro bienestar o malestar es causa del otro... con esto, estamos perdiendo el enfoque más valioso, que es nuestra propia responsabilidad y capacidad empática para entender las distintas situaciones de una relación.

Al estar enfocados en el otro, nos olvidamos de qué podemos hacer para estar bien. Al enfocarnos en los demás, llegamos a juicios de valor y expectativas o exigencias que van mermando nuestra autoestima.

Estrés sensorial constante

El entorno actual no es solo informativamente intenso, sino que también lo es sensorialmente.

Ruido constante, estímulos visuales permanentes, velocidad, multitarea, interrupciones frecuentes. El sistema nervioso humano no está diseñado para mantenerse de forma prolongada en niveles altos de activación.

Cuando esto ocurre de manera crónica, el organismo no “se adapta” sin coste. Se mantiene en un estado de activación sostenida que dificulta el descanso real. Esto afecta directamente a la regulación emocional, al sueño y a la capacidad de recuperación.

Autoexigencia y comparación constante

Otro factor clave es la comparación social permanente.

Las redes sociales han ampliado de forma radical el campo de comparación. Ya no nos comparamos solo con nuestro entorno cercano, sino con cientos o miles de personas constantemente expuestas. Esto genera una sensación de insuficiencia crónica.

No importa cómo estés, siempre hay alguien que parece estar mejor, logrando más o viviendo con más estabilidad. Esto alimenta una autoexigencia constante: deberíamos estar mejor de lo que estamos, ser mejores que lo que somos, o ser más "felices" de cómo estamos. La cultura de la felicidad se ha transformado en una suerte de dictadura emocional.

Un modelo de vida estructuralmente exigente

Más allá de lo digital o lo psicológico, existe un factor estructural.

El modelo de vida actual combina altas exigencias laborales, incertidumbre económica, presión por rendimiento y dificultades para sostener tiempos de descanso reales. En muchos casos, la recuperación no está integrada en el sistema de vida, sino que depende de la capacidad individual de resistir.

El resultado final es que nos desconectamos de nosotros mismos. Desconexión de los propios estados internos, porque hay poco espacio para escucharlos sin interferencias. Desconexión de los demás, porque las relaciones se ven atravesadas por prisa, expectativas y falta de tiempo real. Y desconexión del propio cuerpo, que funciona en modo de activación constante.

En este contexto, el malestar es un resultado natural, no porque nos pase algo, sino por cómo estamos viviendo..

Ahora vamos a por las soluciones. Porque las hay, en terapia las vemos cada día, y aunque cada vez se nos ponga un poco más difícil, salir de este mundo moderno es posible si primero cuidamos tu mundo interno.

Soluciones para estar mejor (a pesar del contexto)

Nuestras dificultades psicológicas y emocionales, ¿proceden entonces del contexto o de nosotros mismos?

Ambos factores están unidos y no podemos disociar uno del otro. El contexto nos lleva al malestar, pero nuestros aprendizajes y sistema de vida, también. Sin embargo, no podemos cambiar el contexto a corto plazo, mientras que sí podemos aprender a conocernos y aplicar cambios que nos lleven a estar mejor.

En eso consiste un proceso de cambio y terapia. Se trata de un aprendizaje sobre ti, con compañía profesional y experta, para descubrir qué está ocurriendo y cómo podemos cambiarlo.

Cuando tenemos una dificultad (problemas de pareja, rupturas, ansiedad, autoestima, estrés en el trabajo), el enfoque adecuado no es centrarnos en el problema, sino en la solución, que siempre serás tú y tu aprendizaje personal.

Existen algunas claves para estar bien a pesar de este contexto que nos ha tocado vivir (y todas ellas las trabajamos en terapia).

Por un lado, la reducción de sobrecarga externa: límites con la tecnología, con el ritmo, con la exposición constante a estímulos.

Por otro lado, el desarrollo de mayor conocimiento interno: entender qué se siente, cómo se regula y qué necesita cada persona en términos concretos.

También la recuperación del vínculo, entendido no como cantidad de relaciones, sino como calidad de presencia en los vínculos existentes.

Y, en el contexto terapéutico, un trabajo centrado en procesos reales de la persona, no solo en etiquetas o explicaciones generales.

Rubén Camacho

Rubén Camacho

Psicólogo online especializado en ansiedad, autoestima y gestión emocional | Terapia online

Profesional verificado
Málaga
Terapia online

Estar bien comienza en ti

El contexto nos lo pone difícil pero podemos salir de él. Si es lo que quieres, puedes agendar una primera sesión exploratoria conmigo en Empoderamiento Humano. En esta sesión nos conocemos, profundizamos en tu caso y vemos cómo podemos solucionarlo y cómo puedo acompañarte.

Te envío muchos ánimos y compromiso, Rubén Camacho

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Rubén Camacho. (2026, junio 5). ¿Por qué cada vez estamos peor en un sentido psicológico y emocional?. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/clinica/por-que-cada-vez-estamos-peor-psicologico-emocional

Psicólogo y coach

Málaga
Terapia online

Rubén Camacho es psicólogo y coach online especializado en ansiedad, autoestima y gestión emocional. Acompaña a personas que desean comprender qué les ocurre, regular sus emociones y generar cambios reales en su vida. Su enfoque integra psicología, coaching y autoconocimiento, con una perspectiva práctica, personalizada y transpersonal. Trabaja ansiedad, inseguridad, desánimo, miedos, ira, autoestima y dificultades de pareja. También acompaña procesos profesionales relacionados con liderazgo, comunicación, productividad, estrés y desarrollo del talento. El proceso es 100% online e incluye sesiones personalizadas, plan de acción, herramientas prácticas, seguimiento por email y apoyo continuado por WhatsApp.

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