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5 falsas creencias sobre el coaching

Un resumen de las creencias erróneas más comunes acerca del coaching y el rol del coach.

Falsas creencias sobre el coaching

Aunque el coaching es una profesión en auge y, por consiguiente, existe más información y menos desconocimiento sobre ella, todavía existen algunos mitos y falsas creencias que la rodean y que impiden que muchas personas se acerquen con confianza a realizar un proceso de coaching.

Creencias erróneas sobre el coaching

A continuación aclaramos y explicamos qué falsos mitos son los que rodean al coaching para intentar despejar las mayores dudas posibles sobre el trabajo real de un coach.

1. Proceso de coaching y terapia psicológica no son lo mismo

Puede que esta sea una de las falsas creencias más arraigadas en torno al coaching. Ambas profesiones trabajan en esferas similares, pero no se centran en lo mismo. La terapia psicológica se ocupa principalmente de aspectos de salud mental, trabaja la disfunción mental: digamos que es donde se llevan a arreglar las emociones cuando se estropean y no permiten a la persona llevar una vida normal.

En cambio el coaching no cura ni trata problemas de salud mental. De hecho, un coachee no es un paciente, como sí lo es en el caso de la psicología, sino un cliente. Un proceso de coaching está más encaminado a sacar la excelencia de uno mismo, a mejorar cómo te relacionas con tus recursos y contigo mismo para ser más eficiente en distintas áreas de tu vida.

Cuando un coach detecta que hay un trasfondo de salud mental que está impidiendo al coachee su desarrollo personal, lo ético y correcto es derivarlo a un psicólogo para que trate esa esfera que no es la suya. De igual manera, un psicólogo puede observar tras finalizar una terapia que su paciente necesita un acompañamiento para conseguir avanzar en alguna área de su vida y sería lo adecuado derivarlo a un coach para que lo realice. En definitiva: coaching y psicología no son lo mismo, pero deberían ir de la mano para ayudar a las personas desde un plano mucho más amplio.

2. Coaching tampoco es mentoría

Las palabras clave del trabajo de un mentor son aconsejar y ayudar, mientras que las de un coach son guiar y acompañar. Y aunque la línea que las separa sea fina, no son lo mismo y, por lo tanto, cada profesión es distinta.

Pero es que, además, se diferencian en algo importante: el mentor es especialista en un tema concreto y aconseja y ayuda en base a lo que él o ella ha hecho en ese terreno para ser exitoso; mientras, el coach, puede realizar el acompañamiento sea cual sea el objetivo a alcanzar. Lo importante es la metodología para alcanzarlo, no el tipo de objetivo en sí.

Coaching

Para entenderlo mejor, el mentor trabaja con su aprendiz aconsejando qué hacer en base a lo que él ya ha vivido, le muestra las ventajas y desventajas de lo que hace y le ayuda en su camino profesional a través de sus propios contactos. En cambio, el coach acompaña al coachee incidiendo en los para qué, le hace reflexionar sobre qué pasaría y le guía para buscar el mejor camino para alcanzar su objetivo.

3. Un coach no es un motivador

Puede que sea una de las falsas creencias que hacen más daño al coaching porque dejan la profesionalidad del coach en entredicho. Un coach no trabaja dando palmadas en la espalda y con frases tipo ‘tú puedes con todo’, ‘si quieres, puedes’, etc.

En el coaching más que la palabra prima la escucha activa y, sobre todo, la metodología que no tiene nada que ver con decir frases positivas. El coach sí sostiene y mantiene la motivación del coachee durante el proceso, pero no lo hace dándole ánimos con palabras vacías.

4. Un coach no transforma tu vida

Son comunes expresiones como ‘el coaching me ha cambiado la vida’ o ‘ese coach me ha transformado’. Pero son frases trampa que otorgan todo el protagonismo a quien no lo tiene realmente en un proceso de coaching.

Un coach profesional nunca dice lo que tiene que hacer al coachee. Él solo utiliza la pregunta para que sea el propio coachee el que trace el camino y encuentre las herramientas que él mismo tiene para transitarlo.

Por tanto, el coach solo es un guía, nunca el protagonista. Es cierto que la profesionalidad del coach hará que el coach vaya más o menos recto en ese camino, pero la realidad es que todo lo que consiga el cliente en este caso es por su propio compromiso y esfuerzo.

5. No todas las personas pueden recibir coaching

Aunque el coaching sí es para todos puesto que ayuda a solventar dilemas de todo tipo y a poder trazar planes de acción en la consecución de objetivos vitales, la realidad es que no todas las personas están preparadas para someterse a un proceso de coaching en un momento determinado.

Un proceso de coaching implica compromiso por parte del coachee y también saber que supondrá cambios a nivel personal, internos, y hay que ser consciente de ello y estar abierto y preparado para que eso ocurra. Si no, el proceso de coaching no valdrá para nada.

En este sentido, el propio coach puede detectar que el cliente no está en el punto de intención y compromiso para sacar provecho al proceso de coaching y lo ético es comunicárselo al coachee para tomar las decisiones oportunas.

Coaches profesionales para acabar con los mitos

Una de las formas más efectivas de acabar con los falsos mitos que rodean al coaching es que las personas que ejerzan esta profesión sean auténticos profesionales que demuestren y hagan entender con su buena ética y práctica lo que realmente es y se hace con un proceso de coaching.

En nuestro Máster en Coaching Profesional se aprende la metodología del coaching desde la parte del respeto y la ética, para que los coaches que salgan de esta formación dejen una huella de profesionalidad que haga al coaching ocupar el lugar que se merece en la esfera de la ayuda humana.

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