La conversación ocurrió al terminar un entrenamiento que, desde fuera, parecía normal. Series cumplidas, tiempos correctos, ningún gesto de abandono. Sin embargo, cuando salió del agua y se sentó a mi lado, su mirada estaba apagada.
—“No sé qué me pasa… ya no siento lo mismo”, me dijo.
Era una nadadora joven, comprometida, disciplinada, que había empezado la temporada con ilusión y ahora, a mitad de camino, sentía que algo se había roto por dentro. No hablaba de cansancio físico. Hablaba de perder la chispa. Como Coach Mental, sé que ese momento genera mucha inquietud en deportistas y padres. La pregunta aparece rápido: ¿y si ya no está motivada? Pero quizá la pregunta correcta sea otra: ¿qué entendemos realmente por motivación deportiva?
El gran mito: creer que la motivación siempre se siente
Vivimos rodeados de mensajes que idealizan la motivación como un estado permanente. Ganas, energía, entusiasmo constante. En el deporte, este mito hace mucho daño.
Muchos jóvenes deportistas creen que si un día no tienen ganas, algo va mal. Muchos padres se preocupan cuando ven a sus hijos entrenar sin brillo en los ojos. Y muchos entrenadores interpretan la bajada de emoción como falta de compromiso. Pero la realidad es otra: nadie está siempre motivado.
Ni los profesionales, ni los campeones, ni los que aman profundamente su deporte.
La motivación entendida como emoción es cambiante. Sube y baja. Depende del contexto, del cansancio, de los resultados, de la vida fuera del deporte.
Pretender que esté siempre presente es exigirle al deportista algo irreal.
Desde el coaching mental trabajamos una idea clave: no todo lo que importa se siente con intensidad todo el tiempo.
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Emoción y compromiso: no son lo mismo
Aquí está uno de los aprendizajes más importantes que comparto como Coach Deportivo: la motivación no es solo emoción, también es compromiso.
La emoción dice “me apetece”. El compromiso dice “esto es importante para mí, incluso cuando no apetece”.
La joven nadadora había confundido ambas cosas. Como muchos. Al no sentir entusiasmo, interpretó que algo fallaba en ella. Empezó a cuestionarse, a compararse con compañeras que parecían más ilusionadas, a dudar de su camino.
En realidad, lo que estaba viviendo era algo natural: una meseta emocional en mitad de una temporada exigente. Su cuerpo seguía entrenando. Su disciplina seguía ahí. Lo que había cambiado era la emoción inmediata.
Cuando entendió esta diferencia, algo se alivió. Dejó de luchar contra lo que sentía y empezó a observarlo.
La presión de “tener que querer”
Uno de los mayores enemigos de la motivación deportiva es la obligación de estar motivado.
Frases como “tienes que ponerle ganas”, “si no estás motivada, no sirve”, “hay otros que matarían por estar en tu lugar” no ayudan. Aumentan la culpa.
La culpa apaga la motivación mucho más rápido que el cansancio.
Como Coach Mental, veo a menudo deportistas que no se permiten estar cansados emocionalmente. Siguen entrenando, pero con una autoexigencia silenciosa: debería sentir más.
Aceptar que habrá días planos, entrenamientos rutinarios y semanas sin brillo no significa conformarse. Significa madurar deportivamente. La motivación sólida no es euforia. Es sentido.
Redefinir la motivación: volver al “para qué”
En el trabajo de coaching mental, cuando la chispa baja, no buscamos encender fuegos artificiales.
Buscamos volver al propósito. Le pregunté a la nadadora algo simple:
—“¿Para qué nadas, más allá de esta temporada?” No respondió enseguida. Pensó. Y ahí apareció algo distinto: recuerdos, valores, sensaciones que no dependían del resultado ni del estado de ánimo del día.
La motivación deportiva profunda no vive en la emoción diaria, vive en el significado. Cuando el deportista conecta con su “para qué”, puede sostener el proceso incluso en fases menos emocionantes.
Esto no significa entrenar en automático. Significa entrenar con consciencia.
Estrategias realistas para sostener la motivación
1. Normalizar los altibajos
Entender que no sentir ganas no es un problema a resolver, sino una fase a atravesar. Esto reduce mucha presión interna.
2. Cambiar la pregunta
En lugar de “¿tengo motivación?”, probar con “¿qué nivel de compromiso quiero hoy?”. La respuesta suele ser más clara y honesta.
3. Ajustar expectativas emocionales
No todos los entrenamientos son inspiradores. Algunos son simplemente necesarios. Aceptar eso libera energía.
4. Microobjetivos con sentido
No pensar en toda la temporada, sino en el siguiente paso concreto.
Esto devuelve sensación de avance. Estas herramientas no buscan forzar la motivación, sino cuidarla.
El papel de los padres: acompañar sin dramatizar
Para los padres, ver a un hijo “menos motivado” genera miedo. A veces aparece la urgencia por arreglarlo rápido: hablar más, exigir más, animar más. Pero no siempre más es mejor.
Acompañar desde la calma, validar lo que el hijo siente sin sacar conclusiones apresuradas, es clave.
Escuchar sin intentar convencer. Confiar en el proceso sin interpretar cada bajón como una crisis.
Desde el coaching mental trabajamos mucho con familias esta idea: la motivación no se impone, se cultiva.
Y se cultiva mejor en un entorno donde el deporte no es la única fuente de valor personal.
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Cuando el compromiso sostiene lo que la emoción no puede La nadadora no recuperó la chispa de un día para otro.
Pero algo cambió: dejó de pelearse con su estado emocional.
Siguió entrenando. Ajustó expectativas. Se permitió días grises. Y, poco a poco, la relación con su deporte se volvió más honesta.
Un día, después de una sesión normal, me dijo:
—“Hoy no estaba súper motivada… pero estuve presente”.
Eso es madurez deportiva. Porque la verdadera motivación no es sentirse bien todo el tiempo, sino elegir seguir cuando no todo es fácil.
Una mirada más adulta sobre la motivación deportiva
El mito de estar siempre motivado crea deportistas frágiles. La comprensión del compromiso crea deportistas sostenibles. Como Coach Deportivo y Coach Mental, creo firmemente que el objetivo no es que los jóvenes amen su deporte cada día con la misma intensidad, sino que construyan una relación sana y duradera con él.
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Daniel Miskiewicz Perdigon
Daniel Miskiewicz Perdigon
Master en Coaching Deportivo
La motivación deportiva real no grita. No siempre brilla. A veces camina en silencio, sosteniendo el proceso cuando la emoción descansa. Quizá la pregunta no sea “¿estoy motivado hoy?”, sino “¿esto sigue teniendo sentido para mí?”.
Cuando la respuesta es sí, incluso en voz baja, el camino sigue. Y esa es una motivación mucho más fuerte que cualquier euforia pasajera.
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