La dislexia es un trastorno del aprendizaje que afecta a la lectura. Cuando no se detecta o no se entiende bien, los niños y niñas que la presentan pueden sentirse frustrados, avergonzados o con miedo a no estar a la altura de lo que se espera de ellos, lo que a veces les lleva a evitar leer.
En este artículo vamos a ver varias actividades para apoyar a niños con dislexia, que pueden ayudarles a desarrollar las habilidades en las que se basa la lectura y a recuperar la confianza y el gusto por leer. Antes, repasaremos brevemente en qué consiste este trastorno.
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¿Qué es exactamente la dislexia?
Este trastorno del aprendizaje afecta principalmente la capacidad de lectura, pero como efectos colaterales tiene otras implicaciones; alteraciones en la capacidad para escribir y en para la comprensión lectora, principalmente. A veces se da también junto a otros trastornos del aprendizaje y del desarrollo, como la discalculia.
El proceso de relacionar las letras con su respectivo sonido en fonemas se ve dañado o ralentizado, esto implica una limitación al intentar entender las palabras escritas.
Muchas personas creen que la dislexia es un problema visual, pero no es así. Se trata de un trastorno del neurodesarrollo, con un componente genético importante, que afecta sobre todo al procesamiento del lenguaje. No se debe a ninguna lesión cerebral ni tiene nada que ver con la inteligencia o el esfuerzo.
Aunque la dislexia acompaña a la persona a lo largo de su vida, con los apoyos adecuados los niños mejoran mucho su lectura y desarrollan estrategias para desenvolverse con éxito, tanto en la escuela como en casa. Las actividades que proponemos a continuación pueden complementar, pero no sustituir, la intervención de un profesional especializado.
Actividades para niños y niñas con dislexia
El siguiente listado está conformado por una serie de recursos psicoeducativos que te servirán para brindar apoyo a los niños que presentan dislexia.
1. Juegos con los sonidos de las palabras
La conciencia fonológica es la capacidad de darse cuenta de que las palabras están formadas por sonidos y de jugar con ellos. Es la habilidad que más se relaciona con el aprendizaje de la lectura, y la que suele estar más afectada en la dislexia. Se puede trabajar con juegos orales, sin necesidad de leer:
- Rimas: buscar palabras que rimen con otra ("¿qué rima con ratón?") o detectar la intrusa en una serie ("gato, pato, mesa").
- Sílabas: dar una palmada por cada sílaba de una palabra ("ma-ri-po-sa": cuatro palmadas).
- Sonido inicial: jugar al "veo, veo" con sonidos ("veo algo que empieza por /s/").
- Quitar y cambiar sonidos: "¿qué queda si a sol le quitamos la /s/?" o "si en pato cambiamos la /p/ por /g/, ¿qué palabra sale?".
Conviene empezar por las tareas más sencillas, como las rimas y las sílabas, y avanzar poco a poco hacia los sonidos individuales.
2. Relacionar letras y sonidos
Una vez que el niño juega con los sonidos, el siguiente paso es conectarlos con las letras de forma explícita y sistemática. Algunas ideas:
- Presentar las letras de una en una, empezando por las que tienen un sonido más estable, como la m, la s o las vocales.
- Implicar varios sentidos: decir el sonido mientras se traza la letra con el dedo en el aire, en arena o en plastilina.
- Usar tarjetas con letras y dibujos, como la m junto a una mano, para facilitar el recuerdo.
- Repasar con frecuencia las letras ya aprendidas antes de introducir otras nuevas.
Es preferible practicar un rato breve cada día que hacer sesiones largas de vez en cuando.
3. Deletrear palabras
Con letras móviles, como fichas o letras magnéticas, el niño puede construir palabras sonido a sonido: decimos una palabra sencilla ("sol"), la separa en sonidos (/s/-/o/-/l/) y busca la letra de cada uno. Después, puede cambiar una letra y leer la palabra nueva ("sal"). Esta actividad une la lectura y la escritura y ayuda a que el niño entienda cómo funcionan las palabras. Como en todas las actividades, lo importante es que viva los errores como parte del juego.
4. Leer juntos
Por lo general, a los niños disléxicos no les gusta participar de actividades relacionadas con la lectura por miedo a tener que enfrentar sus limitaciones. Es fundamental que nos encarguemos de ayudar al niño a superar este temor y contribuir a que comience a involucrarse más en la lectura.
La idea es que juntos podáis comenzar a leer y analizar el texto leído. Podemos leerle narrando paso a paso lo que va sucediendo en la trama mientras le hacemos preguntas acerca de lo que él cree que puede ocurrir a continuación. La finalidad es que el infante vaya dejando atrás el miedo que siente por leer y se involucre más activamente en esta actividad
Una vez que hemos terminado de relatar, le podemos pedir que realice la búsqueda de ideas principales o que nos comente un final diferente para la historia. De esa forma, el niño puede disfrutar de las historias sin tenerlas que leer él mismo.
5. Leer y releer para ganar fluidez
Elegid un texto breve y adecuado a su nivel, como un párrafo, un poema corto o un diálogo. Primero lo lee el adulto en voz alta, como modelo, y después el niño lo lee varias veces a lo largo de unos días. Con cada lectura irá ganando velocidad y seguridad. Puede ser motivador medir el tiempo o grabar la lectura para que el niño compruebe su propio progreso, siempre comparándolo consigo mismo y nunca con otros niños.
6. Juegos de palabras adaptados
Es importante que los niños no sientan que aprender es una obligación en la que solo cuenta hacerlo bien. Los juegos ayudan a practicar sin presión. Algunas opciones útiles son los crucigramas sencillos con dibujos como pistas, los juegos de mesa con letras, como formar palabras con fichas, o el "ahorcado" con palabras cortas y conocidas. Conviene adaptar la dificultad para que el niño tenga éxito la mayor parte del tiempo. Los juegos de palabras, como crucigramas y las sopas de letras, entre otros, funcionan bien para que los chicos aprendan mientras juegan.
7. Vocabulario y significado
Tener un vocabulario amplio facilita la comprensión lectora y ayuda a reconocer palabras aunque se lean con esfuerzo. Podéis jugar a buscar sinónimos o contrarios, a explicar con sus propias palabras qué significa un término o a inventar frases con palabras nuevas. Es útil usar el vocabulario de los libros y materiales que trabaja en clase, para que después le resulte más familiar al leerlos.
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Consejos para que las actividades funcionen
- Sesiones cortas y frecuentes: es mejor practicar diez o quince minutos al día que una hora de golpe.
- Valorar el esfuerzo: reconoce lo que el niño intenta y lo que avanza, no solo el resultado.
- Evitar las comparaciones con hermanos o compañeros.
- Coordinarse con el colegio y con los profesionales que le acompañan, para trabajar en la misma línea.
- Consultar a un especialista si las dificultades persisten o si el niño muestra mucha ansiedad o rechazo hacia la escuela.










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