El Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) es una de las alteraciones psicológicas de las que más se oye hablar tanto en conversaciones de la vida cotidiana como en productos culturales: series, libros, películas, etc.

Se ha ganado la fama de ser un fenómeno curioso, que llama la atención y que expresa rasgos de personalidad llamativos que en ocasiones son representados como si fuesen una forma de carisma: la obsesión por el orden, las ganas de que todo salga bien y ajustándose a los planes, etc. Sin embargo, el TOC real, el que de verdad existe, es mucho más complejo que eso, y puede dañar mucho la calidad de vida de las personas. Por eso debe ser tratado por especialistas.

En esta ocasión entrevistamos a una de esas personas expertas en intervenir en pacientes con problemas como el Trastorno Obsesivo-Compulsivo: la psicoterapeuta Idoia Castro Ugalde, Directora del centro de psicología bilbaíno Abra Psicólogos.

Entrevista a Idoia Castro: comprendiendo el Trastorno Obsesivo-Compulsivo más allá de los tópicos

Idoia Castro Ugalde es psicóloga especializada en el ámbito clínico y sanitario, y trabaja en el mundo de la psicoterapia desde hace más de 20 años. En esta ocasión nos habla sobre el Trastorno Obsesivo-Compulsivo desde el punto de vista de quien, como profesional, ha ayudado a muchas personas a afrontar esta alteración psicológica y a superarla.

¿Qué es exactamente el TOC?

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se caracteriza por la presencia de obsesiones y/o compulsiones.

Las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan, en algún momento del trastorno, como intrusivos y no deseados y que en la mayoría de las personas, causan un grado de ansiedad o malestar significativo.

Las compulsiones son conductas o actos mentales, de tipo ritual y repetitivo que la persona realiza como respuesta a la obsesión, o de acuerdo con reglas que “ha de aplicar” de una forma rígida. El objetivo las compulsiones es prevenir o disminuir la ansiedad o el malestar (provocado por la obsesión), o evitar algún suceso o situación temida; sin embargo, estos comportamientos o actos mentales no están conectados de una manera realista con los que estarían destinados a neutralizarlos o prevenirlos, o resultan claramente excesivos.

Las obsesiones o compulsiones requieren mucho tiempo y causan un malestar o deterioro clínicamente significativo en el área social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento de la persona que las padece.

El contenido de las obsesiones y compulsiones varía de unos individuos a otros. Entre los más frecuentes están los contenidos relacionados con la limpieza (obsesiones de contaminación y compulsiones de limpieza), la simetría (obsesión por la simetría y las compulsiones de repetir, contar y ordenar), los pensamientos tabú (obsesiones agresivas, sexuales y religiosas y las compulsiones relacionadas) y el daño (miedo a hacerse daño a uno mismo o a los demás y compulsiones de comprobación). Otras personas tienen dificultad para desechar cosas y acumulan objetos.

Es común que las personas tengan síntomas en más de una dimensión.

¿Tiene alguna relación con lo que se conoce como "pensamiento mágico"?

La superstición se ha relacionado a lo largo de los años con varios desórdenes psicológicos.

El concepto de “pensamiento mágico” puede ser considerado como el más utilizado dentro de la psicología cognitiva para referirse a los pensamientos supersticiosos. Sería un tipo de distorsión cognitiva. En concreto, a través del pensamiento mágico la persona hace una atribución causal de la influencia que un evento posee en acciones o pensamientos cuando de hecho, no existe tal relación causal.

Las creencias supersticiosas son un tipo de “pensamiento mágico” que se ha ido transmitiendo de generación en generación y generalmente, están asociadas con la buena o mala suerte, por ejemplo “la mala suerte que puede traernos el que se nos cruce un gato negro”.

El “pensamiento mágico” en un ámbito no clínico, forma parte del desarrollo normal de los niños hasta aproximadamente los 10 años (momento a partir del cual empiezan a distinguir entre realidad y fantasía), en sociedades “primitivas” y mínimamente en sociedades occidentales, relacionado con la incertidumbre o falta de conocimiento para explicar ciertos temas.

Tanto en niños, como en adultos, el “pensamiento mágico” tiene un papel relevante en el TOC. En gran medida, éste lo diferencia de otros tipos de trastornos de ansiedad y parece que un nivel elevado de pensamiento mágico está relacionado con un peor pronóstico del trastorno. La persona con TOC puede creer que si realiza un ritual mental o de comportamiento determinados (compulsión) evitará que ocurra el desastre que teme (obsesión).

Respecto a las personas que padecen TOC varían en el grado de conocimiento que tienen sobre la exactitud de las creencias que subyacen a la sintomatología obsesivo-compulsiva. Muchas personas reconocen que estas creencias son claramente o muy probablemente no ciertas; otras consideran que son probablemente ciertas y algunas personas están completamente convencidas de que las creencias relacionadas con el TOC son ciertas. Este último caso, en el que la persona tiene escasa o ninguna conciencia de enfermedad, y cree con gran convicción el contenido de su pensamiento mágico, podría estar vinculado a una peor evolución a largo plazo del TOC.

¿Existe un perfil de persona con mayor propensión a desarrollar Trastorno Obsesivo-Compulsivo?

A día de hoy, no conocemos las causas exactas del TOC. Hay una serie de factores en estudio, que parece que influyen en su aparición.

En los factores ambientales se podrían aquí incluir lesiones en la cabeza, procesos infecciosos y síndromes autoinmunes, el hecho de haber sido maltratado física o sexualmente en la infancia y estrés.

En los factores socio-ambientales hay determinados estilos educativos que fomentan la hiperresponsabilidad y el perfeccionismo, una rígida formación moral o religiosa, un estilo educativo sobreprotector, modelos parentales con comportamientos con baja tolerancia a la incertidumbre, importancia excesiva de la relación entre creencias que sobreestiman la importancia del pensamiento y la responsabilidad o implicación de la propia identidad en lo que se piensa (por ejemplo “pensar algo malo es igual que hacerlo”) y/o exageran la conexión entre pensamiento y realidad en lo que se ha denominado “fusión pensamiento-acción” (por ejemplo “pensar algo puede hacer que ocurra”).

También hay factores temperamentales: los síntomas de interiorización, mayor emotividad negativa y la inhibición del comportamiento en la infancia.

En cuanto a factores genéticos, la probabilidad de tener TOC al tener familiares de primer grado de los adultos con el trastorno, es aproximadamente dos veces mayor que entre los que no tienen familiares de primer grado con TOC. En los casos de familiares de primer grado con TOC, iniciado en la infancia, la tasa se incrementa 10 veces.

En los factores neurofisiológicos hay disfunciones de ciertas zonas corticales del cerebro que parecen estar fuertemente implicadas.

Finalmente, como factores neuroquímicos, la hipótesis que cuenta con más apoyo científico es la serotoninérgica.

Teniendo en cuenta que muchas veces los trastornos psicológicos se solapan entre sí, ¿cuáles son las alteraciones mentales que suelen ir de la mano del TOC?

Muchas de las personas que sufren TOC tienen además otras psicopatologías.

Según la American Psychiatric Association (APA) en su Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5), un 76% de los adultos con TOC están diagnosticadas además, de un trastorno de ansiedad (trastorno de pánico, ansiedad social, ansiedad generalizada o fobia específica) o un 63% tienen otro diagnóstico de trastorno depresivo o bipolar (siendo el más frecuente el trastorno depresivo mayor). El inicio del TOC suele ser más tardío que el de los trastornos de ansiedad comórbidos, pero a menudo precede a los trastornos depresivos.

El trastorno de personalidad obsesivo-compulsiva es también frecuente en las personas con TOC, aproximadamente entre el 20 y 30%.

El trastorno de tics aparece hasta en un 30% a lo largo de la vida de las personas con TOC, y en los niños se puede ver la triada compuesta por TOC, trastorno de tics y trastorno por déficit de atención/hiperactividad.

También se producen con mayor frecuencia en personas que padecen un TOC, respecto a los que no lo padecen, ciertos trastornos como: el trastorno dismórfico corporal, la tricotilomanía (arrancarse el pelo), el trastorno de excoriación (rascarse la piel) y trastorno negativista desafiante.

Por último, en personas con ciertos trastornos la prevalencia del TOC es mucho mayor que en la población general, por lo que cuando se diagnostica uno de estos trastornos, habría que evaluar también sobre el TOC. Por ejemplo, en pacientes con ciertos trastornos psicóticos, trastornos de la conducta alimentaria y el trastorno de la Tourette.

Como profesional, ¿qué estrategias acostumbras a utilizar para intervenir en pacientes con esta alteración psicológica?

Actualmente, y desde el surgimiento de las "terapias de tercera generación" como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), y el Mindfulness utilizo para el tratamiento del TOC una intervención integradora, complementando la Terapia Cognitivo-conductual (TCC) con estas nuevas técnicas.

La terapia cognitivo-conductual trata de resolver los problemas y el sufrimiento psicológico, basándose en la relación entre sentimientos, pensamientos y conductas. Sabemos que la mayoría de las personas tenemos en algunas ocasiones pensamientos negativos, o pensamientos intrusivos que aparecen de forma automática en nuestra mente. La TCC nos enseña a identificar este tipo de pensamientos negativos, y a cambiarlos por otros pensamientos racionales, que se ajusten a la realidad. Así, mediante la reestructuración cognitiva podemos afrontar nuestras vidas de una forma más adaptativa y realista.

En lo que se refiere al TOC, es importante diferenciar los pensamientos intrusivos normales y los pensamientos obsesivos, que pueden definirse como intrusiones valoradas de manera negativa y sesgada.

Cuando estos pensamientos intrusivos normales son valorados de manera negativa y catastrofista, la persona comienza a experimentar un nivel elevado de ansiedad y preocupación, e interpreta los pensamientos intrusivos como si fueran algo grave, peligroso y de lo que es necesario ocuparse. Las compulsiones propias del TOC tienen como efecto la neutralización de la preocupación y el alivio de la ansiedad provocado por la obsesión. De esta manera la conducta ritual (compulsión) es reforzada negativamente y se consolida el trastorno.

En la terapia, enseñamos a los pacientes a identificar sus propios pensamientos intrusivos, para en función de su idiosincrasia, trabajar y dotarles de las herramientas cognitivas y conductuales más eficaces.

La Terapia de Aceptación y Compromiso trata de cambiar la relación que la persona mantiene con sus propios síntomas. Ha de hacer algo que probablemente va en contra de su sentido común, como es "aceptar" los síntomas en vez de intentar "eliminarlos". El primer paso para poder manejar las obsesiones y compulsiones es “aceptarlas”, en lugar de resistirse o luchar contra ellas.

Como apuntaba antes, hay una coexistencia elevada de la sintomatología obsesivo-compulsiva con otros trastornos, como los trastornos depresivos y otros trastornos de ansiedad.

En este caso, la ACT aplicada de forma complementaria a la terapia cognitivo-conductual se dirige a mejorar algunos de los síntomas derivados de los trastornos asociados como la depresión y la ansiedad (ya que éstos provocan que aumenten o se compliquen los síntomas del TOC), posibilitando la disminución de la frecuencia de las intrusiones y rumiaciones, y la reducción del nivel de ansiedad que ocasiona el TOC.

El tratamiento lo realizamos de forma individual, según las necesidades e idiosincrasia de cada paciente y en algunos casos en que sea necesario, se combina con tratamiento psicofarmacológico, bajo prescripción médica.

La intervención psicoterapeútica temprana es fundamental en los pacientes con TOC, para evitar la cronificación del trastorno, ya que sin tratamiento las tasas de remisión son bajas.

¿Cómo se va produciendo el proceso de recuperación en el que el paciente va superando el trastorno?

El tratamiento mediante TCC, ACT y Mindfulness, aborda las obsesiones y compulsiones con diversas técnicas cognitivas y conductuales, como la reestructuración cognitiva, la exposición con prevención de respuesta, la aceptación de ciertos síntomas, y el manejo de técnicas de relajación, entre otras.

El aprendizaje de estas técnicas dota a los pacientes para poder manejar los síntomas del TOC si estos reaparecieran en algún momento futuro. Los resultados post tratamiento muestran, por lo general, una importante disminución de los niveles de ansiedad, y del malestar experimentado y la reincorporación de la persona a las áreas importantes de funcionamiento de su vida.

Conviene destacar la importancia de la motivación y la colaboración por parte del paciente, tanto para acudir a las sesiones como para realizar las tareas para casa que se le pautan para que realice como trabajo personal, fuera de las sesiones en consulta. Esto es fundamental para el éxito del tratamiento, así como también lo es la participación, colaboración y apoyo de las personas significativas de su entorno (pareja, familia, amigos).

Por último, una vez finalizado el tratamiento propiamente dicho, consideramos importante realizar sesiones de seguimiento y de prevención de recaídas.