Un problema de ansiedad común.

El miedo a la incertidumbre es uno de los problemas psicológicos más frecuentes en las consultas de psicoterapia, y puede adoptar diversas formas.

Puede, por ejemplo, aparecer como ansiedad ante el paso de la universidad al mundo laboral. O puede surgir justo en el momento en el que una relación de pareja en la que hemos estado durante años termina, y sentimos la necesidad de adaptarnos a unos hábitos totalmente nuevos en solitario. Incluso es posible que facilite la aparición de trastornos psicológicos diagnosticables, como las fobias o el TOC.

Para comprender mejor en qué consiste la naturaleza del miedo a la incertidumbre, hablamos con Alejandro García Alamán, Director del centro de psicología de Barcelona Hylé Consulta de Psicología.

Entrevista a Alejandro García Alamán: el miedo a la incertidumbre

Alejandro lleva muchos años ofreciendo terapia a pacientes con todo tipo de problemas psicológicos, y entre estos casos la ansiedad es un factor muy habitual.

El estado de tensión y alerta que genera el no saber qué va a pasar a corto o largo plazo puede trastocar por completo nuestro bienestar, y muchas veces no comprender cuál es la naturaleza de ese miedo a la incertidumbre empeora las cosas. Por eso, le hacemos una serie de preguntas a este psicólogo para que aporte las principales claves para entender esta alteración de la ansiedad.

Desde el punto de vista de la psicología aplicada a la terapia… ¿qué es el miedo a la incertidumbre? ¿Cómo la podemos definir?

Pues desde una visión más clínica, entraría en el campo de los trastornos de ansiedad, como cualquier miedo desbordado. En las personas que sufren por no saber qué ocurrirá y se ponen siempre en el caso peor, por ejemplo, podría hablarse de un trastorno de ansiedad generalizada.

Pero al no ser fácil de identificar el origen, como en las fobias, es complicado ponerle una etiqueta. Y de hecho, lo que llamamos incertidumbre es bastante amplio: miedo a no saber qué hacer con la propia vida, ya sea por falta de opciones, o por exceso (la famosa ansiedad existencial que genera la libertad de elección), o el miedo a aquello que desconocemos o que no podemos controlar.

A la práctica, ¿en qué se distingue de otras formas de temor?

Yo diría que se diferencia en esa particularidad de que no es un temor a algo concreto, sino que no tiene una forma o un objeto definido.

Como no sabemos a qué nos referimos, lo llenamos con nuestras propias predicciones. Que suelen ser catastróficas, ya que la mayoría de las personas tenemos un fuerte sesgo negativo, una herencia evolutiva que en ocasiones nos juega malas pasadas.

Cuando desconocemos lo que nos vamos a encontrar, tratamos de ponerle cara, por decirlo así, y esa cara suele ser la de nuestra peor preocupación. Al principio de la terapia nadie sabe concretarte a qué le temen, solo saben que tienen miedo.

¿De qué manera se plasma en experiencias habituales en la vida de las personas? ¿Podrías poner algunos ejemplos?

Sobre todo, en parálisis o bloqueos a la hora de decidir un rumbo. Alguien que no sabe qué hará con su vida, sencillamente se para. Y se angustia. También quienes ven tantas opciones que no saben cuál elegir.

El problema con la incertidumbre es que puede paralizarnos y dejarnos en un estado de incapacidad e impotencia. Todos sabemos con exactitud qué perderemos al tomar una decisión, pero solo podemos intuir qué es lo que ganaremos.

Por eso nos cuesta tanto decidir cuestiones que consideramos cruciales, aunque parezcan la elección obvia. Después está la variante obsesiva, que es la persona que opta por intentar controlarlo todo como solución a vivir en la incertidumbre. Pero eso es poner puertas al campo, porque no podemos prever cualquier situación externa.

Se cree que la inteligencia humana existe como respuesta a la necesidad de adaptarse al entorno cambiante. Teniendo en cuenta esto, ¿el miedo a la incertidumbre no podría ser algo natural, que nos motiva a adaptarnos a lo que puede venir?

Sí, totalmente. De hecho, es un comportamiento evolutivo: el miedo te avisa de posibles amenazas y prevenirse de lo que pueda pasar es una práctica corriente. Nos prepara para algunas eventualidades y nos tranquiliza contar con un plan.

Los seres humanos necesitamos regularidades, rutinas que nos ayuden a ordenar la vida. Es lo primero que se nos enseña; a los niños pequeños les encanta ver la misma película decenas de veces, porque pueden predecir lo que ocurrirá y eso les da seguridad. No hay una frase más reconfortante que un “yo tenía razón”.

Pero esta prevención se suele enfocar en hipotéticos sucesos negativos, porque se combina con otro mecanismo evolutivo, el sesgo de negatividad. Y claro, puede llegar a niveles angustiosos.

¿En qué punto se puede establecer que el miedo a la incertidumbre es tan intenso que es motivo para acudir a psicoterapia?

En general, cuando la persona muestra unos niveles de ansiedad muy elevados, que se traducen en síntomas fisiológicos (que haya sufrido un ataque de ansiedad, o somatizaciones debidas al estrés) y un sufrimiento emocional elevado, donde predominan el miedo y también en cierta medida la tristeza. Todo acompañado de los pensamientos obsesivos típicos del punto en el que le das vueltas a un tema sin encontrar solución. Este es el momento en el que suelen aparecer en psicoterapia.

Y una vez en terapia, ¿cómo se va desarrollando el proceso de recuperación y mejora?

En el primer momento lo más preocupante para la persona en terapia es la sintomatología, así que se trabajan técnicas para rebajarla. Pero no nos podemos quedar solo en esta parte; en paralelo se analiza el contexto de esta ansiedad, que al ser de tipo más existencial, es complicada de identificar.

Normalmente hay muchos “no sé” en las primeras sesiones: no sé qué hacer con mi vida, no sé qué quiero, no sé qué podría pasar, no sé a qué le tengo miedo. Ahí viene toda una parte de clarificación. Ponerle palabras concretas a ese “no sé”.

Y por supuesto, ir trabajando para reforzar el control que la persona tiene de su propia vida; a medida que la sensación de capacidad y autonomía aumenta, se toman decisiones y el proceso de recuperación está encaminado.

Quizás nos podrías explicar por encima algunas técnicas usadas en psicoterapia para tratar estos casos.

Si los síntomas físicos causan mucho malestar, usamos técnicas de relajación o mindfulness, buscamos rutinas o lugares tranquilizadores, etcétera. En cuanto a las ideas obsesivas, pautas de detención, generación de otras alternativas posibles y analizamos también los sesgos y fantasías en las creencias de la persona. Cuando uno sabe cuáles son sus distorsiones favoritas, aprende a desoírlas. También la aceptación de que no se puede anticipar todo.

Hay una parte importante de diferenciar cuáles son las responsabilidades reales de la persona, qué está en su mano y qué no. Aquí usamos diversos ejercicios de clarificación. Por último, exploramos cuáles son los deseos y necesidades reales de la persona – porque suelen estar contaminados por criterios ajenos o lo aceptado socialmente – y a partir de ello, y del contexto particular, usamos técnicas de toma de decisiones.

Para terminar… ¿Recuerdas algún caso concreto de paciente que haya acudido a Hylé Psicología por este motivo de consulta y cuya recuperación os haga sentir especialmente orgullosos?

Pues hay bastantes, y muy variados, pero sobre todo me gusta mucho trabajar con estudiantes que o bien van a iniciar unos estudios, o bien los están terminando. Son momentos de mucha ansiedad en los que se intenta adivinar un futuro imposible. ¿Quién es capaz de predecir qué estudios tendrán una buena salida laboral a cuatro años vista, o si gustarán o no?

De todas formas, recuerdo el caso de una chica que tenía tanto talento y habilidad para dedicarse a cualquier actividad que se proponía, que no sabía decidir cómo encaminar su vida. Además, en áreas muy diferentes entre sí. Vino muy angustiada en un estado de confusión tremendo, muy influida por opiniones de otras personas.

Al final consiguió decidir qué era lo que ella realmente quería, descartar otras opciones y comprometerse con un plan realista. Pero sobre todo aprendió a confiar en su propio criterio. Es uno de los casos que recuerdo con más cariño y orgullo.