Aceptar las cosas tal y como son no es quedarse de brazos cruzados viendo pasar la vida como si nada pudiéramos hacer.

Para Jon Kabat Zinn, creador de una de las técnicas más influyentes tanto a nivel mental como físico, basada en el budismo y denominada Mindfulness, la aceptación es; “…ver las cosas como son en el momento presente”.

Por otro lado, desde la corriente filosófica estoica surgida en Grecia hace siglos, Epicteto ya apuntó que “el sabio, es aquel que acepta de buena gana todas las circunstancias de la vida sin desear otras”.

Así, la aceptación no significaría que la persona se aleja del mundo y de la realidad, sino al contrario. Más bien, poner en práctica aceptación implicaría prepararnos mentalmente para poder actuar hacia aquello que consideramos valioso, natural y bueno tanto física como mentalmente a pesar de las circunstancias.

La aceptación no es resignación

La resignación atenta contra los principios estoicos, ya que con ella, nos bloqueamos y aceptamos el hecho de no hacer nada. Y aceptar no es no hacer nada.

Además, cuando nos resignamos ante los hechos de la vida diaria, le estamos dando prácticamente el control de nuestro estado de ánimo y de nuestros actos derivados de él, a algo externo a nosotros.

Al caer presas de la resignación y el victimismo, el sufrimiento aumenta y nuestra tolerancia a la frustración se reduce, dificultando poder relacionarnos con la realidad de una manera con la que sintamos que lo que depende estrictamente de nosotros lo controlamos o lo ponemos en juego.

Es decir, si le echamos la culpa de nuestros enfados a nuestro hermano, porque nos molesta que haga comentarios delante de la familia sobre nuestro estado físico, es más difícil que podamos hacer algo para cambiar nuestra forma de relacionarnos con eso. Es más difícil porque podemos sentir la sensación de que no se puede hacer nada por resolver esa dificultad, y que tras algunos intentos las cosas siguen mas o menos igual.

En cambio, si aceptamos los pensamientos y las emociones que surgen de lo más profundo de nosotros, el hecho de aceptarlo nos otorga ya de por sí una disposición desde la que tomar una acción valiosa para nosotros.

Una actitud vital que nos prepara para el cambio

Volviendo al estado físico, imagina que no te gusta la imagen que tienes de ti mismo. Imagina que no te gusta tu cuerpo y que eso es algo que lleva tiempo generándote descontento y preocupación desde hace meses, incluso años.

Ahora, digamos que te propones entrenar y poner los medios adecuados para cambiar tu físico y que, tras dos semanas de duro entreno, te frustras porque no ves los resultados que esperabas o que te habías propuesto. Empezaste motivado, trazaste el plan, te ajustaste con gran disciplina a él pero por lo que sea, no bajaste dos kilos, bajaste medio kilo.

Por ello, decides tomarte una semana sabática porque total, si todo el esfuerzo realizado solo se ha traducido en eso, qué mas da.

Céntrate en el control, no en el resultado

El hecho de no aceptar que las cosas no salgan como esperamos, no implica que por ello tengamos que dejar de hacerlas. Aceptar que nos hemos esforzado y que no hemos obtenido los resultados deseados, nos prepara para perseverar, osease; actuar.

En cambio, si nuestra reacción a los resultados se sustenta en la resignación, con pensamientos del tipo “da igual lo que haga porque como mucho pierdo medio kilo en dos semanas”, estamos permitiéndonos perder el control de algo que realmente podemos controlar. Y lo que podríamos controlar en esta situación es la perseverancia, la disciplina y el compromiso. Pero si vemos las cosas desde la resignación, a nuestra mente le parecerá muy difícil actuar para sentirnos mejor, para perder peso o para mejorarnos en otros sentidos.

Lo que nos aporta aprender a aceptar las cosas

Resumiendo, aceptar implica aceptar la realidad tal como es. Y una de las cosas que aprendemos de la realidad es que nada permanece para siempre, ni lo que detestamos ni lo que amamos.

Aceptar los hechos sin horrorizarnos o perder los papeles por ellos, nos otorga la capacidad de poder responder mejor ante una situación que cuando nos dejamos llevar por lo que nos las impresiones y los pensamientos nos traen a la mente acerca de ese suceso.

En conclusión, y como los estoicos sugerían, en ocasiones puede ayudarnos el desconfiar de nuestras primeras impresiones, juicios y emociones primarias ante los eventos que vivimos día a día, ya que esto, precisamente, contribuye a no tomar distancia de las situaciones, perdiendo así el contacto con nosotros mismos y con lo que si depende de nuestro control, yacilitando que estemos más dispuestos a resignarnos y no a aceptar las cosas tal como son.