El miedo a emprender es un fenómeno que muchos profesionales deben afrontar antes de iniciar un proyecto; el modo en el que una persona gestione sus emociones en una situación así puede marcar la diferencia en un momento clave como este.

Pero… ¿Cuáles son las posibles causas del miedo al emprendimiento, y qué hacer ante él? Veámoslo.

Elementos psicológicos que propician la aparición del miedo a emprender

Estos son algunos fenómenos psicológicos que podrían estar detrás del miedo a apostar de verdad por un proyecto de emprendeduría.

1. Estancamiento emocional

Una de las barreras psicológicas que se encuentran muchas de las personas que se proponen emprender es el propio estancamiento emocional ligado al estilo de vida del que quieren escapar. Tanto el paro como determinados trabajos asalariados demasiado monótonos pueden generar este fenómeno de apatía y desmotivación, desde la cual cualquier perspectiva de cambio es tan intimidante como ilusionante, o más.

Es por eso que no se puede afrontar el problema del miedo a emprender sin tener en cuenta el estado emocional generado por el contexto al que se expone la persona en su día a día. No es lo mismo pensar en lanzar un negocio propio estando en una start-up en la que se está en contacto constante con nuevas ideas y profesionales, que estando en la empresa en la que se ha estado trabajando una década haciendo lo mismo.

2. Parálisis del análisis

La parálisis del análisis se da cuando las personas no salen de la fase de plantear hipotéticas situaciones futuras y decidir qué hacer ne cada caso. Es decir, que quien tiene un problema de parálisis del análisis no para de darle vueltas a las mismas ideas, no atreviéndose a dar el paso definitivo de pasar a la acción. En estos casos, refugiarse en esas “simulaciones mentales” sobre lo que podría ocurrir es una manera de refugiarse de aquello que genera ansiedad: la situación de poner a prueba las propias ideas y exponerse a los fracasos (o a los triunfos).

3. Ansiedad ligada a la incertidumbre

Este es otro de los aspectos del miedo a emprender que están relacionados con la rumiación psicológica, es decir, el acto de darle vueltas a la misma idea una y otra vez, pero sin ser capaz de cambiar nada.

La incertidumbre lleva a algunas personas a centrar toda su atención en el hecho de que les falta información, sin apenas darse la oportunidad de poner en marcha los recursos de los que sí disponen (y lo que sí saben). De este modo, esa tendencia a realizar elucubraciones a lo que podría o no podría ocurrir se transforma en ansiedad y predicciones catastrofistas, lo cual alimenta el miedo.

4. Sesgo de conformidad

Otro aspecto psicológico a tener en cuenta es el sesgo de conformidad. Muchas personas que piensan si les conviene emprender interactúan sobre todo con personas con trabajos que se parecen mucho, ya sea porque forman parte del equipo de empleados de una empresa, o porque se dedican a trabajos convencionales en los que el margen de incertidumbre y de experimentación es reducido. Ante esto, es fácil acomodarse en aquello bien conocido y renunciar a probar alternativas que implican dar varios pasos más allá de lo que la mayoría de personas está haciendo; muchas veces, la presión social juega un papel en esto.

¿Qué hacer?

La propia definición del término “emprender” implica que cada caso es diferente, por lo que si en el ámbito de la psicología en general se asume que cada persona es un mundo, esto resulta especialmente cierto ante el fenómeno del emprendimiento. Precisamente por eso, ante los problemas emocionales y comportamentales ligados al miedo a emprender, lo mejor es contar con la ayuda de un psicólogo que supervise cada caso particular, teniendo en cuenta las características de la persona, sus aspiraciones, el tipo de trabajo al que se expone, etc.

Sin embargo, sí es posible apoyarse en una serie de ideas clave que pueden servir como referencias y pautas a tener en cuenta para superar esos nervios iniciales ante el reto de lanzar un negocio propio.

1. Establecer un DAFO personal y profesional

El análisis DAFO puede ayudar a poner en perspectiva los aspectos positivos y negativos del proyecto de emprendeduría. De este modo tendrás una visión tanto de los riesgos como de las oportunidades, y será menos probable que lo primero eclipse lo segundo.

2. Fijarse fechas límite

Es muy importante organizar el tiempo para que el proceso de recogida de información, análisis y puesta en marcha del proyecto no se eternice. Para ello, utiliza herramientas visuales como los diagramas de flujo, y fíjate fechas límites a corto, medio y largo plazo. De este modo no te expondrás tanto a la tentación de posponerlo todo. Sobre todo, es muy importante que limites claramente la etapa de recogida de información y de toma de decisiones estratégicas iniciales, para no caer en la parálisis del análisis.

3. Utilizar desencadenantes de la acción

Los desencadenantes de la acción se basan en el hábito de tener muy claro los momentos y lugares que van ligados al inicio de una actividad. De ese modo, usarás esas referencias para pasar a la acción, de manera que estés siempre trabajando en tu proyecto en vez de dándole vueltas a aquello que te produce ansiedad. Por ejemplo, establece que cada día después de llevar a tus hijos a la escuela, volverás a casa y te sentarás en tu escritorio de trabajo, sin pasos intermedios significativos.

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Referencias bibliográficas:

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