Las empresas pueden servir también para que las organizaciones aprendan a adaptarse a los cambios.

Desde hace unos años, todos los responsables de diseñar y llevar a cabo estrategias organizacionales son conscientes de que algo ha cambiado para siempre.

Utilizando una analogía, a mediados del siglo pasado las organizaciones podían asemejarse a un diamante, por su resistencia y estabilidad en el tiempo. Sin embargo, con el paso de los años, éstas fueron volviéndose cada vez más “líquidas”, como postuló Bauman (Z. Bauman 2015) y, ya entrado el siglo XXI se transformaron prácticamente en gaseosas. En el ámbito de las organizaciones de hoy, la incertidumbre es algo inevitable. Sin embargo, las neurociencias pueden ayudarnos a afrontar esta nueva realidad.

Las empresas, ante un entorno cada vez más inestable

Los desafíos actuales para atraer y retener talento, para estar al día en innovación, para descubrir nuevos nichos en un mercado globalizado o proteger los ya conquistados ante retos cada vez más indefinidos se han vuelto continuos.

Este nuevo contexto se ha denominado “VUCA”, término de origen militar y acrónimo de Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo (Stiehm & Townsend 2002). Siguiendo con la analogía, podríamos decir que el entorno donde actualmente se desarrollan las organizaciones se asemeja más un plasma o, dicho de otra forma, un estado de la materia altamente energético y totalmente disociado.

Siendo esto así, la principal necesidad que tienen hoy en día los responsables de las organizaciones es encontrar la forma óptima de modificar la estructura para adaptarla a este nuevo escenario y que la organización pueda sobrevivir, o incluso crecer.

Y es aquí donde la neurociencia puede encontrar una nueva aplicación, más allá de ayudarnos a desarrollar la Inteligencia Artificial. Siguiendo un enfoque transdisciplinar, podemos decir que las organizaciones son muy parecidas al sistema nervioso de los seres vivos.

Modelos neurocientíficos aplicados a las organizaciones

Las organizaciones reciben información del entorno (mercados, competencia, regulaciones, etc.), la procesan y deciden si es beneficiosa o amenazante, y responden en consecuencia, bien sea haciendo lo que ya saben hacer (producción, operaciones, marketing, distribución o venta) o bien desarrollando nuevas estrategias o productos (I+D+i, nuevos mercados, exportación, alianzas, adquisiciones). Curiosamente, eso es exactamente lo que lleva haciendo con éxito nuestro cerebro desde hace millones de años.

Este parecido conceptual, junto con los significativos avances que hemos alcanzado en el ámbito de la neurociencia y en nuestra comprensión del sistema nervioso, nos pueden ayudar mucho en esa difícil tarea que hemos identificado como prioritaria: reestructurar nuestras organizaciones.

Para hacerlo, necesitamos aprovechar todo ese conocimiento que la naturaleza ha depurado a lo largo del proceso de evolución, y trasladarlo al ámbito de las organizaciones. Así, debemos identificar los elementos funcionales y las estrategias que hacen de nuestra mente una poderosa herramienta de adaptación y replicarlas en nuestros diseños organizativos a diferentes niveles y en distintas escalas.

Algunos de los modelos neurocientíficos de alto nivel desarrollados recientemente (Garcés & Finkel, 2019), pueden ayudarnos en esta labor, dado que definen claramente los distintos elementos funcionales y las dinámicas a las que dan lugar cuando interactúan, permitiendo identificar los factores clave que afectan a su funcionamiento. Esos modelos pueden ser fácilmente replicados a pequeña escala, y gradualmente implementados en toda la estructura organizacional, permitiéndonos aprovechar el conocimiento que la propia naturaleza ya ha seleccionado como eficaz.

Referencias bibliográficas:

  • Bauman, Z. (2015). Modernidad líquida. Fondo de cultura económica. http://bookfi.net/dl/1382252/9882bd.
  • Garcés, M., & Finkel, L. (2019). Emotional Theory of Rationality. Frontiers in Integrative Neuroscience, 13. https://doi.org/10.3389/fnint.2019.00011.
  • Stiehm, Judith H. and Townsend, Nicholas W. (2002). The U.S. Army War College: Military Education in a Democracy. Temple University Press. p. 6.