Cuando hablar no es suficiente para comunicarse

Discutes con tu pareja, pero os cuesta entenderos y no sabes muy bien por qué.

Cuando hablar no es suficiente para comunicarse

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¿Alguna vez has terminado una discusión con tu pareja con la sensación de haber hablado durante mucho tiempo y, aun así, no haberte sentido realmente escuchada/o? ¿Te ha pasado que, cuanto más intentas explicar lo que te duele, más se defiende la otra persona? ¿O que, cuanto más intentas aclarar tu intención, más parece que se complica la conversación?

A veces, cuando hay una diferencia o un encontronazo en la pareja, parece que, por mucho que habláis, no sirve de nada. Hasta tal punto que puedes llegar a dudar de si eres tú quien no se explica bien. O tal vez sientes que los temas no están cerrados, que faltan aclaraciones o que algo importante se ha quedado sin resolver, aunque parezca que solo es una percepción tuya.

Y entonces puedes llegar a pensar: ¿por qué es tan difícil hablar? En consulta, observo que muchas parejas que acuden a terapia, aunque traigan otro motivo principal, muchas veces, cuando se quedan estancadas, es porque de fondo hay una falta de diálogo real. Parece que hablan, pero no consiguen escucharse de una forma constructiva que permita avanzar, reparar o cambiar algo. Si después de hablar todo sigue igual, o incluso va a peor, probablemente no ha habido una comunicación realmente efectiva.

Esta forma de entender la comunicación conecta con ideas ya trabajadas por autores como Watzlawick, quien explicaba que no solo comunicamos con lo que decimos, sino también con lo que el otro siente que ese mensaje dice de la relación: si le importo, si me tiene en cuenta, si me está atacando, si me escucha o si me está dejando solo/a. También conecta con la mirada de Sue Johnson, que pone el foco en cómo, detrás de muchas discusiones de pareja, hay carencia y, por tanto, necesidades de encontrar conexión, seguridad y reconocimiento emocional.

A partir de esta base, para poder trabajar en consulta, propongo una forma sencilla de entenderlo: a veces, la pareja opera desde dos niveles de comunicación distintos, el lenguaje de los hechos y el lenguaje emocional.

María Rojas-Marcos Asensi

María Rojas-Marcos Asensi

Psicóloga General Sanitaria

Profesional verificado
Sevilla
Terapia online

Señales de que estáis operando desde niveles distintos

Cuando una pareja opera desde niveles distintos de comunicación, no siempre deja de hablar. Puede ocurrir justo lo contrario: habláis mucho, pero cada conversación termina generando más distancia.

Una señal frecuente es que habláis en círculos, repetís los mismos argumentos y, aun así, ninguno termina con la sensación de que el otro haya entendido lo importante. Así que, cada vez que se habla, acabáis igual: hablando de lo mismo, con el mismo argumento y la misma falta de entendimiento.

También puede ocurrir que las discusiones se cierren por agotamiento, no porque se hayan resuelto: esperáis a que pase la tormenta, retomáis la rutina y parece que todo vuelve a la normalidad, pero lo que no se resuelve pesa y va haciendo mella en la relación.

Otra señal aparece cuando uno intenta explicar cómo se siente y el otro responde sintiéndose atacado y se defiende, muchas veces justificándose, otras atacando o invalidando y minimizando lo que el otro siente. Así, en lugar de reconocer su emoción, intenta aclarar que no quería hacer daño, que no fue para tanto o que no había motivos para sentirse así.

Poco a poco, dejáis de sentiros equipo. La conversación deja de ser un intento de entenderse y empieza a parecer una lucha por tener razón. Empezáis a tirar de la cuerda: a demostrar quién se equivoca, quién empezó o quién debería reconocer algo. Porque, cuando la comunicación se convierte en una batalla, la pareja deja de buscar conexión y empieza a buscar protección.

El lenguaje de los hechos y el lenguaje emocional

El lenguaje de los hechos no es malo. De hecho, todos lo utilizamos constantemente. Es un lenguaje práctico, útil y necesario para organizarnos, trabajar, resolver problemas y ser eficientes.

En muchos contextos, como en el trabajo o en la gestión de las tareas del día a día, necesitamos centrarnos en lo que ocurre: qué falta por hacer, quién se encarga de algo, qué ha pasado, qué decisión hay que tomar o cuál es la solución más práctica.

El problema aparece cuando intentamos resolver, desde ese mismo nivel, una situación que no es solo práctica, sino también emocional.

Ahí, el lenguaje de los hechos puede quedarse en una capa más superficial, porque se centra principalmente en lo que ocurre o no ocurre, en lo que es correcto o incorrecto, en quién hizo qué y en quién tiene razón, dejando las emociones en un segundo plano o sin darles siquiera espacio dentro de la conversación. Es como si, de fondo, el mensaje fuera: «No es tan importante cómo te sentiste; lo importante es que no tienes razón y que yo no tengo por qué hacerme cargo».

Esto ocurre, por ejemplo, cuando a alguien le sienta mal una broma y la respuesta es que es demasiado sensible, que no era para tanto o que el problema es suyo por habérselo tomado así. Entonces, como la intención no era hacer daño, parece que el impacto emocional deja de importar.

Y ahí es donde os quedáis atrapados: cada uno en su postura, cada uno intentando demostrar que su perspectiva es la correcta. Revisáis los detalles, discutís la intención, buscáis pruebas, explicáis lo ocurrido una y otra vez. Pero, en el fondo, la conversación sigue quedándose en una capa superficial.

Incluso cuando se habla de emociones, se hace desde el lenguaje de los hechos: «Me enfadé porque tú hiciste esto», «no era mi intención», «no tienes por qué sentirte así», «si te has sentido mal, es porque lo has interpretado mal». Ahí se minimiza lo que el otro siente, se discute si debería sentirse así o se intenta cerrar la conversación explicando que «no fue para tanto».

El lenguaje emocional, en cambio, surge desde una capa de mayor profundidad, porque intenta comprender no solo lo que ocurrió, sino lo que eso provocó dentro de la otra persona.

Pregunta: ¿cómo te hizo sentir?, ¿qué interpretaste?, ¿qué necesitabas?, ¿por qué esto fue importante para ti? No busca anular los hechos. Los hechos importan. La intención también importa. Pero añade una capa más profunda a la conversación.

Permite decir primero: «Siento haberte hecho sentir así y quiero entender por qué te has sentido así. Vamos a trabajar en eso juntos y yo también te voy a hablar de cómo me siento». Y, desde ahí, la pareja puede empezar a escucharse en lugar de limitarse a defenderse.

Escuchar, validar y acompañar emocionalmente implica aprender a mirar qué cosas son importantes para la persona que tienes delante, aunque no coincidan exactamente con las tuyas. Porque cada persona llega a una relación con su propia historia, sus necesidades y también sus heridas. Cuando empiezas a comprender por qué algo afecta al otro de una determinada manera, aprendes a conocerlo con mayor profundidad. Y ahí empieza a construirse una intimidad y una conexión más real, que tiene más profundidad y nos permite acercarnos de otra manera.

Cómo aprender a comunicarnos de verdad

El primer paso para comunicarnos mejor es aprender a validar. Validar significa poner el foco no solo en lo que ha ocurrido, sino también en cómo se ha sentido la otra persona con lo ocurrido.

Quizás no querías hacer daño. Quizás nunca imaginaste que aquel gesto, aquel silencio o aquella forma de responder pudiera afectarle de esa manera. Pero, antes de explicar tu perspectiva, puedes empezar diciendo:

«Ante todo, no quiero hacerte daño. Siento haberte hecho sentir así. No era mi intención, pero quiero entender por qué lo has vivido de esa manera».

Validar no significa dar la razón en todo ni asumir una culpa que no te corresponde. Significa reconocer que la emoción del otro existe y que merece un espacio dentro de la conversación.

A partir de ahí, podemos trabajar en escucharnos, atendernos y construir puntos de encuentro. El primer punto de encuentro debería ser este: no quiero hacerte daño.

¿Te imaginas una conversación en la que los dos estuvieran más pendientes de no hacerse daño que de demostrar quién tiene razón?

Ella propone ir a la playa. Él responde: «¿Otra vez?». Si ambos entran en modo defensa, la conversación puede convertirse rápidamente en un intercambio de reproches: «¿Cuánto hace que no vamos?», «siempre igual», «nunca quieres hacer nada».

Pero, si consiguen escuchar emocionalmente, la escena cambia. Ella puede decir: «Yo te lo decía porque a mí me apetecía; con este calor, en la playa descanso». Y él puede responder: «Te entiendo, sé que te encanta. No lo he dicho para amargarte, pero yo no descanso igual allí y necesito otro plan».

Desde ahí, ya no se trata de ganar la discusión, sino de buscar un punto de encuentro: quizá ir el próximo fin de semana, quizá que ella vaya con sus amigas, quizá encontrar otro plan en el que ambos puedan descansar.

La diferencia no está solo en el tema. Está en si la pareja se coloca enfrente para defenderse o al lado para entenderse. Porque hablar no siempre significa comunicarse. A veces, la conversación empieza realmente cuando dejamos de explicar durante un momento y aprendemos a escuchar qué necesita ser reconocido antes de poder seguir avanzando.

María Rojas-Marcos Asensi

María Rojas-Marcos Asensi

Psicóloga General Sanitaria

Profesional verificado
Sevilla
Terapia online
  • Johnson, S. M. (2019). Attachment Theory in Practice: Emotionally Focused Therapy (EFT) with Individuals, Couples, and Families. The Guilford Press.

  • Watzlawick, P., Beavin Bavelas, J. y Jackson, D. D. (1967). Pragmatics of Human Communication. W. W. Norton & Company.

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

María Rojas-Marcos. (2026, julio 27). Cuando hablar no es suficiente para comunicarse. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/pareja/cuando-hablar-no-es-suficiente-para-comunicarse

Psicóloga

Sevilla

María Rojas-Marcos es Psicóloga General Sanitaria con formación de postgrado especializada en RRHH, Inteligencia Emocional, Coaching, yPsicología Clínica. Realiza su trabajo desde la terapia cognitivo-conductual y las terapias de Tercera Generación.

Está especializada en desajustes provocados por la ansiedad, el estrés y los traumas, y ayuda en situaciones como aceptación de una pérdida, superación de una ruptura, afrontar una enfermedad física, adaptarse a una nueva situación vital, etc. Da servicio en consulta presencial en Sevilla y sesiones online.

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