Eva es madre de dos niños de 13 y 9 años y una niña de 7, y ante la pregunta de si tiene un hijo favorito su respuesta es tajante: "No! Todos tendrían motivos para serlo, por lo tanto, ninguno de ellos lo es”. La llegada de su hijo mayor fue la de un niño bueno, que comía, dormía y era guapo -“de anuncio”, dice ella-. Ahora, además, es buen estudiante. El segundo, que nació después de dos abortos y de un embarazo muy controlado, de modo que “fue un niño muy esperado y encima ha salido divertidísimo”, asegura.
La tercera llegó por sorpresa. Una niña “mimosa y divertida. Una muñeca”, cuenta. “Cada uno tiene lo suyo, el primero, por ser el primero, el segundo, por ser el del medio y pensar que no le harán caso, y la tercera, por ser una niña”, explica.
Sergio, por su parte, es padre de un niño y una niña de 13 y 7 años y también niega tener preferencias porque “cada uno tiene sus cosas, buenas y malas”. Ni Eva ni Sergio reconocen tener un favorito o favorita. Como a ellos, la respuesta a esta pregunta es emocionalmente muy complicada para la mayoría de padres, pero, ¿qué dice la ciencia?
Los favoritismos en la crianza
Una investigación publicada por la Asociación Estadounidense de Psicología en la revista Psychological Bulletin concluye que sí hay favoritismos. El estudio realizó un metaanálisis de 30 artículos, tesis y bases de datos que abarcaban 19.469 participantes y examinó cómo el orden de nacimiento, el género, el temperamento y los rasgos de personalidad influyen en la preferencias y el trato de los progenitores hacia sus hijos.
Los doctores Alexander Jensen, de la Brigham Young University y McKell Jorgensen-Wells, de la Western University, concluyeron que tanto padres como madres son más proclives a favorecer a las niñas, y que los hijos más responsables y organizados parecen recibir también un trato más favorable porque, a priori, son más fáciles de manejar.
Según los investigadores, el favoritismo se puede manifestar de muchas maneras: desde cómo interactúan los padres con sus hijos hasta cuánto dinero gastan en ellos y cuánto control ejercen sobre ellos. Según Jensen, el estudio «nos ayuda a entender qué niños tienen más probabilidades de ser objeto de favoritismo» y deja claro que esto «puede ser tanto positivo como negativo", en función del niño o niña.
Teresa Moratalla es psicóloga de la escuela de terapia familiar del Hospital de Sant Pau, en Barcelona, y pone otro matiz sobre la mesa en las conclusiones del estudio: “No es lo mismo tener un hijo preferido, que quererlo más. Les puedes querer a todos de la misma manera, pero aunasí puede que haya alguno con el que tengas más afinidad, con quien te entiendas mejor o con quien tengas gustos similares”, aclara en declaraciones a Psicología y Mente.
Y ¿por qué a los padres les cuesta tanto admitir su favoritismo? Según Moratalla, estas preferencias son más fáciles de detectar en la familia de origen que en la que nosotros creamos: “Con tu familia, sabes perfectamente quién tenía más afinidad con quién y quién era el preferido de quién”. Es lo que le ocurre a Sergio: dice no tener preferencias por ninguno de sus hijos, pero él, como el menor de 6 hermanos, está convencido que sus padres tenian un favorito: “Obviamente, sí”.
¿Puede un hijo caernos mal?
A parte de los favoritismos, también cabe la posibilidad que un hijo pueda carernos mal, segun la psicóloga experta en terapia familiar. No es algo común, pero a veces sucede, “sobre todo cuando las relaciones dentro de la familia no están bien establecidas”, explica.
Sería el caso, por ejemplo, de familias que son muy rígidas y que querrían un hijo de una determinada manera. Es en ese momento, concluye Moratalla, es cuando se produce una una “disfunción” que se tendría que trabajar psicológicamente en família.


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