Los tres factores que más deterioran una relación de pareja, según la ciencia

Desprecio, desconexión emocional y pérdida de confianza pueden erosionar el vínculo de pareja.

Los tres factores que más deterioran una relación de pareja, según la ciencia

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Hay parejas que discuten con frecuencia y permanecen juntas durante décadas. Otras casi nunca levantan la voz y, sin embargo, terminan convirtiéndose lentamente en dos desconocidos que comparten casa, facturas y contraseña del Wi-Fi.

Esto plantea una pregunta interesante: ¿qué es lo que realmente deteriora una relación?

La investigación sobre relaciones de pareja sugiere algo importante: el problema no suele ser simplemente discutir. El conflicto forma parte natural de cualquier vínculo íntimo. Lo decisivo es cómo nos relacionamos cuando aparecen las diferencias, qué ocurre con la conexión emocional y qué hacemos con la confianza.

Cristian Pernett Villadiego

Cristian Pernett Villadiego

Neuropsicoeducador Emocional | Especialista en Relaciones Humanas | Coach Estratégico

Profesional verificado
Washingtonville
Terapia online

Las señales de alarma

Aunque no existe una clasificación científica universal de «los tres factores que destruyen todas las relaciones», décadas de investigación permiten identificar tres procesos especialmente asociados con el deterioro de la satisfacción y la estabilidad de pareja: la comunicación destructiva y el desprecio, la desconexión emocional y la ruptura de la confianza.

1. Cuando el conflicto se convierte en desprecio

John Gottman, uno de los investigadores más influyentes en el estudio de las relaciones de pareja, dedicó décadas a observar cómo interactuaban las parejas durante situaciones de conflicto.

De estas investigaciones surgió su conocido modelo de los «cuatro jinetes»: crítica, desprecio, actitud defensiva y bloqueo o retirada emocional. Entre ellos, el desprecio ocupa un lugar especialmente preocupante.

No es lo mismo decir: «Me molestó que no hicieras lo que habíamos acordado» que responder: «Claro, como siempre. No se puede esperar nada de ti».

En el primer caso estamos criticando una conducta. En el segundo estamos atacando el valor de la persona.

El sarcasmo humillante, las burlas, los insultos, poner los ojos en blanco o adoptar una posición de superioridad transmiten un mensaje implícito: yo estoy por encima de ti. Cuando esto se vuelve habitual, la pareja deja de sentirse como un equipo y comienza a funcionar como un pequeño campo de batalla.

El problema se agrava porque estas dinámicas suelen retroalimentarse. Una persona critica, la otra se defiende; cuanto más se defiende, más aumenta la crítica, hasta que alguno termina desconectándose de la conversación.

Un metaanálisis de 74 estudios con más de 14.000 participantes encontró precisamente que el patrón conocido como demanda-retirada —uno presiona mientras el otro evita o se cierra— se relaciona de manera significativa con peores resultados relacionales y comunicativos.

No es el desacuerdo lo que destruye necesariamente la relación. Es aprender a tratar al otro como enemigo cada vez que estamos en desacuerdo.

2. La desconexión emocional: cuando dejamos de sentirnos importantes

Existe una forma de deterioro mucho menos escandalosa.

No hay gritos.

No hay platos volando.

Incluso puede parecer que «todo está bien».

Pero una persona comienza a sentir que aquello que piensa, siente o necesita ha dejado de importar para su pareja.

La investigación sobre responsividad percibida de la pareja estudia precisamente esta experiencia: sentir que nuestra pareja nos comprende, nos valora y responde a nuestras necesidades emocionales.

Y no requiere conversaciones filosóficas de tres horas.

Muchas veces aparece en momentos diminutos.

«Hoy tuve una reunión horrible».

«Ven, cuéntame qué pasó».

O quizá:

«Hoy tuve una reunión horrible».

«Ajá… ¿viste dónde dejé el cargador?».

Parecen interacciones insignificantes. Pero cuando se repiten cientos de veces pueden construir dos historias emocionales completamente diferentes.

En una, lo que me pasa importa para ti.

En la otra, estoy acompañado, pero emocionalmente estoy solo.

Esta desconexión ayuda a entender por qué algunas relaciones se deterioran sin grandes conflictos. El vínculo no siempre muere en una explosión; a veces se desgasta por pequeñas ausencias acumuladas.

Desde una mirada neuropsicoeducativa, tiene sentido. Nuestro cerebro es profundamente social y utiliza las relaciones cercanas como fuentes de seguridad, regulación y apoyo. Percibir consistentemente disponibilidad y comprensión en una persona significativa facilita la regulación emocional frente al estrés.

Por eso, preguntar, escuchar, mostrar curiosidad y responder a los intentos cotidianos de conexión no son simples gestos románticos.

Son mantenimiento preventivo de la relación.

3. La ruptura de la confianza

El tercer gran factor aparece cuando se rompe una de las expectativas centrales de una relación: poder confiar en la otra persona.

La infidelidad es probablemente su manifestación más evidente, aunque no la única. También pueden deteriorar la confianza las mentiras persistentes, los secretos importantes, las promesas incumplidas repetidamente o determinadas formas de engaño financiero.

Los estudios longitudinales muestran una asociación clara entre infidelidad y disolución matrimonial. Por ejemplo, investigaciones realizadas con muestras poblacionales han encontrado que quienes reportaban relaciones sexuales extramatrimoniales presentaban posteriormente una mayor probabilidad de separación o divorcio.

Pero el daño psicológico de una traición no reside únicamente en el acto.

También modifica la interpretación del pasado.

«¿Desde cuándo ocurría?».

«¿Qué otras cosas no sé?».

«¿Aquello que vivimos era realmente como yo pensaba?».

La persona no solo pierde confianza en su pareja; puede empezar a desconfiar de su propia capacidad para interpretar la realidad.

Por eso, reconstruir una relación después de una traición suele requerir mucho más que decir «perdón». Implica transparencia, responsabilidad, coherencia mantenida en el tiempo y la reconstrucción gradual de seguridad.

Y aquí conviene hacer una aclaración importante: que un factor aumente estadísticamente el riesgo de ruptura no significa que determine inevitablemente el futuro de una pareja.

Las relaciones humanas no funcionan como ecuaciones matemáticas.

El deterioro suele comenzar mucho antes de la ruptura

Quizá la conclusión más interesante de estas investigaciones sea que las relaciones rara vez se destruyen por una sola discusión.

Se deterioran mediante patrones.

Una burla que se vuelve costumbre.

Una conversación importante que siempre termina evitándose.

Un intento de conexión que repetidamente queda sin respuesta.

Una mentira que obliga a preguntarse qué más podría ser mentira.

La buena noticia es que los patrones también pueden modificarse.

Podemos aprender a sustituir la crítica personal por peticiones concretas, abandonar el desprecio y recuperar el respeto, escuchar antes de defendernos, responder con mayor atención a los intentos de conexión y reconstruir la confianza mediante conductas consistentes.

Tal vez cuidar una relación no consista en evitar todos los conflictos.

Consiste en recordar, especialmente cuando llegan los conflictos, que la persona que tenemos delante no debería convertirse en nuestro adversario.

Porque una relación saludable no es aquella en la que dos personas nunca se hieren, se frustran o se equivocan.

Es aquella en la que todavía existe suficiente respeto, conexión y confianza para poder volver a encontrarse.

Cristian Pernett Villadiego

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Cristian Pernett Villadiego. (2026, agosto 10). Los tres factores que más deterioran una relación de pareja, según la ciencia. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/pareja/tres-factores-que-mas-deterioran-relacion-de-pareja-segun-ciencia

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Cristian Pernett es neurosicopedagogo y ha dedicado sus últimos 15 años a la investigación sobre las emociones y su educación.

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