¿Al ser humano le gusta el conflicto?

Las personas evitamos el conflicto, pero también lo necesitamos.

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Dados los conflictos mundiales de los últimos tiempos me gustaría reflexionar sobre "si el ser humano es adicto al conflicto". Una respuesta corta sería "si" pero si vemos enfoques desde otras perspectivas podríamos darnos cuenta "tal vez no".

Desde un punto de vista evolutivo, el conflicto no era "gusto", sino necesidad. En el pasado, pelear por comida, territorio o pareja aseguraba. El conflicto genera estados de alerta. Para algunas personas, la resolución de un conflicto o la victoria en una discusión libera dopamina, lo que puede volverse casi adictivo. ¿Te has dado cuenta de que cuando estás en una relación de este tipo y quieres tener siempre la razón esa sensación de "ganar" te da una micro recompensa?

Identidad y pertenencia

A menudo usamos el conflicto para definir quiénes somos. El ser humano es una especie tribal. Crear un conflicto con un "enemigo" externo refuerza la cohesión dentro de nuestro propio grupo. Nos hace sentir que pertenecemos a algo. Lo mismo sucede en relaciones de familia con los conflictos de lealtades, no es necesario que vayamos tan lejos en cuestiones de ideología política, religiosa o cultural; sino una diferencia de opiniones en el entorno familiar se vuelve un campo ideal para batallas infinitas.

En las discusiones cotidianas, ganar un conflicto se siente como una validación de nuestra inteligencia o valores. En ocasiones si somos personas que no sabemos aceptar nuestros errores vamos a querer tener la última palabra de una discusión aún cuando no tengamos la razón; pero en nuestra mente “creeremos” que todo está bien cuando en el exterior este represente una “batalla campal” con quienes mantenemos la discusión.

Regina Wohlmuth Abraham

Regina Wohlmuth Abraham

Doctorado

Profesional verificado
Ciudad de México
Terapia online

El conflicto como motor de cambio

Irónicamente, el ser humano también busca el conflicto porque le teme al estancamiento. Esto nos lleva a que si estamos "cómodos" en nuestra zona de confort podría ser motivo de querer algo más en algún punto. En ocasiones pacientes me han expresado que se sienten estancados en sus vidas, trabajos, relaciones, etc. Ahí es cuando aparece el conflicto incluso con cosas que aparentemente marchan bien.

Tal vez te sientas identificado o identificada con expresiones como: “mi vida se tornó aburrida” “a mi matrimonio se le fue la emoción” o “ya no siento la misma pasión por mi trabajo como solía sentir”; esto nos lleva a entrar en conflicto y nos mueve para poder encontrar o reencontrar el “sabor de la vida”. Esto no quiere decir que botemos todo a la basura y comencemos de cero, sino al contrario es encontrar el qué puedo hacer con esto que ya tengo para “aderezar” mi vida. Esos conflictos nos ayudan al progreso y a mejor o encontrar nuevas formas de crecimiento.

Sin conflicto no hay drama, y sin drama, muchas veces no hay progreso. En la literatura, el cine y la política, el conflicto es lo que mueve la narrativa hacia adelante. Es lo que comúnmente llamamos "sazonar" la vida. A nivel social, muchos avances (derechos humanos, revoluciones científicas) nacieron de un conflicto necesario contra el statu quo.

La paradoja: buscamos la paz, pero creamos la guerra

Aunque individualmente la mayoría de nosotros diría que odia el conflicto y prefiere la tranquilidad, colectivamente parecemos incapaces de evitarlo. Quizás no es que nos "guste" el dolor que causa, sino que nos atrae la intensidad y el significado que el conflicto le da a la vida.

Como decía el filósofo Heráclito: "La guerra es el padre de todas las cosas", sugiriendo que la tensión entre opuestos es lo que crea la realidad. Si vemos nuestra vida cotidiana estamos en constante "guerra" con nosotros mismos. Desde una toma de decisión hasta estar inconformes con algunos rasgos de la vida de nuestro carácter o físico.

Es un punto de vista muy sólido y respaldado por muchas corrientes de la psicología y la sociología. La idea de que somos una "tabula rasa" (una hoja en blanco) al nacer sugiere que es el entorno el que escribe nuestras actitudes hacia la violencia o la paz. Si lo analizamos desde esa óptica, la sociedad nos enseña el conflicto de varias formas sutiles y no tan sutiles:

1. El sistema de recompensa

Desde pequeños, a menudo se nos enseña que ganar es lo único que importa. En la escuela, en los deportes y más tarde en el trabajo, el éxito suele medirse en comparación con los demás. Las calificaciones, los premios, etc. Nos hacen que con el tiempo seamos un ente competitivo. Si para que yo "gane", tú tienes que "perder", el conflicto se vuelve una herramienta necesaria para el éxito social.

2. La normalización del conflicto

Vivimos sumergidos en narrativas de confrontación. La mayoría de las películas, videojuegos y libros se basan en la derrota de un enemigo. Aprendemos que los problemas se resuelven mediante el enfrentamiento. El discurso público suele ser de "nosotros contra ellos". Se nos entrena para ver al que piensa distinto como un adversario, no como un vecino.

3. La falta de educación emocional

Irónicamente, la sociedad nos enseña a competir, pero rara vez nos enseña a gestionar la frustración o a negociar. El conflicto surge muchas veces no por maldad, sino por una incapacidad técnica de comunicar necesidades sin agredir.

Una reflexión final

Si el conflicto es aprendido, significa que también podemos desaprenderlo. Si cambiáramos los incentivos de la sociedad de la "competencia feroz" a la "colaboración radical", nuestra naturaleza percibida cambiaría por completo. Como decía Nelson Mandela: "Nadie nace odiando a otra persona... la gente debe aprender a odiar, y si pueden aprender a odiar, se les puede enseñar a amar".

Si bien es cierto la historia nos recuerda constantemente que debemos estar en conflicto con otra sociedad con otro pensamiento y eso inconscientemente detona una chispa de "conflicto" en nuestro interior, aún cuando no hayamos sufrido alguna agresión o alguna injusticia directas; pero simplemente la empatía nos hace más cercanos a los conflictos ajenos.

Además, existen factores que también influyen en el desarrollo de conflictos como pueden ser la envidia; que mal gestionada puede ser un "cáncer" y en nuestra mente y ponernos en contra de nosotros mismos o esos tan famosos llamados "demonios internos" con los que tenemos que lidiar para poder lograr algo.

Cómo anteriormente mencioné si logramos gestionar la educación emocional o bien enseñarla podremos crear en los seres humanos otros tipos de motores que nos llenes y nos hagan sentir plenos son necesidad de los conflictos. Recuerda que si necesitas ayuda para poder resolver uno o varios conflictos no dudes en escribirme y juntos podremos dar solución a todo.

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Regina Wohlmuth. (2026, marzo 23). ¿Al ser humano le gusta el conflicto?. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/psicologia/al-ser-humano-le-gusta-conflicto

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