Autoestima: por qué no basta con quererte para sentirte bien contigo mismo

La autoestima también depende de cómo nos vemos, nos valoramos y confiamos en nuestras capacidades.

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Puedes saber que tienes cualidades, que otras personas te valoran y que has conseguido cosas importantes y, aun así, sentir que no eres suficiente. Puedes recibir un reconocimiento y pensar: «Tuve suerte». Cometer un error y decirte: «Siempre me pasa lo mismo». Conseguir algo que querías y, en lugar de disfrutarlo, pensar inmediatamente en lo que todavía te falta.

Entonces, ¿qué ocurre?

Quizás el problema está en que hemos reducido la autoestima a una idea demasiado simple: «quererse a uno mismo». La autoestima es más compleja que eso.

Tiene que ver con la valoración que hacemos de nosotros mismos, pero también con la manera en que construimos nuestra identidad, nos percibimos, interpretamos nuestros avances y confiamos en nuestra capacidad para afrontar diferentes situaciones.

Por eso, existen cuatro conceptos psicológicos que permiten mirar nuestra relación con nosotros mismos desde distintos ángulos: autoconcepto, autoimagen, autorrefuerzo y autoeficacia. No son sinónimos de autoestima ni una fórmula para medirla. Son conceptos relacionados que nos ayudan a comprender cómo pensamos, percibimos y evaluamos quiénes somos.

Arlette Guerrero Morong

Arlette Guerrero Morong

Psicóloga Clínica y Organizacional

Profesional verificado
Las Condes
Terapia online

Autoconcepto: ¿quién creo que soy?

El autoconcepto se refiere a la idea que construimos acerca de nosotros mismos: nuestras características, habilidades, valores, roles y diferentes dimensiones de nuestra identidad.

Podemos pensar: «Soy responsable», «soy una persona tímida», «soy buena escuchando» o «me cuesta poner límites».

Nuestro autoconcepto no es una etiqueta única. Es multidimensional y puede variar según el ámbito de nuestra vida. Podemos sentirnos muy competentes en el trabajo y, al mismo tiempo, inseguros en nuestras relaciones sociales, por ejemplo.

Shavelson, Hubner y Stanton (1976) plantearon precisamente que el autoconcepto está compuesto por diferentes dimensiones y que las personas desarrollamos percepciones sobre nosotros mismos en distintos ámbitos.

El problema aparece cuando una experiencia concreta comienza a definirnos por completo. No es lo mismo pensar: «Me equivoqué en esta presentación» que pensar: «Soy mala para esto».

En el primer caso, existe un error. En el segundo, el error se convierte en identidad. Y cuando una dificultad deja de ser algo que nos ocurrió y pasa a convertirse en «lo que somos», nuestra autoestima puede verse afectada.

Autoimagen: ¿cómo me veo?

La autoimagen se relaciona con la representación y percepción que tenemos de nosotros mismos. Puede incluir nuestra apariencia, nuestro cuerpo, nuestras características personales y la imagen que creemos proyectar hacia los demás.

Y aquí aparece una diferencia importante: cómo nos vemos no siempre coincide con cómo somos ni con cómo nos ven los demás.

Podemos recibir diez comentarios positivos y quedarnos pensando durante horas en el único comentario que confirmó aquello que no nos gusta de nosotros. Nuestra percepción puede estar influida por experiencias pasadas, comparaciones sociales, mensajes recibidos y estándares culturales.

Por eso, trabajar la autoestima no siempre significa intentar cambiar aquello que somos. A veces significa aprender a observar la manera en que nos estamos mirando.

Porque podemos tener una característica determinada y construir alrededor de ella una imagen mucho más negativa de nosotros mismos de lo que realmente corresponde.

Autorrefuerzo: ¿qué hago con mis propios avances?

Hay personas que tienen una gran capacidad para detectar sus errores, pero muy poca para reconocer sus avances. Terminan un proyecto y piensan en lo que faltó. Reciben un reconocimiento y responden: «No fue para tanto». Superan una dificultad y, en lugar de detenerse a reconocerlo, inmediatamente se preguntan cuál debería ser el siguiente logro.

El autorrefuerzo se relaciona con la capacidad de reconocer y reforzar nuestra propia conducta cuando alcanzamos determinados objetivos o realizamos acciones valiosas para nosotros. Forma parte de los procesos de autorregulación estudiados desde la teoría social cognitiva de Albert Bandura (1991).

Esto no significa convencernos de que todo lo hacemos bien. Tampoco significa repetir afirmaciones positivas que no creemos. Significa poder reconocer algo tan sencillo como: «Esto me costó y lo hice».

Parece una frase pequeña, pero para algunas personas implica un cambio importante. Porque, si nunca somos capaces de reconocer nuestros propios avances, nuestra sensación de valor puede quedar excesivamente condicionada a la aprobación externa.

Autoeficacia: ¿qué creo que soy capaz de hacer?

La autoeficacia introduce otra pregunta: ¿Creo que puedo afrontar esto?

Albert Bandura (1977) definió la autoeficacia como las creencias que tenemos acerca de nuestra capacidad para organizar y ejecutar las acciones necesarias para afrontar determinadas situaciones.

Esto es importante porque autoestima y autoeficacia no son lo mismo.

Una persona puede sentirse valiosa y, al mismo tiempo, tener poca confianza en su capacidad para hablar en público. Puede pensar: «Sé que tengo capacidades, pero no creo que pueda liderar esta reunión».

La autoeficacia depende del contexto. No preguntamos simplemente «¿soy capaz?», sino: «¿Me siento capaz de afrontar esta situación?». Y esa percepción puede cambiar a medida que adquirimos experiencia, desarrollamos habilidades y comprobamos que somos capaces de superar determinados desafíos.

Por eso, una pregunta diferente puede ser más útil que: «¿Soy suficientemente bueno?». Podemos preguntarnos: «¿Qué necesito aprender, practicar o intentar para sentirme más capaz?».

Entonces, ¿qué tienen que ver estos conceptos con la autoestima?

Imaginemos una situación cotidiana. Recibes una crítica en el trabajo.

Tu autoconcepto puede decir: «Soy una profesional responsable». Tu autoimagen puede hacerte pensar: «Me veo insegura cuando tengo que defender mis ideas». Tu autorrefuerzo puede ayudarte a reconocer: «Aunque me costó, fui capaz de plantear mi punto de vista». Y tu autoeficacia puede preguntarse: «¿Puedo desarrollar esta habilidad con práctica?».

La autoestima atraviesa esta experiencia porque tiene que ver con cómo valoramos quiénes somos. Pero cada concepto nos permite observar una parte diferente de esa relación.

Por eso, una autoestima saludable no significa pensar que somos excelentes en todo, sentirnos seguros permanentemente o eliminar cualquier autocrítica. Significa poder reconocer nuestras fortalezas y limitaciones sin convertirlas en una sentencia sobre nuestro valor personal.

Hay una diferencia enorme entre decir: «Esto me cuesta» y decir: «Como esto me cuesta, yo no valgo». La primera frase habla de una experiencia. La segunda transforma esa experiencia en una identidad.

Tal vez la pregunta no sea cuánto te quieres

Cuando pensamos en autoestima, solemos preguntarnos: «¿Me quiero lo suficiente?». Pero quizás existan preguntas más interesantes.

¿Quién creo que soy? ¿Cómo me estoy mirando? ¿Soy capaz de reconocer mis propios avances? ¿En qué situaciones confío en mí y en cuáles todavía necesito desarrollar habilidades?

Estas preguntas permiten acercarnos a la autoestima desde un lugar menos superficial. Porque tener una buena relación con nosotros mismos no significa sentirnos bien todo el tiempo. No significa pensar que somos perfectos. Y tampoco significa convencernos de que podemos hacer cualquier cosa.

Significa poder reconocer quiénes somos, aceptar aquello que todavía estamos desarrollando y evitar que nuestros errores, limitaciones o fracasos se conviertan en una definición total de nuestro valor.

Al final, quizás la pregunta más interesante no sea: «¿Cuánto me quiero?», sino: «¿Cómo me estoy tratando mientras aprendo a ser quien quiero ser?»

Arlette Guerrero Morong

Arlette Guerrero Morong

Psicóloga Clínica y Organizacional

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Arlette Guerrero Morong. (2026, septiembre 22). Autoestima: por qué no basta con quererte para sentirte bien contigo mismo. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/psicologia/autoestima-por-que-no-basta-con-quererte-para-sentirte-bien-contigo-mismo

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