¿Crees que la causa de tus problemas es la falta autoestima? Quizás seas de los que piensan que te va mal tu relación de pareja y te dejas pisotear porque no tienes suficiente amor propio y te falta autoestima; o que si fueses una persona más segura y te quisieses más, te pasarían cosas mejores y serias más popular; o que si no te aplastase tu sentimiento de inferioridad podrías tener un trabajo mejor.

La autoestima es un concepto del cual se escucha hablar por todas partes, y no precisamente a cargo de profesionales: desde revistas, programas de radio, influencers, manuales de autoayuda, conversaciones de amigos, en el núcleo familiar... Es tan popular que parece que fuese una de las principales claves del bienestar. Pero hablar tanto sobre autoestima y hacerlo a la ligera favorece que se banalice el concepto, y también que se descontextualice información, y que de algún aspecto concreto se forme un mantra, como ocurre a veces con la idea de “quererse a uno mismo”, que se ha convertido en el motivo central sobre el que gira la vida de muchas personas.

Las claves para comprender el funcionamiento de la autoestima

Circulan muchas propuestas para mejorar la percepción que tenemos de nosotros mismo, y la verdad es que cuando uno se lo propone no es difícil encontrar rasgos positivos que nos describan. Pero... ¿qué sucede? Poner todo nuestro esfuerzo en estos ejercicios para ganar autoestima no garantiza ni satisfacción ni éxito.

No es sólo una auto-percepción, ni se trata de cambiar pensamientos negativos por positivos, ni tampoco se trata de que toda nuestra vida se base en autocuidados. La autoestima no es un concepto simple, y está vinculado a otros muchos aspectos. Ubicar el foco del malestar en la falta de autoestima desvía la atención de otros temas más cruciales y que podrían hacernos entender cuáles son las verdaderas dificultades que están impidiendo que nos sintamos bien.

Si crees que tienes baja autoestima, te invito a seguir leyendo. La apuesta del psicoanálisis no va encaminada a fortalecer la imagen que tenemos de nosotros mismos, sino a escuchar al sujeto, porque las respuestas que andamos buscando sobre lo que somos hay que buscarlas en otro sitio.

1. Empieza por conocer tu historia

Para empezar a constituirnos como personas, nos vamos forjando a través de distintas identificaciones. Identificaciones que hemos adoptado de cosas que nos han dicho, de cosas que hemos escuchado, de cosas que son el resultado de nuestra interpretación. Otras veces nos identificamos con el lugar que “nos dan” en la familia y que adoptamos: el listo, el responsable, el fuerte... O incluso negativos: el tonto, el vago, el raro.

La incomodidad llega cuando se crea una distancia entre lo que dicen los demás de nosotros, y lo que nosotros somos realmente. Eso genera inseguridad, malestar, falta de amor propio y de autoestima.

En un proceso terapéutico uno llega a descubrir qué identificaciones no le están funcionando y qué cosas sí le describen y le sientan bien. No hay una identidad última que responda a la esencia de que es uno mismo. Uno se puede desprender de identificaciones y dejarlas caer, e identificarse a otras cosas.

2. Elimina la comparación de tu vida

La mayoría de las personas nos comparamos, y no precisamente para alegrarnos de las bondades de las diferencias y disfrutar del punto chulo de cada uno. No. Es una comparación en la que nos perdemos y en la que casi siempre suponemos que el otro es mejor.

Frente a esa práctica perniciosa, uno se queda en menos: soy peor, no valgo nada, no soy suficiente... ¿por qué nos comparamos? ¿Y por qué nos tragamos el anzuelo de que el otro es más y mejor?

Por un lado, nos produce tranquilidad que haya alguien que esté feliz y satisfecho para siempre. Por eso la tendencia es a suponer al semejante como un Yo ideal. El problema es que frente a los ideales uno se ve miserable y se ponen en juego las pasiones y las rivalidades.

Y por otro lado estamos necesitados de que alguien nos diga cómo se hacen las cosas, así mientras supongamos que la gente es mejor, estimamos que ellos sí tienen las claves; alguien podría decirnos cómo se hacen las cosas, que nos den esa seguridad que tanto gusta. Pero realmente no hay esa garantía. Solo hay la opción de jugársela. Hoy día se hace insoportable elegir lo que está bien o no, lo que es ético o no frente a mi deseo; elegir es estar a solas.

3. Busca poner tu energía fuera de ti

Es frecuente escuchar cómo la gente pospone citas: de busca trabajo, de comienzo aficiones, para otro momento en que se encuentren mejor... ¿Y si yo te dijese que es justo al revés? ¿Qué tal si apostamos primero por el amor? Entendiendo el amor como un interés hacia las personas, estudios, trabajo... amor a todo, hacia la vida en general.

Lejos de potenciar el individualismo, la autoimagen, la autoayuda, tender al fortalecimiento yoico, el psicoanálisis apuesta por el amor. Tomar el camino del amor permite vivir con menos malestar, porque tener todo o casi todo el interés en uno mismo tiene la desventaja de que entraña mucha agitación, y eso se vive con malestar, es algo muy intenso y angustioso.

En su texto “Introducción al narcisismo” de 1914, Freud señalaba:

  • “El estancamiento de la libido en el Yo ha de ser sentido como displacentero”.
  • “La vida anímica se ve forzada a traspasar las fronteras del narcisismo e investir de libido objetos exteriores”.
  • “Un intenso egoísmo protege contra la enfermedad; pero, al fin y al cabo, hemos de comenzar a amar para no enfermar”.

Esta última afirmación de Freud me encanta. Nos da la clave para sentirnos bien. Si lo que estás buscando es más autoestima, ¿en qué relaciones, proyectos... tienes puesta tu energía? Somos aquello por lo que nos interesamos. Pero hay que tener cuidado, porque pareciera que es excluyente amar (en su sentido más amplio) y el amor hacia uno mismo. Ni todo para los demás, ni todo para uno mismo.

4. En ti también hay algo que trabaja contra ti.

Seguro que hay días en los que te vienes arriba y te sientes con buena autoestima, y otros días sin mucha explicación te sientes insuficiente o inseguro (aspectos relacionados con la autoestima).

En nuestra vida cotidiana podemos comprobar cómo muchas veces actuamos en contra de lo que queremos. Hay que estar advertidos y conocer los modos en que cada uno se pone la zancadilla. Creemos que somos dueños de todo lo que hacemos y decimos, pero todos hemos experimentado que hay veces que algo más fuerte que nosotros nos empuja a actuar contra nosotros mismos. El enemigo no está fuera, lo tenemos incorporado.

5. La premisa “si quieres puedes” es falsa

A veces el sentimiento de inferioridad parte de la premisa de que podemos con todo y que si uno se lo propone todo es posible. Eso, más que una falta de autoestima, es un exceso de estima. Partir de esa premisa es creer que somos omnipotentes, y eso es un delirio del Yo que ante cualquier contingencia se verá fácilmente afectado.

Es conveniente valorar qué cosas sí son posibles, y qué cosas no están bajo nuestro control y son imposibles. Así será más fácil librarse del sentimiento de impotencia, incapacidad.

Merece la pena tomarse el tiempo de conocer los entresijos de la autoestima y toda la sustancia que tiene. Y está bien saber y conocer, pero para que algo se transforme no basta con acumular información, hay que hacer la experiencia del inconsciente. En este sentido, el trabajo analítico es muy enriquecedor, porque permite detectar y cuestionar los axiomas con los que funcionamos e interpretamos los hechos, y que caiga el filtro de las malinterpretaciones aporta nuevos valores. También permite ubicar al “enemigo” y hacerse cargo de lo que ello supone, sin culpar a otros y sin autorreproches. Además, permite esclarecer y establecer qué entra dentro de lo posible y qué es del orden de lo imposible, aliviando de forma automática el sentimiento de incapacidad e inutilidad.

Eso da una tranquilidad y una energía que no es a base de fortalecer el yo ni la imagen. Hay que tener disposición, ganas de confrontarse a uno mismo, tomar decisiones, sorprenderse y reírse de cómo uno hace ciertas cosas. Todo eso se logra hablando.