¿Cuántas veces hemos querido aprender algo por nuestra propia cuenta? Ya sea hablar un idioma, tocar un instrumento, dibujar o practicar un deporte hay muchas cosas que se pueden aprender a nuestro ritmo e interés.

El problema es que, a veces, no nos atrevemos a empezar o, una vez que hemos dado el primer paso, no somos constantes y lo que parecía un gran proyecto de aprendizaje se convierte en otra cosa que no llegamos nunca a acabar.

Por este motivo hoy vamos a ver algunos consejos e ideas clave para aprender de manera autodidacta eficaz, iniciando con una buena motivación y siendo conscientes de que para conseguir nuestros propósitos debemos poner el máximo empeño.

¿Cómo aprender de manera autodidacta?

En esta vida hay muchas cosas que se pueden aprender acudiendo a la educación formal y reglada (escuela, universidad, academias...), pero son muchas más las cosas que se pueden aprender de forma autodidacta. Lo que se necesita es saber cómo enfocar el proceso de aprendizaje sin caer en la procrastinación y el abandono. Para ello, son útiles los siguientes consejos.

1. No temer a lo nuevo

Históricamente, el miedo, fundamentado en la ignorancia ha sido siempre un obstáculo para que el ser humano expandiera sus conocimientos. Un ejemplo de ello es que en la Edad Media, por temor a lo desconocido, nadie se atrevía a averiguar qué había más allá del océano Atlántico.

Si bien con el paso de los siglos hemos superado esta creencia de que lo desconocido es necesariamente malo, el aprendizaje no está exento de temores iniciales, especialmente a cosas que pongan en conflicto creencias que se tenían muy bien asentadas.

Si queremos aprender senderismo, no debemos temerle al ir a la montaña y probar por nosotros mismos. Es posible que temamos a que nos vaya a pasar algo, pero si no lo comprobamos, ¿cómo sabremos realmente si había algo que temer?

2. Hacer una lectura de iniciación

El primer paso para empezar a aprender algo de forma autodidacta es documentándose sobre lo que queremos llegar a dominar. Hacer una lectura de iniciación es siempre fundamental, dado que nos permite ver, a simple vista, cómo de extenso es aquello que deseamos aprender.

A modo de lluvia de ideas se puede buscar en Internet poniendo la frase “cómo aprender...”, “qué es la ...”, “cómo empezar a tocar/jugar/hablar...”

De esta forma nos familiarizaremos con los nombres de expertos en la materia, veremos los nombres de páginas web o libros que se consideran útiles para lo que queremos aprender, y sabremos de otros recursos útiles por los que empezar.

3. Seleccionar las mejores fuentes de información

Una vez hecha la primera lectura inicial, debemos seleccionar aquello que sea mejor para aprender el tema deseado. Es muy importante que el proceso autodidacta empieza con buen pie, priorizando la calidad frente a la cantidad.

Podemos buscar en Internet poniendo “Cuáles son los mejores libros sobre...”, “Los mejores blogs…”

También se puede recurrir a tutoriales de YouTube de personas que tengan muchos seguidores o que sean expertos en el tema.

4. De los errores se aprende

Muchas personas tienen miedo a equivocarse por el hecho de que, en muchas ocasiones, en la educación más clásica, se ha sugerido que el error es sinónimo de fracaso.

Aprender de forma autodidacta nos permite ver que nadie es perfecto, que cada persona aprende a su manera y que podemos cometer errores, de los cuales siempre aprenderemos algo provechoso.

Equivocarse varias veces no debe ser visto como un motivo de frustración, sino como una oportunidad para reflexionar por qué hemos cometido esos fallos, ver si son comunes y entender por qué algo es diferente a cómo creíamos que era.

5. Necesitamos disciplina, pero de la buena

La palabra disciplina puede sonar un tanto fuerte e, incluso, vista como algo negativo. En muchas ocasiones, y sobre todo cuando se habla del proceso de aprendizaje, disciplina es entendido como sinónimo de castigo o penalización.

Si queremos ser buenos autodidactas, no cabe duda que debemos ser constantes, y para ello necesitamos disciplina, pero entendida más como un rasgo personal que no como una acción penalizadora.

Necesitamos disciplina, pero de la buena: debemos entregarnos de lleno y de forma rigurosa al estudio y práctica de la materia que deseamos dominar. Solo así lograremos alcanzar el éxito.

6. Compartir lo aprendido

Durante el aprendizaje, sea autodidacta o sea en contexto de clase, no tomamos un rol exclusivamente de aprendiz o exclusivamente de maestro. Estos roles no son como el agua y el aceite; se pueden combinar.

Dominar una materia no se hace leyendo como un poseso cientos de manuales sin tomar contacto con otras personas. Es la interacción con otros seres humanos lo que nos permite asentar nuestros conocimientos. Por ejemplo, discutiendo nuestras dudas podremos expandir nuestros conocimientos y, a la vez, podremos explicar lo que ya sabemos para debatirlo, fomentando un contexto que siempre resultará beneficioso para todos los participantes.

Este consejo se hace especialmente útil en el aprendizaje de idiomas. Está claro que aprenderse las reglas gramaticales es algo útil para entender cómo está estructurado el idioma, pero sin compartir lo que sabemos conversando en esa lengua con otras personas, difícilmente podremos avanzar y saber qué errores cometemos.

7. No limitarse a una sola fuente de información

Ya sea en la biblioteca más cercana, en librerías o en el vasto y extenso mundo de Internet, el tema que hayamos decidido abordar lo podremos profundizar a partir de varios recursos.

Si bien es apropiado ir empezando por una sola fuente de información, para tener un primer contacto con aquello sobre lo que queremos dominar, nunca debemos conformarnos con recurrir a un único punto de referencia. Es posible que encontremos un cursillo online gratuito que sea bastante completo, pero esto no quiere decir que tenga toda la información que nos interesa.

El espíritu del autodidacta se caracteriza por nunca conformarse con lo que ya ha aprendido: siempre quiere más. Incluso los expertos están constantemente buscando nueva información, nuevos artículos, libros y blogs.

8. Con esfuerzo todo es posible

Está muy extendida la idea de que la inteligencia y el talento vienen de forma innata y, por lo tanto, no es posible cambiarlos. Realmente, esto no es del todo cierto, dado que un importante factor en la mejora de nuestras habilidades es el esfuerzo y la creación de hábitos que favorezcan el aprendizaje y no dejen que nuestras energías sean malgastadas.

Es posible que queramos aprender a pintar y veamos que hay gente que en unos pocos intentos ya son capaces de hacer bodegones, mientras que nosotros todavía nos encontramos en lo más básico.Esto no quiere decir que nunca vayamos a pintar bien, lo que pasa es que necesitamos dedicarle más tiempo. Con esfuerzo todo es posible, el éxito es algo que tarde o temprano acabará viniendo.

9. Descartar lo trivial

Está bien tratar de saber lo máximo sobre un tema o ver muchos tutoriales en donde se nos enseñe varias formas de hacer una misma cosa, ya sea pintar, tocar una canción con la guitarra o aprender un idioma, pero debemos saber descartar lo trivial.

Nos encontraremos con muchas cosas que ya las habremos visto con anterioridad, y otras que, realmente, no necesitamos conocer. Dedicar tiempo a cosas innecesarias nos hará perder el tiempo y hará que parezca que el camino a la meta sea algo titánico.

Pero esto se debe hacer con cuidado. Si somos principiantes, es mejor no arriesgarse y tratar de absorber como esponjas toda la información y consejos útiles de expertos en la temática que nos interesa. Así podremos disponer de un buen bagaje al inicio.

10. Medir avance

Medir el avance es algo extremadamente necesario para asegurarse de que vamos por buen camino. Suele pasar que, por muchas ganas que tengamos, al no apuntar qué nuevos logros hemos conseguido, nos quedamos estancados y, a la larga, nos frustramos.

Si bien hay recursos autodidactas que te facilitan el apuntar qué has conseguido, especialmente aplicaciones de idiomas que te indican qué lecciones has hecho y cuáles no, en otras situaciones eres tú el responsable de apuntarte todo lo que ya has visto.

Es muy recomendable apuntar en un diario o agenda lo que se ha ido dando, tener un registro más o menos meticuloso de cómo ha ido la sesión y, si se puede, plantearse objetivos semanales.

11. Definir el mejor formato para aprender

Ponerse a aprender por cuenta propia se puede hacer de múltiples maneras, y es esta la principal ventaja de aprender de forma autodidacta. El problema está en saber elegir la forma más apropiada para ello.

Los videotutoriales son perfectos para habilidades relacionadas con la música o los idiomas. También son útiles para aprender a manejar un programa, dibujar, realizar una actividad física sin lesionarse...

Los artículos escritos, tanto en blogs como en páginas especializadas, y otros recursos pueden tocar varias temáticas y ser muy útiles para profundizar en ellos. Una buena forma de saber si un artículo es bueno para aprender algo es que tenga como mínimo cerca de 1.500 palabras, y las acompañe con imágenes.

Si eres de los que prefieren el formato físico antes que la pantalla del ordenador, es muy buena idea comprar un libro especializado. Los hay de todo tipo, pero son especialmente útiles aquellos que tienen ejercicios resueltos para comprender lo que se trata de aprender.

También están los audios, que son ideales para aquellas personas que tienen poco tiempo para colocarse delante de una pantalla de ordenador o en una mesa y leer. Se pueden escuchar mientras se está en el transporte público o haciendo ejercicio.

12. Definir nuestro momento y lugar de estudio

No siempre disponemos de todo el tiempo libre que deseáramos, es por este motivo que, para dedicarnos al estudio de algo que nos interesa, necesitamos definir nuestro momento y lugar de estudio

Esto debe hacerse de forma muy reflexionada. Nos interesa escoger un momento del día en el que no tengamos distracciones y que el lugar donde vayamos a estudiar sea un buen entorno de aprendizaje. Si somos de los que nos cuesta empezar o que nos da la sensación de que esta nueva afición nos quita tiempo para otras prioridades, podemos empezar de forma muy suave, dedicándole solamente una hora a la semana.

Una vez veamos que una hora semanal es algo que podemos sobrellevar, podemos incrementar en número de sesiones y su duración hasta que nuestro momento de estudio se haya convertido en un hábito para el que siempre tenemos ganas y tiempo.

13. La práctica hace al maestro

Por último, y como algo que parece bastante obvio, se debe cumplir la idea de que la práctica hace al maestro.

Sin práctica nunca aprenderemos lo que queremos dominar. Debemos ser pacientes y constantes, y siendo conscientes de que con esfuerzo, tiempo y ganas un día habremos alcanzado nuestro objetivo.

Principales hábitos a evitar

Por último, vamos a comentar tres hábitos a evitar para asegurarse de que el proceso autodidacta fluye de la mejor forma.

1. Repetir errores

Cómo ya hemos visto, no se debe tener miedo a equivocarse, siempre y cuando se vea esto como una oportunidad para entender qué hemos hecho mal y cómo podemos mejorarlo. Lo que no se debe hacer es presuponer que el cometer ese mismo error una y otra vez es algo inevitable, y no dedicar ningún tipo de energía a evitar.

Esto es lo que llamaríamos un vicio, algo que hacemos por inercia y que, pese a que sabemos que no está bien, seguimos haciéndolo una y otra vez confiando en que todo lo bueno que hacemos lo compense.

Puede ser cierto que hagamos el resto de cosas tan bien que el vicio no suponga un gran problema, pero puede ser que no sea así. Se hace necesario tratar de ponerle solución, porque quizás el no solucionarlo determine la calidad del resto de aprendizajes.

2. Ser desorganizado

En un mundo en que las demandas sociales son muchas, el desorden no ayuda. Si queremos dedicarnos a aprender algo por nuestra propia cuenta, para asegurarnos de que lo logramos debemos coger al toro por los cuernos y establecer un orden.

El no registrar el progreso, el tener distracciones cerca, el tener la mesa llena de papeles… son factores que entorpecen el aprendizaje autodidacta. Aprender se vuelve algo caótico que está condenado al fracaso.

3. Perder constancia

Sin constancia, no hay aprendizaje. Así de sencillo. No podemos ponernos a aprender cuando nos dé la gana porque, de hacerlo, entre sesión y sesión, el tiempo será demasiado largo como para poder asentar bien los nuevos aprendizajes.

La constancia es difícil de mantener, pero es necesaria. Es cierto que perderemos motivación progresivamente e, incluso, sentiremos cierto desgaste y nos dará la sensación de estar estancados, pero no por ello debemos dejar de dedicarnos a aquello que queremos aprender.

Referencias bibliográficas:

  • Bona, C. (2015) La nueva educación. Plaza & Janes Editores