Muchos estudiantes, sobre todo en tiempos de exámenes y entregas, se preguntan a sí mismos cómo organizar el tiempo de estudio mejor.

Todo el mundo supone que mejorar el plan de estudio propio es sinónimo de un mejor rendimeinto académico, pero son pocos los que logran aplicarlo en su día a día.

Es por ello que el presente artículo, además de ayudar a aquellos estudiantes que más les cuesta pasar los exámenes, sirve de valoración del tiempo y su importancia a la hora de hacer frente al currículo educativo.

La importancia de gestionar adecuadamente el tiempo

Por todos es sabido que, lo ideal, es organizar el día en tres franjas de 8 horas cada una: 8 horas para dormir, 8 horas para trabajar/estudiar y 8 horas de ocio. Sin embargo, esta regla mágica de los tres ocho es muy difícil de cumplirla en la práctica.

Es por ello que se hace de vital importancia organizar el tiempo que le dedicamos a nuestras obligaciones, y en este caso, al estudio, ya sea para exámenes como si es para escribir un trabajo que se debe entregar.

Si bien los estudiantes, a diferencia de los trabajadores, cuentan con cierta ventaja porque disponen de cierta libertad para organizar su tiempo, esto a veces es más un problema que no una ayuda. A medida que vamos creciendo, los horarios de los centros de estudio son más variables, siendo un claro ejemplo la universidad, habiendo los turnos de mañana y de tarde.

La organización del tiempo de estudio es responsabilidad de cada uno. El problema de muchos es que, a pesar de tener mucho tiempo para ello, se han adquirido unos malos hábitos de estudio. Es por ello que, y especialmente en el bachillerato y en la universidad, que la etapa de exámenes y entregas es vivida de forma muy angustiante. Al no disponer de un buen plan de estudio, los resultados de las pruebas se ven negativamente afectados.

¿Cómo organizar el tiempo de estudio?

Para poder rendir de la mejor manera en los exámenes y tener la mejor puntuación posible, es necesario tener un meticuloso plan de estudio, organizando debidamente el tiempo que se dedica a cada tema de cada asignatura. A continuación veremos algunos consejos que nos ayudarán a cómo organizar el tiempo de estudio mejor.

1. Tener un calendario

Este consejo, que quizás es el más básico, es de vital importancia para hacerse una idea de cuánto tiempo queda antes de enfrentarse a la tan temida prueba o entrega de un trabajo. Tener un calendario, sea digital o en papel, es la herramienta que más ayuda puede dar al estudiante.

En ella no solamente se pueden apuntar los exámenes o entregas, también se pueden apuntar otros eventos y hacernos ser conscientes de ellos, como lo son actividades extraescolares, citas u otros quehaceres.

2. Crear rutina de estudio

Una vez puestos a ello, es muy importante establecer una rutina de estudio, preferiblemente diaria. Cada uno tiene sus propios biorritmos y, por lo tanto, hay personas más productivas por la mañana mientras que otras lo son hacia la tarde o, incluso, por la noche.

Sea el momento en el que uno sea más productivo, se debe intentar estudiar cada día a partir de la misma hora; así se acostumbra al cuerpo a ponerse manos a la obra cada día.

Como cualquier hábito, el estudiar es una cuestión de llevarlo a cabo hasta que se automatiza. Una vez se hace de forma casi instintiva, no resultará algo tan pesado y poco motivador.

3. Priorizar objetivos y evitar la multitarea

Hay tareas que tienen que ser cumplidas antes que otras, y por ello se les debe dar mayor prioridad. Esto puede ser porque se acerca la fecha de la entrega o del examen.

Hay que entender que, si bien los seres humanos podemos llevar a cabo más de una tarea a la vez, en temas de estudio esto no es para nada recomendable.

Por ejemplo, tratar de estudiar matemáticas y lengua a la vez es algo muy complicado, dado que ambas asignaturas requieren de un alto grado de concentración y, si se pasa de una a otra constantemente, no se logrará asimilar el temario.

4. Fijar objetivos realistas a corto y largo plazo

Un objetivo principal puede ser el de aprobar unas oposiciones, pero, este gran objetivo tiene que desglosarse para que se pueda llegar a cumplir.

Una buena forma de conseguirlo es tener presente cuantas asignaturas se deben estudiar, y cuántos son los temas que las constituyen. Una vez visto esto, se pueden fijar objetivos más realistas, tanto a corto como a largo plazo.

Por ejemplo, si se tienen tres meses para estudiar 40 temas, una buena forma de abordarlos es encargarse de aprender 4 cada semana. Así, cada mes se logrará tener cerca de una tercera parte de todo el temario, cumpliendo el objetivo final de ver todo el temario.

5. Planificar descansos y ocio

Estudiar está bien, pero hacerlo de forma constante lleva al inevitable agotamiento. Todo el mundo necesita descansar y desconectar divirtiéndose. Sin embargo, estas pausas pueden ser muy arriesgadas, haciendo que se decida dejar de estudiar y pasarlo para el día siguiente.

Es por ello que, de la misma manera que se planifican las horas en las que se abre el lirbo, se debe decidir cuándo hacer una pausa, y que ésta dure siempre el mismo tiempo.

6. Fuerza de voluntad

La actitud con la que se afronta el estudio es algo fundamental si se quiere tener éxito. La motivación a la hora de estudiar y la fuerza de voluntad son aspectos que influyen en nuestra forma de aprender.

Si se ve como algo tedioso y aburrido, siempre se verá como algo poco deseable y no se logrará adquirir el hábito de estudio adecuadamente.

7. Planificar con antelación

Solo se tendrá éxito si se está bien preparado, y es por ello tan importante planificar con antelación la sesión de estudio.

Ya sea estudiando desde casa o yéndose a la biblioteca, se debe preparar todo el material con suficiente antelación, preferiblemente el día de antes, dado que así se evitará improvisar en el último momento y que se olvide algún apunte o libro importante.

También es recomendable apuntar en un papel qué se va a estudiar. Uno puede creer que tiene buena memoria, pero si deja por escrito lo que debería hacer se asegura de no tener olvidos.

8. Estudiar en el espacio adecuado

El lugar en el que se estudia puede ser fuente de concentración o, por el otro lado, un ambiente lleno de distractores.

Pero el lugar más adecuado siempre será la biblioteca, preferiblemente a solas. Si se decide estudiar con amigos, se debe hacer un esfuerzo conjunto y no entretenerse los unos con los otros.

9. Evitar interrupciones

Si se decide estudiar en casa, debemos tener cuidado con las interrupciones de familiares o compañeros de piso, además de asegurarse de tener el móvil en silencio o, mejor, apagado.

También, en caso de estudiar con un ordenador, evitar las redes sociales o páginas que puedan suponer algún tipo de entretenimiento.

Si se escucha música, lo mejor es escoger o bien sonido ambiental, del tipo lluvia con truenos, o música melódica, más que cantada. Si es una canción, puede correrse el riesgo de estar más pendiente de lo que se canta.

10. Coherencia en el reparto de tareas

No todas las materias requieren del mismo tiempo de estudio, dada su diferente dificultad y extensión. También puede ser el caso que a uno le cueste más una asignatura.

Primero se deben clasificar las materias en función de su dificultad, y decidir dedicarle más tiempo a las más difíciles para dejar las más fáciles para el final del día o de la semana.

El tiempo a dedicar a cada asignatura dependerá de la proximidad de las fechas de examen o entrega.

11. Ir de materias más complejas a más simples

El cerebro, al igual que con los músculos, se acaba fatigando tras realizar una actividad. Es por ello que es mejor ir en descenso, de lo más agotador a lo menos, dado que al hacerlo al revés se corre mayor riesgo de no llegar hasta el final.

Si se es una persona que es productiva tanto por la mañana como por la noche, lo mejor que se puede hacer es dejar lo difícil para el inicio del día y lo más sencillo para antes de irse a dormir.

Si no es así y se es más productivo a unas determinadas horas del día, lo mejor es empezar por el temario más complicado para dejar para el final de la sesión lo más fácil.

12. Repasar, repasar y repasar

Y, como no, el consejo final de este artículo es el de repasar una y otra vez lo estudiado.

El repaso no únicamente sirve para asentar los nuevos conocimientos, sino también hace que se sea más consciente de sus detalles y, en caso de haberlos, detectar posibles errores que se hayan cometido a la hora de elaborar los apuntes.

Referencias bibliográficas:

  • Ausubel, D. P. (2002). Adquisición y retención del conocimiento. Una perspectiva cognitiva. Barcelona: Paidós.
  • Martín, E. & Onrubia, J. (Coords.) (2011). Orientación educativa y procesos de innovación y mejora de la enseñanza. Barcelona: Graó.
  • Mayer, R.E. (2002). Psicología educativa: el aprendizaje en las áreas de conocimiento. Pearson/Prentice Hall.