Claves para volver a tener motivación. Pexels.

Sentir ilusión por cualquier asunto es el motor que nos mantiene motivados, alertas, felices y con esperanza por el futuro. Sin embargo, cuando esta ilusión se pierde, nuestra realidad se percibe sombría y pesimista y no encontramos la energía para hacer nuestras actividades cotidianas y mucho menos para pensar en planes de futuro.

¿Cómo podemos recuperar la ilusión? Todas las personas hemos pasado o pasaremos por una etapa similar y hay recursos para poder salir de este estado sombrío y recuperar la ilusión.

5 Consejos para recuperar la ilusión

Al igual que muchos sentimientos y etapas del ser humano, la pérdida de ilusión tiene su propio proceso, y hay que entender que lo que estamos sintiendo es normal, tiene explicación y tiene solución. Aquí repasaremos los consejos más efectivos para recuperar la ilusión.

1. Expresa lo que sientes

Un paso complicado para algunos pero muy necesario en la recuperación de cualquier proceso de duelo, es expresar nuestras emociones abiertamente.

Hay personas a tu alrededor, amigos o familia que estarán dispuestos a escucharte. Sin embargo, si crees que para hablar libremente preferirías no hacerlo con alguien cercano, puedes acudir a un terapeuta o grupo de autoayuda, donde siempre habrá gente dispuesta a escucharte.

No hay que temer a expresar nuestras emociones. Pensamos que la ira, el rencor, la tristeza o hasta la envidia, son sensaciones que debemos ocultar y reprimir y para que nadie sepa que las sentimos, pero ocurre lo contrario. Si queremos recuperar la ilusión, debemos comenzar por desahogar y aprender a expresar, dominar y canalizar nuestras emociones para que no sean ellas quienes nos dominen a nosotros.

2. Reflexiona sobre la causa de nuestra pérdida de ilusión

Además de las emociones, hay una parte racional que debemos encontrar en medio de toda esta maraña de sensaciones que experimentamos cuando tenemos una pérdida de ilusión. Esta parte racional es la de buscar la raíz del problema.

En algunas situaciones puede ser muy obvio: haber sufrido la muerte de alguien querido, un divorcio o ruptura amorosa, enfrentar una enfermedad o perder un empleo. Pero hay otras circunstancias que no saltan a la vista tan fácilmente y que nos tienen en un estado de desgano y desilusión sin saber siquiera explicar qué es lo que nos tiene así.

Es momento de sentarnos y pensar. Hacer un análisis de nuestra vida. Si hemos practicado el paso de hablar con alguien acerca de lo que sentimos, seguramente podrá irse aclarando el panorama acerca de la causa.

Estas causas pueden ser diversas, como sentirnos insatisfechos en nuestro trabajo o algún problema no resuelto con nuestra familia o pareja. La cotidianeidad nos lleva a levantarnos todos los días y realizar nuestras actividades sin tiempo para detenernos a pensar si esto que vivimos es lo que queremos y si podemos cambiarlo. Hacer una reflexión al respecto nos va a ayudar a encontrar lo que debemos cambiar para salir del estancamiento emocional.

3. Busca apoyo

Este tipo de procesos no son etapas que debamos superar solos. La autosuficiencia extrema nos hace pensar que debemos resolverlo sin ayuda de otros y sin que se den cuenta de lo que nos ocurre. Hay a quienes les cuesta trabajo mostrarse vulnerables frente a sus seres queridos, pero cuando hemos perdido la ilusión y la motivación, debemos considerar que el apoyo de amigos y familiares será una herramienta poderosísima para volver a sentir ilusión.

Hablar con un amigo o familia acerca de cómo nos sentimos, solicitar su comprensión y apoyo, acudir a terapia o encontrar un grupo de autoayuda donde se reúnan personas que han pasado por lo mismo que nosotros, eliminará la sensación de soledad que suele abrumar cuando nos sentimos en un estado sombrío sin motivación.

Pedir apoyo entre la gente que nos rodea no es solo para que nos escuchen. Podemos requerir que nos acompañen a realizar trámites cuando alguien ha fallecido, a encontrar soluciones ante la pérdida de trabajo, a realizar una mudanza en el caso de un divorcio y llevar a cabo estas actividades con ayuda de alguien querido. Es una buena forma de aminorar en nosotros la sensación de desolación y desilusión que nos está aquejando.

En este sentido hay que pensar en que si nosotros estaríamos dispuestos a brindar apoyo a alguien que amamos y que lo necesita, seguramente alguien lo hará por nosotros también.

4. Encuentra los aspectos positivos de tu vida

Cuando nos encontramos en un estado de tristeza, realizar este ejercicio es más complicado de lo que parece, pero es necesario hacerlo.

Con pluma y papel en mano, haz una lista de aquellas cosas buenas que tienes hoy y de los logros que en algún momento te han enorgullecido. Aquí no hay más explicaciones o “peros” después de anotar un aspecto positivo.

Hay que centrarnos en los hechos concretos. Nada de “tengo a mis hijos pero de qué sirve si ya no tengo a mi pareja”. No, hay que centrarnos en lo que sí tenemos y que es positivo y que nos ha brindado alegría, estabilidad e ilusión.

El objetivo de este ejercicio es “regresar” a nuestra mente a la realidad que está llena de cosas buenas y no tan buenas y que está llena de matices, así que si en este momento sentimos que todo es malo, hacer un repaso de las cosas buenas nos traerá de regreso a la realidad.

5. ¡Planea a futuro!

Cuando perdemos la ilusión, lo que menos queremos es pensar en el futuro. Se pierde el sentido y la motivación.

Precisamente debido a esto es que un punto importante para recuperar la ilusión es retomar planes y gustos que nos emocionaban y volverlos a plantear como metas.

Si bien es cierto que debemos vivir en el aquí y en el ahora, los planes a futuro suelen ser un motor poderoso para levantarnos y trabajar hoy para conseguir las cosas mañana, así que volver a poner sobre la mesa actividades que antes nos habían emocionado, es un paso primordial para recuperar la ilusión.

Referencias bibliográficas:

  • Cuijpers, P.; Muñoz, R. F.; Clarke, G. N.; Lewinsohn, P. M. (2009). "Psychoeducational treatment and prevention of depression: The 'coping with depression' course thirty years later". Clinical Psychology Review. 29 (5): 449–58.