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Desde que la concienciación sobre la importancia de preservar la naturaleza se ha extendido por el mundo, también lo ha hecho la idea de que estar en contacto con los entornos naturales es sano. La vida contemplativa asociada a los paseos por el bosque y el descanso bajo los árboles. Sin embargo, una cosa es creer que los paseos por la naturaleza sean agradables desde el punto de vista subjetivo, y otra es creer que pueden tener efectos objetivos sobre nuestra salud y bienestar.

Una reciente publicación en la revista Nature arroja algo de luz sobre el asunto. Según sus conclusiones, los paseos por espacios naturales alejados de la influencia del ser humano están asociados a una mejor salud mental y física, siempre que sean lo suficientemente largos.

Humanos en la naturaleza: algo más que un rato agradable

El estudio, basado en cuestionarios, incluía preguntas relacionadas con la frecuencia de las visitas a los entornos naturales y la calidad de los mismos (más o menos alejados de la intervención humana), así como cuatro dimensiones de salud: salud mental, cohesión social, actividad física y presión sanguínea. Estas cuatro dimensiones han estado vinculadas a hallazgos de estudios anteriores similares a este, y se pretendía comprobar si podían obtenerse resultados parecidos.

En cuanto a la muestra utilizada, el grupo de personas que se estudió estuvo compuesto por 1.538 individuos residentes en la ciudad australiana de Brisbane.

Una mejora clara en nuestra felicidad

Los resultados revelan que las personas que más pasean en solitario por entornos salvajes muestran una menor tendencia a presentar depresión e hipertensión (factor de riesgo de enfermedades cardíacas), además de sufrir menos estrés. Las personas que entraban en contacto con la naturaleza con más frecuencia, además, presentaron un nivel de cohesión social significativamente más alto.

Sin embargo, los beneficios asociados a la salud mental y la presión sanguínea se revelan siempre y cuando la duración de los paseos por la naturaleza sea lo suficientemente larga. Así, los posibles beneficios de los merodeos por zonas vírgenes se obtendrían con dosis de al menos media hora de paseo por la naturaleza, y no con menos. La frecuencia de estos paseos podría ser, al menos, semanal, y podría realizarse en grandes parques en los que escapar momentáneamente del entorno urbano que los rodea.

¿Cómo se explica esto?

Este no es el primer estudio que vincula la toma de contacto con la naturaleza y los beneficios psicológicos. Por ejemplo, una investigación relaciona la integración de las escuelas en espacios verdes con un mejor rendimiento académico de sus alumnos. Sin embargo, es importante señalar que este estudio no se basa en un experimento, y solo se limita a presentar correlaciones entre variables.

Entre las ideas que proponen los miembros del equipo de investigación está la de que si todo el mundo visitase un parque durante media hora una vez a la semana, los casos de depresión podrían reducirse en un 7%, pero lo cierto es que esto no es seguro. Las personas que pasean por zonas naturales presentan menos depresión, pero esto no tiene por qué significar que sean estos paseos los que produzcan estas mejoras: a lo mejor hay algún factor aún desconocido que suele estar presente en las personas que realizan esta actividad y que es lo que produce el buen estado mental y físico que se ha encontrado en este estudio. Correlación no implica causalidad.

Sin embargo, también hay explicaciones sobre posibles mecanismos por los cuales pueden ser estos paseos los que mejoren directamente el nivel de vida de las personas. Entre ellos, el hecho de que en zonas naturales el aire es de mejor calidad y está menos contaminado, que las zonas salvajes tengan más desniveles y atravesarlos conlleve realizar más actividad física, la protección contra el sol de las zonas con sombra. Todo ello se traduciría en una mejor salud, relacionada con la aparición de trastornos mentales.

Estas posibilidades hacen que las conclusiones de este estudio sean relevantes de cara a programas destinados a prevenir enfermedades y hacer que su prevalencia disminuya. Teniendo en cuenta lo barato que resulta pasear por parques, merece la pena que tanto nosotros a título individual como las instituciones de salud le den una oportunidad a esta opción.