Soy Pablo Navarro Fernández-Clemente, psicólogo general sanitario y director de Psicologízate, un centro de psicología online especializado en acercar la atención psicológica profesional a las personas, adaptándose a sus necesidades y circunstancias. Mi trabajo está estrechamente vinculado a la terapia online, por lo que conozco de primera mano las oportunidades que ofrece esta modalidad para facilitar el acceso a la atención psicológica y favorecer la continuidad de los procesos terapéuticos. En este artículo, abordo las principales ventajas de la terapia online frente a la presencial, teniendo en cuenta la evidencia científica, la relación terapéutica y la importancia de encontrar la modalidad que mejor se adapte a cada persona.
A veces, lo más difícil de ir a terapia ocurre antes de sentarnos frente al psicólogo. Hay que encontrar una hora compatible con el trabajo, calcular el trayecto, reorganizar quién recoge a los niños o reunir la energía necesaria para salir de casa después de un día especialmente complicado. Y, después de cincuenta minutos hablando de algo importante, todavía queda el camino de vuelta.
La terapia online ha cambiado parte de esta experiencia. No porque convierta la psicoterapia en algo fácil ni porque una videollamada pueda resolver por sí misma aquello que nos ocurre, sino porque elimina algunas de las dificultades prácticas que se interponen entre necesitar ayuda y poder recibirla. Además, la investigación acumulada durante los últimos años cuestiona uno de los principales temores iniciales: que la distancia física haga necesariamente que la terapia sea menos eficaz o menos humana.
Ahora bien, tampoco existe una modalidad perfecta para todo el mundo. La pregunta interesante no es si la terapia online es «mejor» que la presencial en términos absolutos, sino qué puede ofrecer y en qué circunstancias puede encajar especialmente bien.

Pablo Navarro Fernández-Clemente
Pablo Navarro Fernández-Clemente
Psicólogo online. Especializado en ansiedad, terapia de pareja y autoestima
La terapia puede adaptarse mejor a nuestra vida, y no al revés
Una de las ventajas más evidentes de la terapia online es también una de las más importantes: reduce todo lo que rodea a la sesión. No necesitamos desplazarnos, buscar aparcamiento, esperar en una sala ni reservar mucho más tiempo del que dura realmente la consulta. Para alguien con una agenda complicada, movilidad reducida, responsabilidades de cuidados o que vive lejos de una ciudad, esa diferencia puede determinar si consigue mantener un tratamiento o acaba abandonándolo.
Esto también permite introducir la terapia en semanas en las que, de otro modo, probablemente cancelaríamos. Podemos conectarnos durante un viaje, desde otra ciudad o desde casa en una etapa en la que desplazarnos resulta especialmente difícil, siempre que exista un espacio privado y el profesional pueda atender legalmente desde esa ubicación. La telepsicología se ha desarrollado precisamente como una forma de ampliar el acceso y la continuidad de la atención psicológica.
Hay algo emocionalmente importante detrás de esta comodidad. Cuando acudir a terapia exige menos obstáculos, pedir ayuda puede dejar de sentirse como otra tarea enorme que tenemos que conseguir encajar cuando ya estamos desbordados.
Vivir lejos deja de limitar tanto a quién podemos acudir
En la terapia presencial, nuestra elección suele estar condicionada por una pregunta muy sencilla: ¿qué profesionales tengo razonablemente cerca?
Eso puede ser suficiente cuando vivimos en una gran ciudad, pero mucho menos cuando buscamos a alguien especializado en un problema concreto, vivimos en una zona rural o necesitamos un profesional con determinadas características. La terapia online amplía el territorio de búsqueda y puede facilitar el acceso a especialistas que, presencialmente, quedarían fuera de nuestro alcance.
Las revisiones sobre salud mental a distancia han señalado precisamente su potencial para reducir barreras geográficas y de transporte, especialmente en poblaciones rurales o con dificultades para acceder a determinados servicios. Esto no elimina otros problemas —como la brecha digital o la escasez de profesionales—, pero sí permite que la distancia deje de ser una barrera absoluta.
También puede importar cuando buscamos algo difícil de encontrar: un terapeuta especializado en un trastorno poco frecuente, alguien que hable nuestro idioma viviendo en otro lugar o un profesional con experiencia en una situación muy concreta. Poder elegir por adecuación terapéutica y no únicamente por código postal amplía considerablemente las posibilidades.
¿Se pierde calidad por estar detrás de una pantalla?
Es probablemente la duda más importante. Podemos aceptar que la terapia online sea cómoda, pero ¿funciona igual?
No existe una respuesta universal para todos los tratamientos y todos los problemas psicológicos. Sin embargo, la evidencia disponible es bastante más tranquilizadora de lo que podría sugerir la intuición. Una revisión y metaanálisis de Erik Hedman-Lagerlöf y sus colaboradores comparó terapia cognitivo-conductual guiada por profesionales a través de internet con su equivalente presencial. Tras reunir 31 ensayos aleatorizados que abordaban 16 condiciones diferentes, los autores encontraron resultados globales similares entre ambas modalidades.
Otra revisión publicada en CMAJ en 2024 comparó directamente terapia cognitivo-conductual guiada a distancia con tratamiento presencial y concluyó, con evidencia de certeza moderada, que la modalidad remota probablemente obtiene resultados semejantes a la presencial en las condiciones estudiadas. Eso no significa que toda psicoterapia online haya demostrado equivalencia para cualquier diagnóstico, técnica o paciente, pero sí que la pantalla, por sí sola, no convierte una intervención psicológica eficaz en una intervención inferior.
Por tanto, puede ser más útil preguntarnos si el tratamiento utilizado es adecuado para nuestro problema, si el profesional está cualificado y si la modalidad funciona para nosotros, en lugar de asumir que la presencialidad siempre garantiza una mayor calidad.
La relación con el terapeuta también puede construirse online
Quizá podamos aceptar que una técnica psicológica funcione a distancia, pero queda otra pregunta: ¿podemos sentirnos realmente acompañados por alguien que está en una pantalla?
La alianza terapéutica describe, de forma simplificada, el vínculo de colaboración que se construye entre paciente y terapeuta: sentirnos comprendidos, compartir objetivos y confiar suficientemente en el proceso. Es uno de los elementos más importantes de la psicoterapia.
Patrik Seuling y sus colaboradores revisaron 18 publicaciones que comparaban directamente esta alianza en psicoterapia por videoconferencia y presencial. El metaanálisis no encontró diferencias estadísticamente significativas entre ambas modalidades, ni cuando la relación era evaluada por los pacientes ni cuando lo hacían los terapeutas.
Para algunas personas, además, hablar desde un espacio conocido puede facilitar los primeros pasos. Estar en nuestro sofá, tener cerca un vaso de agua o poder permanecer unos minutos en silencio después de una sesión difícil puede generar una sensación de seguridad que una consulta desconocida no siempre ofrece inmediatamente.
Eso no significa que todo el mundo vaya a sentirse más cómodo online. Hay personas para quienes compartir físicamente el mismo espacio con el terapeuta resulta fundamental. La conexión terapéutica no depende únicamente de la distancia, pero cada persona puede experimentar esa distancia de una forma diferente.
Menos desplazamientos también significa menos costes invisibles
El precio de una sesión no siempre refleja lo que realmente nos cuesta acudir a terapia. A él pueden añadirse transporte, gasolina, aparcamiento, horas de trabajo perdidas o la necesidad de organizar cuidados.
Una revisión sistemática dirigida por John Naslund analizó 26 estudios económicos sobre programas de telepsiquiatría. Los resultados fueron heterogéneos: algunos programas resultaban más baratos y otros más caros que la atención convencional. Sin embargo, entre las fuentes de ahorro aparecían precisamente los desplazamientos, el tiempo invertido y determinados gastos asumidos por pacientes y familias.
Por tanto, no podemos afirmar que la terapia online sea siempre más barata. El precio profesional puede ser idéntico. Pero sí puede reducir el coste total de hacer posible la sesión, algo especialmente importante cuando la terapia se mantiene durante meses.
Online no significa mejor para todo el mundo
Todas estas ventajas pueden hacernos olvidar algo importante: poder hacer terapia online no significa que tengamos que preferirla.
Necesitamos un lugar suficientemente privado, una conexión estable y cierta comodidad con la tecnología. Vivir con otras personas puede hacer difícil hablar con libertad. Algunas intervenciones o evaluaciones pueden requerir presencialidad, y determinados cuadros clínicos o situaciones de crisis necesitan valorar cuidadosamente qué modalidad ofrece mayor seguridad y calidad asistencial. Las propias guías profesionales de telepsicología insisten en aspectos como competencia del profesional, privacidad, seguridad de los datos, consentimiento informado y planificación ante emergencias.
También está la preferencia personal. Hay quien necesita salir de casa y entrar físicamente en un espacio reservado únicamente para sí mismo. Para esa persona, el trayecto hasta la consulta puede no ser un inconveniente, sino parte del ritual que le permite parar.
Una terapia útil es aquella a la que realmente podemos acudir
Durante mucho tiempo, la psicoterapia estuvo inevitablemente asociada a dos personas compartiendo una habitación. Hoy sabemos que esa sigue siendo una excelente forma de trabajar, pero ya no es la única.
La principal ventaja de la terapia online quizá no esté en demostrar que es superior a la presencial. Está en ofrecer otra puerta. Puede acercar un especialista, evitar un viaje, permitir mantener una sesión en una semana complicada o hacer que alguien que llevaba meses posponiendo pedir ayuda encuentre finalmente una forma posible de hacerlo.
La evidencia indica que, para numerosos problemas y tratamientos estudiados, trabajar a distancia puede obtener resultados comparables y construir una alianza terapéutica semejante a la presencial. Pero la elección sigue siendo individual. La mejor modalidad no es necesariamente la que ocurre dentro o fuera de una consulta, sino aquella que permite recibir un tratamiento adecuado, sentirse seguro y poder sostener el proceso en el tiempo.

Pablo Navarro Fernández-Clemente
Pablo Navarro Fernández-Clemente
Psicólogo online. Especializado en ansiedad, terapia de pareja y autoestima








